Columna en Adalquí de «Chasqui Federal. Noticias para los pueblos libres», sobre economía política.

Esta es una columna del Colectivo Adalquí sobre economía política, de periodicidad mensual (último lunes de cada mes), en la que se irán compartiendo las producciones o material relevante que es seleccionado para su divulgación por «Chasqui Federal. Noticias para los pueblos libres»*, especialmente a través de las publicaciones en su web ( https://chasquifederal.com ) de su editor responsable, Pablo Casals.

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* Sobre el Chasqui Federal:

Para nosotros, el periodismo tiene dos principios éticos y prácticos. El primero es no mentir. El segundo, que el periodista –o los medios-, se hagan responsables de sus dichos y de las implicancias que pudieran tener sus dichos.
El escenario periodístico en Argentina y América Latina padece niveles de concentración y extranjerización nunca vistos. No estamos anunciando ninguna novedad, aunque no está demás volver a mencionar el asunto. Sólo en Argentina, más del 90% de la producción periodística está en manos de las grandes corporaciones mediáticas; y éstas mantienen presencia en publicaciones gráficas, radio, televisión, portales de internet y redes sociales. Asimismo, las grandes empresas son sucursales, subsidiarias o socias directas de empresas y capitales multinacionales. Por otra parte, alrededor de un 5% de la producción periodística permanece en manos de pequeñas empresas locales y nacionales. El 5% restante se reparte entre lo producido por los medios estatales y comunitarios. La proporción se mantiene en el resto del continente.
Lo más grave aquí no es la concentración en pocas manos en sí misma, sino las consecuencias que dicho acaparamiento produce. Ya no son novedad las denuncias y críticas al discurso único, como tampoco lo son los cuestionamientos a la imposición de “agendas” –los temas de los que hay que hablar- en la población y las distintas gestiones de gobierno.
Consideramos que los más grave de todo, es que los medios que se oponen a esa lógica de mercado apenas pueden brindar un enfoque distinto de los temas de esa agenda pre-establecida. Son pocos los medios de comunicación que han logrado mantener una “agenda propia” y al margen de la impuesta por las grandes corporaciones, aunque sufren un alto grado de aislamiento entre sí. Son predicadores en el desierto.

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Haciendo una analogía con el mercado de las bebidas gaseosas, diríamos que la discusión está dada por Pepsi o Coca-Cola. Las porciones restantes del mercado están divididas entre empresas nacionales o regionales de menor producción, pero que también venden “bebidas cola”, naranja o lima- limón. Son muy pocas –o ninguna- las empresas de bebidas gaseosas que optaron por desarrollar un refresco burbujeante al margen de esos tres sabores.
Traduciendo esto al mundo mediático/periodístico, e independientemente de la posición en torno a la “agenda” que cada medio o periodista adopte, la discusión no sale de la mención los grandes números de la macroeconomía en materia del denominado “crecimiento”, según los estándares internacionales de un capitalismo cada vez más concentrado a escala global. Otro vector, es la crónica de los devaneos de los políticos profesionales y las burocracias sindicales en relación con los mecanismos institucionales de cooptación o eternización de dirigentes y funcionarios.
La línea editorial -o mejor-, la intencionalidad editorial de las grandes concentraciones mediáticas, responde al surfeo constante de la suerte de sus negocios de un país altamente dependiente del mercado mundial, que le da la espalda a su propia sociedad y a su continente.
Nuestra intencionalidad editorial se para en los puntales de la libertad y el pleno empleo, reales y genuinos para todos los habitantes de éste suelo. Esto, nos obliga a establecer una agenda de trabajo periodístico que analice permanente los grandes trazos que debería tener Argentina en materia social, política y económica: rumbo estructural de la economía; comercio exterior; industrialización; economías regionales; transporte y logística; recursos naturales estratégicos; energía; bancos y finanzas; democratización de las instituciones; socialización del producto nacional; infraestructura social en materia de viviendas, servicios públicos, educación, salud, cultura, artes, deportes y esparcimiento.
Dada la actual coyuntura político económica de nuestro país y el continente, no parece el momento más propicio para un emprendimiento como éste. Corremos el riesgo de predicar en el desierto, aislados de nuestros pares. Sin embargo, la necesidad de contribuir a un proyecto de país diferente, nos empuja a asumir gustosos ese riesgo: llegaremos a todos, como sea.

Editor Responsable: Pablo Casals.

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(Última Actualización: 13 de julio de 2019)