Es el uranio (y el territorio), estúpido


A continuación, reproducimos en forma completa, dos artículos vinculados al extractivismo minero en la Provincia de Río Negro, y particularmente en la región denominada Bajo de Santa Rosa, cercano a la localidad de Valcheta.

Valcheta: de campo de concentración a deseo megaminero

La persecución del lonco Kayupan, en 1833, significó la primera incursión del flamante Estado en la región. Fue una matanza, con toma de prisioneros incluida. Casi 190 años después, la zona se ve amenazada por una nueva forma de avasallamiento. Por Adrián Moyano

En Río Negro, no sólo Calcatreu está en la mira de la mega-minería. La Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche se encargó de recordar que el proyecto de explotación de uranio Mina Ivana “está iniciando su desarrollo a 25 km de Valcheta, dentro de una superficie de 118.000 hectáreas que el gobierno de Río Negro ha cedido para la exploración y explotación a la empresa Blue Sky Uranium Corporation”. Se trata de una compañía canadiense que según información empresarial, se consagra a “la adquisición, evaluación y exploración de propiedades de uranio en Canadá y Argentina”.

Estableció el pronunciamiento mapuche tehuelche que “Amarillo Grande es el nombre del proyecto integral y el Informe de Evaluación Económica Preliminar lo tiene el gobierno, pero no nos ha hecho partícipe y no ha informado a nuestra organización comunitaria, que tiene que revisar el informe de impacto ambiental pero fundamentalmente, tiene que desarrollar un informe de impacto cultural, que es un derecho que nos asiste como comunidades para determinar la posibilidad de ese proyecto”.

En el lado gubernamental, la organización señaló varias falencias. “El Consejo Provincial de Evaluación Minera (CoPEAM), creado por Ley 4738/11 debe contar con representación indígena para que se escuche nuestra postura”. Sin embargo, “se incumple con la participación y se incumple con la consulta a las comunidades y pobladores dispersos, contemplados dentro de la Ley 2287 como sujetos de derecho indígena asimilados a las comunidades y por consiguiente, aplica el Convenio 169 de la OIT”.

Para la Coordinadora Mapuche Tehuelche, “el desarrollo de este proyecto de uranio y vanadio contiene una peligrosidad extra y es que se quiere instalar la planta en una zona inundable con una pileta de relaves (agua contaminada con desechos radioactivos) a 500 metros de la laguna Tres Picos. Este proyecto es compatible con la muerte y su desarrollo va a tener consecuencias devastadores para la vida. Cualquier incidente se remediará en miles de años y los desechos radioactivos también quedaran expuestos miles de años”.

Ante ese panorama, “hoy más que nunca exigimos Consulta, Libre, Previa e Informada, participación en los informes de impacto ambiental y exigimos informes de impacto cultural. No a la Mega-minería. El agua que corre por los territorios sin contaminación, es vida”. La demanda se incluyó en el documento “La mega-minería No es una opción posible”, que la organización indígena hizo circular días antes de que expirara 2019.

En los tiempos de Rosas

Valcheta y en rigor, toda la jurisdicción de la provincia, fueron ajenas a la soberanía argentina hasta fechas muy tardías. La primera incursión de tropas de la Confederación se llevó a cabo en el marco de la ofensiva que capitaneó Juan Manuel de Rosas entre 1833 y 1834. En ese marco, el sargento mayor Ibáñez recibió órdenes de perseguir al lonco Kayupan y su gente, quien según los informes, se refugiaba al sur del río Negro. La tropa formaba parte de la columna que al mando de Ángel Pacheco, en mayo de 1833 cruzó las aguas, a unos 20 kilómetros de Carmen de Patagones. El episodio es muy valorado por la historiografía militar y revela la extrañeza que aquellos parajes presentaban para quienes reclamaban soberanía: “es halagador dejar constancia de que fue el general Pacheco el primer jefe de nuestro ejército que llegó al río Negro, que hasta ese entonces no había sido recorrido por otras tropas”, admitía a mediados del siglo XX, el historiador militar Juan Carlos Walther.

