Hacia la soberanía tecnológica


Los bienes informacionales pueden acudir en auxilio de la balanza de pagos. debemos actualizar nuestro discurso acerca de la Sustitución de Importaciones, en tanto ya no se trata solo de un intercambio industrial desigual sino también un intercambio informacional desigual. Por Pablo Vannini

El reciente cambio de gobierno enriqueció la agenda de temas económicos. A partir del tratamiento de la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva resurge un tema que desde hace tiempo consideramos de vital importancia. Nos referimos a la actualización de la discusión acerca de la balanza comercial tecnológica y, por lo tanto, a la pregunta acerca de las posibilidades de desarrollo y generación de valor local.

En estas semanas leímos y escuchamos dudas de todo tipo. ¿Entonces va a aumentar Netflix? ¿Y Spotify? ¿Uber va a salir más caro? ¿Qué pasa con los Servidores de la empresa que tengo en Amazon? ¿Y las licencias de los sistemas que utilizamos en la empresa para manejo de producción, Business Intelligent, etc.?

Lo que estas preguntas nos muestran es que en las últimas décadas, para el funcionamiento de cualquier organización —se dedique o no a la tecnología, sea una empresa una ONG o el Estado— se han agregado una serie de servicios fundamentales que por ser Bienes Informacionales, se producen y circulan de formas muy particulares. 

Entendemos por lo tanto que debemos actualizar nuestro discurso acerca de la Sustitución de Importaciones, en tanto ya no se trata solo de un intercambio industrial desigual sino también un intercambio informacional desigual. 

El siglo XXI nos dio la bienvenida sin muchas de las novedades que se esperaban 50 años atrás (como los autos voladores, la máquina del tiempo) pero sí con novedades en cuanto a la generación y apropiación de la riqueza. En pocos años se construyeron nuevos grandes monopolios relacionados al mundo informacional: software, datos, bioingeniería. Como ejemplo de esto podemos recorrer el ranking de empresas más valoradas del planeta (ver), donde encontraremos rápidamente a las G.A.F.A.M (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft). 

Estos monopolios basan su modelo de negocios en el endurecimiento del régimen de propiedad intelectual que comenzó en la década del ’70 del siglo pasado y que permitió expandir tanto los bienes privatizables como su duración. Gracias a estas modificaciones, se ampliaron los tiempos de los llamados Derechos de Autor pero por sobre todas las cosas se permitió la privatización de bienes no alcanzados hasta ese momento: el software y los organismos vivos (bio ingeniería). Es la privatización de algoritmos matemáticos (software) lo que finalmente posibilitó por un lado el nacimiento de grandes monopolios (nombrados anteriormente) y por otro lado la privatización de modificaciones genéticas, también prohibidos por la Corte Suprema de Estados Unidos hasta pocos años antes (de donde surgen los monopolios como Bayer-Monsanto). Vale decir también que actualmente nos encontramos en medio de una Guerra Comercial (entre China y Estados Unidos ), que está centrada principalmente en la búsqueda de la primacía en los nuevos bienes informacionales (5G, genoma, etc.).

Con este marco es importante resaltar que los bienes basados en el conocimiento (informacionales) generan mucha riqueza en el momento de la circulación (o comercialización) por su bajo coste de reproducción, por lo que las grandes ganancias que generan son absorbidas por los dueños de los «derechos de propiedad» y no por los trabajadores, generando lo que algunos autores llaman el doble proceso de apropiación. 

Así como siempre se da el ejemplo de nuestros problemas estructurales de balanza comercial: exportamos lana para recibir pulóveres, es importante resaltar que ahora importamos bits, es decir mano de obra tecnológica calificada, para recibir licencias, patentes o servicios que contratamos en dólares. 

Teniendo en cuenta estas características económicas del capitalismo informacional actual, nos proponemos señalar algunos puntos que consideramos importantes para una inclusión en el mundo tecnológico actual que suponga una mejora en la balanza comercial tecnológica y por consiguiente a un desarrollo real orientado por actividades de valor en el mundo actual.

Educación

La Argentina tiene una fortaleza para ser parte del mundo informacional. Cuenta con un lugar destacado en cuanto a formación de personas con los conocimientos técnicos requeridos para las nuevas actividades tecnológicas. Esta fortaleza se da gracias al rol del la Educación Pública y al papel que juegan (aún hoy a pesar de las dificultades que ha atravesado) determinados Institutos de estudio e investigación estatales. Nuestro país es un ejemplo vivo de muchas de las líneas de acción propuestas por Mariana Mazucatto, cuando rescata el rol del Estado como agente innovador.    

Este importante y positivo punto de partida debe sin embargo invitarnos a pensar mejoras en el sistema educativo (desde jardín hasta la universidad) siempre en base a las premisas de inclusión y derechos, y dejando de lado la inclusión de tecnologías de manera no sistémica.

