Cristóbal Colón, su nariz y la batalla simbólica que existe en la sociedad boliviana


El día 2 de agosto en Bolivia se celebra el Día del Campesino Boliviano. Esta fiesta nacional fue establecida en 1937 para conmemorar la fundación de la primera escuela indígena en el pueblo de Warisata (La Paz). Ese día un grupo de jóvenes intentaron derribar el monumento de Cristóbal Colón que se encuentra en una de las avenidas principales de la ciudad de La Paz. Los jóvenes sólo lograron arrancar la nariz y pintar de negro el rostro de la estatua, pero finalmente fueron detenidos, y posteriormente liberados. Por Noelia Carrazana y Claudia Castro para Red Eco

Esto llevó a la ya polarizada sociedad boliviana a volver a la discusión sobre ¿qué sociedad se va a construir?. La ministra boliviana de Culturas, Descolonización y Despatriarcalizacion Sabrina Orellana sugirió el cambio de lugar de la estatua de Colón, pero el alcalde Iván Arias, ex ministro de Obras Públicas del gobierno de facto de Jeanine Añez le respondió con violencia verbal “¿qué apellida la ministra? Orellana, imagínense, tendría que cambiarse su apellido. Orellana se acerca más a Olañeta que a Quispe, pero es absurdo, ¿no ve?, absurdo porque yo vengo de dónde vengo, mi madre era una campesina orgullosa, pero mi madre siempre me decía supérese, vaya adelante, yo no niego mi pasado, ¿qué les pasa?”, reflexionó Arias ante la consulta de periodistas.

Desde Minka Comunicación consultamos al sociólogo boliviano Antonio Abal Oña, quien además trabajó en organizaciones que apoyaron el desarrollo campesino por lo cual tiene un conocimiento amplio de la sociedad boliviana. Su reflexión de lo acontecido es que: “lo que está ocurriendo es que estamos nuevamente preguntándonos ¿quiénes somos?, y cuando nos preguntamos surge esa identidad que muchas veces había sido invisibilizada, oscurecida durante todo el periodo colonial, ahora con nuevos símbolos, como la wiphala, los bailes, el idioma está volviendo a estar presente en todo lugar y en todas las relaciones sociales”.

Esta reacción de la sociedad boliviana no es aislada, sino es algo que se viene manifestando con otros monumentos. Por ejemplo, el año pasado el 11 de octubre de 2020 el grupo feminista Mujeres Creando rebautizó la plaza Isabel de Castilla a Plaza chola globalizada e intervinieron la estatua de Isabel I de Castilla, colocándole con una pollera, falda tradicional que llevan las cholas que son las mujeres con ascendencia indígena, un sombrero y un aguayo tipo kepi en la espalda (manta tradicional que se usa para cargar a los bebes o para llevar cosas).

En ese momento la activista María Galindo indicó que “la acción de vestir a la reina Isabel de “Chola Globalizada” tuvo que ver con plantear la discusión de dos grandes temas sociales: la mujer como sujeto político y la descolonización (…) Chola Globalizada por generar una antítesis entre la mujer blanca portadora del colonialismo y la india y plantear una chola profundamente cosmopolita, que maneja computadora, que maneja celular, que es contrabandista de productos de la china, que es arquitecta de la ciudad de La Paz, por eso chola globalizada. No quisimos hacer una transformación destructiva, pero lo que nosotras hemos hecho es intervenir al discurso del estado, no pueden acusarnos de destruir, nosotras por muchos años hemos ensangrentado al Colón del Prado porque ya muchos grupos se encargan de hacerlo, entonces decidimos tomar otra plaza clave”.

Entonces podemos ver que estas acciones de interpelación al estado republicano y colonial está en ebullición en la sociedad boliviana y quizás esto fue exacerbado por la situación de grave vulneración y muerte por parte del estado hacia ciudadanos que venían de comunidades campesinas o pertenecientes a pueblos aborígenes, “durante en noviembre de 2019 durante el golpe hubo un desprecio de un símbolo como lo es la wiphala y que es según la constitución boliviana un símbolo nacional, recuerden que los policías se arrancaban las wiphalas de los brazos, se quemaron en varios lugares las wiphalas, entonces estamos en plena batalla simbólica frente a los símbolos de la colonización”, nos explica Abal Oña.

Además, la grave vulneración a los derechos humanos y asesinato a civiles por parte las fuerzas de seguridad estatales, como lo fueron los casos de las masacres 2019 para la instauración del gobierno de Jeanine Añez. Esta acción por parte del Estado se dio hacia ciudadanos que venían de comunidades campesinas o pertenecientes a pueblos aborígenes.

Consultado respecto de cómo ve el papel de los medios hegemónicos en Bolivia al momento de generar un discurso inclusivo de las 36 naciones aborígenes que componen el estado, Antonio nos explica que “los medios de comunicación en Bolivia son parte del bloque colonial, son voceros y promotores de un sistema colonial, son pocas las radios comunitarias que existen y que aún no han terminado de comprender que la descolonización comienza por el uso de las lenguas, salvo Radio San Gabriel que durante 12 horas transmite en idioma originario. Las demás radios comerciales utilizan el aymara o el quechua y solo usan el idioma en informativos o para transmitir propagandas. Tampoco las radios, ni la televisión estatal ha puesto en equilibrio las lenguas nativas con el castellano”.

Muchos recordamos como después que se da el ingreso de Luis Fernando Camacho con la bandera Republicana y con una biblia al palacio de gobierno y luego la irrupción al poder de Jeanine Añez levantando una biblia comienza como reguero de pólvora la que quema de wiphalas en cuarteles policiales o militares y en instituciones del estado, lo cual genera la indignación masiva de la población en los departamentos donde existen mayor población quechua-aymara de Bolivia, es así que se dan las movilizaciones en contra del nuevo gobierno y su retórica colonial. En este contexto de lo sucedido el sociólogo boliviano analiza que “el proceso descolonizador se ha detenido en Bolivia porque tenemos que tener en claro que es un hecho político, es una pugna de poder, que pretende desplazar de los núcleos de poder a aquellos que durante siglos se han adueñado de poder político, económico, simbólico”.

“Son cinco siglos que desmontar eso nos va a llevar mucho tiempo, pero sobre todo es un trabajo político de poder y en el gobierno en este momento hay un tema de debate que ¿quién es el que está manejando el poder en Bolivia? ¿son los pueblos originarios o son otros que se han subido sobre las ideas de los pueblos originarios y están gestionando el estado?. En los primeros gobiernos de Evo Morales se veía hermanas ministras que salían de las comunidades, hermanos ministros de organizaciones de pueblos originarios, ahora no, la única que tiene lugar es la Ministra de Culturas que viene de las Bartolinas, pero luego todo el equipo pertenece a un grupo de intelectuales que vienen formados de las universidades coloniales”, sentencia el entrevistado quien no solo habla por lo que ve en los medios, sino que es miembro activo dentro de la sociedad, ya que en este momento nos cuenta que se encuentra trabajando en el rescate de testimonios de las mujeres pertenecientes a la organización de las Bartolinas para rescatar lo que ellas vivieron durante la masacre del puente Huayllani o de Sacaba, en Cochabamba.

Fuente: Indymedia