Según los jefes de la expedición, la de Kayupan merecía el calificativo de “peligrosa indiada” y de “araucana”, si bien en 1828 había tomado parte en las contiendas intestinas que estallaron en la provincia de Buenos Aires, del mismo bando que ahora se convertía en su perseguidor. Los soldados cubrieron la travesía de 100 leguas entre Carmen de Patagones y el río Balchitas, para finalmente el 6 de octubre, caer sobre las tolderías. Afirman las fuentes militares que el combate fue rápido y encarnizado, con 36 muertos entre los mapuches. Además, “cayeron en poder de Ibáñez las familias de los salvajes, numerosos cautivos y haciendas”. Para los conductores de la guerra, aquella “era la única indiada rebelde refugiada en esas soledades, al abrigo de una enorme travesía; por eso Callupán, en la seguridad de que nadie osaría llegar hasta allí, pudo ser sorprendido”. Soslayan los historiadores que entre los expedicionarios formó “un escuadrón de indios amigos”, cuyo conocimiento del terreno fue decisivo para dar con los fugitivos.

El área del arroyo Valcheta también fue mencionada en la crónica de un viajero europeo, cuyo periplo se cumplió entre 1865 y 1866, cuando todavía faltaba más de una década para la llegada definitiva de los militares argentinos. El suizo Georges Claraz atravesó la región con rumbo sur y sudoeste, en el marco de un contingente que se conformó con jinetes mapuches y tehuelches. En el diario de su viaje, consignó su arribo al curso de agua el 19 de noviembre de 1865. Ese día anotó que “ni bien llegaron los indios, se echaron de bruces para beber agua, después de haber derramado algo hacia oriente, como ofrenda al dios. Luego salió la luna como fino cuarto creciente. Saludan también a la luna nueva”.

El agua, siempre el agua

Sobre todo en la primera de las descripciones, aflora una particularidad de la espiritualidad mapuche, aunque la costumbre de “derramar algo hacia oriente” no tiene que ver con dios alguno, sino con el sitio de donde provienen el Sol y la vida. Investigaciones posteriores localizaron en el paraje que actualmente se conoce como Punta de Agua al paradero que utilizaron los viajeros. Al día siguiente de su llegada, la columna indígena retomó su caminar río arriba, es decir, en dirección hacia el sur y levemente hacia el oeste.

Cuatro años después de Claraz, otro viajero europeo inserto en una partida aonik enk y gününa küna, tuvo la chance de disfrutar de la biodiversidad de Valcheta, la misma que ahora está bajo amenaza. En el otoño de 1870, anotó el inglés George Musters para una de sus jornadas: “los animales estaban agrupados por allí entre esos montecillos, y Golwin, el hijo de Jackechan de pelo rubio, se entretuvo en hacer vanas tentativas de contarlos. Después de media hora de holganza echamos a andar otra vez, abandonando uno de los caballos de Meña que estaba extenuado, y seguimos poco más o menos la línea del río hasta que, como a las tres de la tarde, llegamos al campamento de Valcheta. Como era temprano todavía, algunos de la partida salieron a cazar, pero volvieron con las manos vacías”. Según estudios posteriores, su ubicación coincide con el emplazamiento actual de la localidad. ¿Quién entre los mapuches y los tehuelches que tantas veces cabalgaron en libertad en cercanías del arroyo pudo pensar que una década más tarde, el sitio albergaría un campo de concentración? Después de las campañas militares “todos fueron concentrados en lugares delimitados bajo el control de las autoridades militares. Tanto los primeros grupos en presentarse como los últimos fueron sometidos a esta restricción física que les impedía el libre acceso a los recursos”, apunta el historiador Walter Delrio. “Uno de estos campos de concentración fue el de Valcheta, en la meseta rionegrina, en el que fue concentrado el mayor número de familias”.

En cierto sentido, las aspiraciones de la Blue Sky Uranium Corporation implican la continuidad de la Campaña al Desierto. “Tuve anteayer (por el martes último) una larga conversación con el ministro (de Gobierno, Rodrigo) Buteler”, según actualizó el werken de la Coordinadora Mapuche Tehuelche, Orlando Carriqueo. “Habíamos previsto para diciembre una reunión con la Gobernadora que no fue posible, entonces en esta charla abordamos la cuestión territorial y el problema de la mega-minería”.