Empresas

Gracias a la formación, el entramado empresarial existente del mundo industrial y la conformación de regímenes de promoción dedicados a la industria informática argentina desarrollaron una importante industria de SSI (Servicios Informáticos y Software). Solemos escuchar de las grandes empresas del rubro, las denominadas empresas unicornio (ver), pero poco sabemos del conjunto de las mismas. Como señala el informe (ver) de la Cámara de Empresas, al igual que en otros rubros de la economía, más del 70% de las empresas de la industria informática tienen menos de 9 empleados, es decir son pequeñas empresas y en su conjunto emplean a una gran parte del personal activo total. Es decir que es importante orientar las políticas de incentivo hacia las «Mypes» y la incubación de nuevos pequeños proyectos por sobre la búsqueda de la creación de las llamadas empresas unicornio. Lamentablemente el discurso del emprendedurismo que se desarrolló desde el Estado en los últimos años centraba su discurso (con poca acción) en «tener nuevas ideas», competir hasta vender la empresa para salvarse, discursos centrados en la idea de éxito inmediato (muy difícil de lograr), más que en la búsqueda de fortalecer un entramado empresarial real con interacción con el mundo. 

Exportando sin importar

Si bien cada área del mundo informacional es distinta (Software, Informática, Bioingeniería, etc.), otro punto importante es que las exportaciones que generan y pueden generar estos sectores económicos no requieren (necesariamente) de aumento de las importaciones. Conocemos los problemas que se han denominado como «cuello de botella» en el camino de la Sustitución de Importaciones, en este sentido las exportaciones que genera la Argentina a partir de la exportación de Software y Servicios Informáticos no están necesariamente atadas a las de importaciones de «Propiedad Intelectual». Por ejemplo: el sector automotor tiene sólo una pequeña parte parte de sus componentes de fabricación nacional, por lo que para generar exportaciones necesariamente requiere importaciones, mientras que el desarrollo de software no requiere de insumos que tengan componentes importados (solo de «Recursos Humanos»). 

En 2014, junto con los investigadores Andrés Asiain, Mercedes Rodriguez y Pablo Recepter, realizamos un estudio (ver) donde puede verse que si bien durante toda la década la Argentina logra fortalecer su industria de software y las exportaciones que se generan, las importaciones por conceptos de licencias y lo que podemos llamar de manera genérica «Propiedad Intelectual» crecen de manera sostenida, poniendo en duda el posible superávit de la esta particular balanza comercial. Los números del Banco Mundial referidos a cargos por «Propiedad Intelectual» que tiene la Argentina acompañan la mirada del estudio realizado.  

Promoción

Por otro lado es muy importante resaltar también que desde 2004, a partir de la puesta en marcha de la «Ley de Promoción de la Industria del Software» y hasta la fecha, la Argentina ha dado un importante apoyo a la industria informática básicamente a partir de beneficios a empresas con rebajas en el pago de aportes patronales y de ganancias, pero también con fondos públicos especiales dedicados para la actividad (Fonsoft, Fontar, etc.). Nunca está de más resaltar este punto, para los desprevenidos que suele ver al Estado como un socio bobo o poco útil.

Sin embargo creemos que sería importante analizar en detalle las leyes de Promoción y en particular la recientemente aprobada Ley de Economía del Conocimiento, apoyada por todas las bancadas. Esta ley actualiza el régimen de beneficios para empresas y amplía las actividades beneficiadas pero nada trata acerca de cómo mejorar la generación de valor local. Consideramos que se debe discutir una verdadera Ley de Economía de Conocimiento, que no puede pensarse sólo como un régimen de promoción industrial, sino que debe articular el sistema educativo y el sistema científico-tecnológico. 

Estado Comprador

Sería importante que el Estado tenga nuevas estrategias en la contratación de servicios informáticos que aseguren no sólo que no se generen erogaciones en dólares (hay que tener en cuenta por ejemplo que todo el sistema de Trámites a Distancia fue concebido en una nube en el exterior en dólares), sino que se asegure la Soberanía Tecnológica y el desarrollo de capacidades locales. El Estado es uno de los compradores principales de Licencias de Software (como así también de medicamentos con patentes). Pero es importante comprender que los distintos Estados (municipal, provincial y nacional) tienen necesidades informáticas similares: todos requieren sistemas de expedientes, recursos humanos, análisis de datos, sistemas de escrutinio (no de voto) para las elecciones que se realizan, manejo de hospitales, y un largo etcétera que si se piensa en conjunto y bajo tecnologías y standards abiertos, no solo se generaría un ahorro importante sino que se conseguirían mejores resoluciones.

Teniendo en cuenta estos puntos, es fundamental que la Argentina ponga en discusión si quiere utilizar la industria informática sólo como generadora de divisas o si puede pensar en una industria informática y tecnológica que genere mayor valor local y permita trabajar en la sustitución de importaciones y en la exportación de tecnología con valor agregado. 

La búsqueda de la sustitución de importaciones de bienes informacionales es fundamental para la mejora de la balanza comercial en general. Es central discutir cómo generar verdadero desarrollo local, para no fomentar un sistema que utiliza mano de obra para generar bienes que se explotan fuera del país, provocando una balanza comercial deficitaria o la incapacidad del país de acceder a bienes informacionales que en parte se construyen aquí. La búsqueda de la Soberanía Tecnológica debe ser uno de los objetivos fundamentales de los gobiernos populares en el siglo XXI.

Fuente: El cohete a la luna