No hay licencia comunitaria

Sumó que “con respecto al tema de Valcheta, le dije que si bien en el territorio específico no hay comunidades conformadas, sí hay comunidades cercanas y dentro del Bajo, una comunidad que reclama territorio. Además, entendemos que a los pobladores dispersos que están ahí, están beneficiados por la Ley Integral del Indígena en cuanto a la consulta y que el mismo fallo de Calcatreu, establece pasos específicos que hay que respetar”, abogó Carriqueo.

En la misma conversación “le recordé que la mega-minería es una discusión que se está dando a nivel nacional y que es fundamental darla en Río Negro. Estamos planteando que en principio no hay licencia comunitaria ni social para avalar los proyectos mega-mineros y que la discusión tiene que darse desde distintos aspectos, para construir Estados plurinacionales y pluriculturales”, resaltó. “El ministro me dijo que no tenía conocimiento de Mina Ivana, se comprometió a tener más detalles” para una próxima reunión que incluiría a Arabela Carreras, el próximo 14 de enero. “Nosotros entendemos que ese proyecto no se puede desarrollar”, subrayó el werken.

Hay continuidades que no son casuales. “Lo primero que se me ocurre pensar es que tenemos que hacer en ese territorio un llellipun para fortalecerlo y para fortalecernos nosotros. Con el Estado hace falta avanzar en el reconocimiento de los hechos históricos, fundamentalmente del genocidio que fue punto de partida, para empezar a dar otras discusiones que son centrales en lo cotidiano y actual, pero que tienen raíz histórica. Cuando nuestra discusión aúna los términos políticos con el reconocimiento histórico sobre la mesa, el Estado se queda sin argumentos para rebatir nuestras demandas”, ejemplificó. Todos los territorios están en disputa.

Bibliografía

Claraz, Georges (2008). “Viaje al río Chubut. Aspectos naturalísticos y etnológicos (1865-1866)”. Estudio preliminar y notas: Rodolfo M. Casamiquela. Ediciones Continente. Buenos Aires.

Delrio, Walter (2005): “Memorias de expropiación. Sometimiento e incorporación indígena en la Patagonia. 1872-1943”. Editorial Universidad Nacional de Quilmes. Bernal.

Musters, George (1991): “Vida entre los patagones. Un año de excursiones por tierras no frecuentadas desde el estrecho de Magallanes hasta el río Negro”. Ediciones Solar. Buenos Aires.

Walther, Juan Carlos (1970). “La Conquista del Desierto. Síntesis histórica de los principales sucesos ocurridos y operaciones militares realizadas en La Pampa y Patagonia, contra los indios (años 1527-1885)”. Editorial Universitaria de Buenos Aires.

Fuente: En estos días

El último dinosaurio vivo

Silencioso avance de un proyecto megaminero en Río Negro. La trayectoria de la gestión Weretilneck respecto a este megaproyecto confirma la continuidad estratégica de la herencia que dejó el ex gobernador Miguel Saiz (UCR) el 10 de diciembre de 2011, convertida ahora en política de Estado sin ningún tipo de debate público ni consulta a la población local. Por Susana Lara

El senador nacional Alberto Weretilneck finalizó sus dos períodos consecutivos como gobernador de Río Negro dejando todo el andamiaje institucional perfectamente armado a la medida del proyecto de minería a cielo abierto de Blue Sky Uranium Corporation (BKS), firma de Grosso Group radicada en Canadá que en nuestro país opera como Minera Cielo Azul SA.

El gobierno provincial le otorgó derechos sobre 280.000 hectáreas del Bajo de Valcheta para desarrollar el proyecto Amarillo Grande de uranio y vanadio, superficie que representa cerca de trece veces la extensión del ejido de Bariloche y casi catorce veces el de la ciudad de Buenos Aires. Las proyecciones económicas y financieras altamente favorables para el mercado internacional las anunció la propia empresa a principios del año pasado desde Vancouver (Ver) . A la vez, en Viedma, la secretaría de Medio Ambiente aprobó una catarata de declaraciones juradas ambientales del proyecto legitimando diez años de intervención real en el territorio.

La trayectoria silenciosa de la gestión Weretilneck respecto a este megaproyecto confirma la continuidad estratégica de la herencia que dejó el ex gobernador Miguel Saiz (UCR) el 10 de diciembre de 2011, convertida ahora en política de Estado sin ningún tipo de debate público ni consulta a la población local. Los bajos Santa Rosa y Trapalcó son áreas muy frágiles, ubicadas bajo el nivel del mar, de alto valor paleontológico y cultural para el pueblo mapuche-tehuelche. El uranio casi sobre la superficie garantiza bajos costos de extracción; la importante presencia de vanadio ofrece rápida colocación en el mercado internacional; el agua muy escasa un seguro problema de abastecimiento para la explotación.

La lejanía territorial y el silencio estatal no podrán ocultar por mucho tiempo el proyecto ya que, en medio de la crisis políticas de Mendoza y Chubut, las asambleas comunitarias en defensa del agua y del territorio se reactivaron en distintos puntos de la provincia para reclamar la restitución de la ley provincial N° 3981 que prohibió el uso del cianuro en la minería (ver) , que fue derogada por la Ley 4738 (ver) cuando recién asumió el gobierno el fallecido Carlos Soria (Frente para la Victoria).

Minera Cielo Azul también inició trabajos de exploración y prospección minera en el centro de Chubut, lo que informó oficialmente BKS y puede verificarse en los boletines oficiales de esa provincia y documentos de Minería de Nación.

Amarillo Grande

En 2006, un geólogo que se había desempeñado durante más de 15 años en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) descubrió uranio en Santa Bárbara. Tres años después comenzaron ahí los cateos por parte de Cielo Azul durante la gobernación de Saiz. Para 2013, ya con Weretilneck, la secretaría de Medio Ambiente aprobó y publicó las declaraciones juradas correspondientes a cateos de 23 expedientes referidos a cinco pertenencias, las que fueron eliminadas del sitio web oficial (ver), según corroboramos al cierre de esta edición.

Durante estos años, las voces de alerta surgieron de los equipos de investigación paleontológica y de turismo sustentable que estudian el área desde hace décadas (ver). Es una formación geológica muy particular, algo así como la frontera en el antiguo lecho de mar hacia el oeste y los vestigios del momento de la extinción de los dinosaurios en el planeta (ver). Quedan los relatos de viejos pobladores sobre cientos de nidos de huevos de dinosaurios esparcidos en kilómetros; están los documentos fósiles en los museos de Lamarque y Valcheta, por citar las localidades rionegrinas más próximas.

El cateo de Santa Bárbara empalideció ante Ivana, una de las tres áreas objetivo del proyecto, según el análisis de los mapas y documentación de la empresa realizado por Yusara Mastrocola, Sandra Lorca, Leonardo Salgado y Miguel Abadovsky. “Actualmente Ivana se encuentra en etapa de exploración avanzada pero pronto ingresará en fase de pre-factibilidad. Alcanzada esta etapa, la empresa debería elevar un estudio de impacto ambiental a la provincia, el cual debería ser aprobado por el Consejo Provincial de Evaluación Ambiental Minera (Co.P.E.A.M)”, creado por la ley que reemplazó a la “anticianuro”, indicó un informe reciente de este equipo local.

El estado de las huellas del Estado

Leonardo Salgado es doctor en ciencias naturales, paleontólogo, vecino de las asambleas en defensa del agua del Alto Valle. Es parte de ese grupo de científicos que nos ayudaron a incorporar el tiempo geológico contenido en los mismos espacios territoriales de la vida cotidiana, la huella del dinosaurio en medio de la ciudad, el sedimento del meteorito a pocos kilómetros de las rucas de los pobladores rurales. En el guión de una película de Hollywood sería el que, bajo el sol abrazador, inclinado sobre la tierra resquebrajada de tan seca y salina, vio llegar la amenaza del meteorito de la megaminería (ver).

En Amarillo Grande confluyen, en principio:

  • los capitales trasnacionales de la megaminería llegados al país durante las reformas estructurales de los ’90, con capacidad de lobby acumulada en su favor con las experiencias en Cuyo;
  • el Estado provincial jugando con autonomía para (re)producir las formas y condiciones locales de la expansión del modelo neoliberal en relación a los bienes de la naturaleza, y capacidad propia de (re)reproducir una burocracia eficaz y subordinada a los intereses del proyecto de SKS, al menos;
  • la sociedad disputando luchas en situación de extrema desigualdad, tratando de al menos poner en la agenda pública local un conflicto que no puede competir con las urgencias cotidianas de la desocupación y la pérdida de la capacidad de compra de los asalariados.

Así como los huevos fósiles dan cuenta de la vida extinguida, la documentación pública (la que está, la que nunca apareció, la que estuvo y fue eliminada) da cuenta del papel fundamental de la trama del Estado y una capa de funcionarios públicos intermedios que facilitan y legalizan cada uno de los casos concretos del plan sistemático del saqueo del territorio y los bienes de la naturaleza. En este caso, existe una importante diferencia entre la información que SKS ofreció a sus accionistas en Canadá y publicó en su propia web institucional, y la que el propio Estado reconoce, según la lectura que realizamos.

Laura Juárez, secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la provincia para 2013, aprobó las declaraciones juradas ambientales de 23 cateos de las localizaciones Navarrete, Don Javier, Don José, Los Amigos y La Graciela para Cielo Azul, ninguno de los que actualmente informa la empresa. Dejó el cargo y volvió al refugio del gobierno municipal de General Roca, donde acompañó hasta el año pasado la gestión de Martín Soria, actual senador nacional.

La continuó Dina Migani, quien recién en su sexto año de gestión se puso al día con las declaraciones juradas. El año pasado firmó y publicó 199 declaraciones de minería, de las cuales 30 eran de Cielo Azul. Un descubrimiento de mineral declarado en 2011 lo aprobó el 6 de marzo del año pasado, cuando la empresa ya tenía las proyecciones económicas en mano; la prospección del sitio Mingo 10 pedida en 2017 fue aprobada en octubre, dando por descontado de nuestra parte que ya se hizo.

Los edictos de la secretaría de Minería y su morosidad para publicar en el Boletín Oficial es notable. La solicitud de mensura de trece pertenencias para la mina Ivana VIII-F, de la constelación estrella del Amarillo Grande, fue publicada en agosto de 2018, dos años después de iniciado el trámite, caso elegido al azar de una de las pocas fuentes oficiales accesibles en la web.

La visión empresaria sobre el proyecto merece un desarrollo pormenorizado en otro momento, especialmente por la omisión de documentación sobre necesidades de agua para la etapa de explotación, un bien escasísimo en el área adjudicada. A diferencia de otros yacimientos, aquí el uranio está prácticamente en superficie, lo que hace que los costos de extracción previstos sean muy bajos. La rentabilidad más rápida lo garantiza la presencia del vanadio; el 80% se usa en aceros, pero un porcentaje menor en baterías de energías renovables, por lo que se espera una demanda creciente y aumento en el precio.

Grosso es una empresa de gerenciamiento fundada en 1993. Opera en la bolsa Golden Arrow Resources (también con presencia en RN), Blue Sky Uranium, Iron South Mining y Orovero Resources, información muy conocida en San Juan y Catamarca.

En cambio, en Río Negro los últimos quince años la atención política y social estuvo puesta en el proyecto de oro y plata de Calcatreu, en el centro-sur, yacimiento que se comparte con Chubut. Ese conflicto conquistó la ley anticianuro en 2005 y la perdió en 2011. La experiencia reciente de la crisis en Mendoza debería permitir una discusión amplia por el modelo estructural de la megaminería a cielo abierto como proceso económico y social.

Fuente: El Cohete a la Luna