Tierra del Fuego resiste a las salmoneras


La industria salmonera ya arrasó Chile y dejó un tendal de contaminación ambiental, precarización laboral y muertes. Ahora quieren empezar a instalarse en el sur argentino. Organizaciones advierten sobre las calamidades de la actividad salmonera. Por Saverio Lanza

-Disculpe, ¿cómo dijo?
-…salmoneras.
-¿Salmonelas?
-Salmoneras, cría intensiva de salmones para la venta.
-Ok… ¿Me repite por favor? O envíe un email.

Parece ser tema de otro mundo. De otra realidad. Lejano. Inconcebible. Pero no. Al igual que la cría intensiva de vacunos, cerdos en megagranjas, pollos metido en pequeños reductos y galpones, animales mal alimentados, mal vividos, llenos de jeringazos, también hay criaderos de salmones. Y esto es lo que -a la postre- es consumido sin miramientos por la especie humana en su mayoría. 

Las salmoneras son una industria contaminante. Se trata de la cría de salmones en enormes jaulas emplazadas bajo el mar. Enormes en serio. Esta actividad afecta a los fondos marinos, a la pesca artesanal y a la fauna local. Contamina las aguas con químicos, antibióticos y desechos. En Chile, como en otras partes del mundo, ya cometió desastres ecológicos. Ahora está a punto de desembarcar en Tierra del Fuego. El pueblo del sur, en un solo grito, sigue en estado de alerta.

En Argentina, la cría de salmón en cautiverio se realizaría en el Canal Beagle, un lugar único por su fauna marina. Bajo las aguas, el ecocidio de salmones enjaulados, concentración de heces, miles de litros de combustibles, residuos plásticos, fierros, redes, químicos, antibióticos y miles de pescados muertos.

En Chile conocen bien las miserias de esta industria. Casi la totalidad del salmón que se consume en Argentina llega desde el otro lado de la Cordillera de Los Andes, y proviene de empresas transnacionales como la Multiexport Foods, Salmón Austral, Aquachile, BluRiver o Walbusch (algunas cambian de nombre constantemente). Las condiciones laborales en la industria salmonera no parecen ser parte de ningún debate nacional. Sin embargo, lo que allí viven los operarios y -particularmente- los buzos, es una virtual tragedia. En los últimos tres años dejó -al menos- 36 muertos, ahogados, enredados, atrapados por hélices, embolias, infecciones pulmonares, atrofias, dolores musculares, parálisis, succiones, mareos, hasta síntomas similares a un accidente cerebrovascular. Todo sin seguridades, derechos ni protocolos de ningún tipo. La industria salmonera, en promedio, pierde a un trabajador por mes debido a un accidente o enfermedad laboral. Una tragedia permanente donde las personas son un número. Y cuando una ‘persona-número’ no sirve más, siempre hay otra para reemplazarla. Menos del uno por ciento de los buzos de salmoneras están sindicalizados.

En 2019, el Centro Ecoceanos, junto con la Central de Unitaria de Trabajadores (CUT) de las provincias de Llanquihue y Chiloé, la Confederación Nacional de Trabajadores del Salmón (CONATRASAL), la Federación de Trabajadores del Salmón de Quellón (FETRASAL) y la Federación de Trabajadores Marítimos de Chile (FESIMAR), presentaron un informe en el cual denunciaron que hubo millonarias ganancias por parte de la industria, a costa de la precarización laboral y condiciones inseguras de las trabajadoras y trabajadores de las salmoneras.

El Informe “Salmones de Sangre” detalló que hubo 36 muertes de obreros y obreras del salmón entre 2013 y abril de 2019. Al mismo tiempo, las empresas obtuvieron billonarias ganancias por el incremento de los precios internacionales, lo que permitió que alcanzaran el valor histórico de 4.650 millones de dólares en las exportaciones en 2017. A su vez, la capitalización bursátil de las compañías salmoneras que cotizan en la Bolsa de Comercio de Santiago (BCS) se duplicó, aumentando el valor de las empresas salmoneras en un 127% durante el 2017. A pesar de lo anterior, el período 2016-2018 fue el de mayores despidos de trabajadores al reducirse “por necesidades de la empresa” un 12,7% los puestos de trabajo, cayendo desde 71.178 puestos laborales el 2015, a 61.632.

El volumen total de salmón Atlántico cosechado en Chile durante 2018 fue de 683.000 toneladas, 120.000 toneladas más (21%) que en 2017. La industria salmón realizó exportaciones durante el 2018 por un valor de 5.000 millones de dólares (5 billones de dólares). El valor de las empresas salmonicultoras chilenas se ha casi triplicado entre el 2015 y 2018. Estados Unidos es principal mercado del salmón chileno, al exportarse el 2018 un total de 169.663 toneladas netas,- aumentando el 21,2% con respecto al 2017-, y un valor de 1.806 millones de dólares. Luego se ubica Japón con 142.960 toneladas (aumento del 8,5%) y del 1.065 millones (aumento del 5,3%), y Brasil, con 87.082 toneladas (aumento del 8,4%) y un valor de 581 millones. El salmón chileno es el más vendido en Estados Unidos, copando el 56% de dicho mercado el 2018, y sigue en aumento. China es el mercado aumentó sus envíos en un 53,2 % con 42.506 tons, y generó ganancias por 284 millones de dólares durante el 2018.

El gobierno argentino firmó un acuerdo con el de Noruega para instalar centros de cría de salmón en Tierra del Fuego. El Canal Beagle, en Ushuaia, se convertirá en una zona de desastre si esta producción se materializa. La industria de las salmoneras contamina las aguas. El salmón precisa de una constante inyección de nutrientes, desmesurado uso de antibióticos similar al envenenamiento que producen los agrotóxicos en los campos de todo el país; lo cual genera perturbaciones en el ecosistema, afectando a toda la fauna marina de la región, incluso ballenas, otros cetáceos y delfines. Este escenario favorece el desarrollo de marea roja -proliferación de una o distintas microalgas en cualquier cuerpo de agua en una zona determinada y que tiene un efecto nocivo en otro organismo-; afecta la biodiversidad; ataca directamente a la pesca artesanal; la mencionada utilización de químicos para tratar enfermedades del salmón erosionan al ecosistema, devastando los fondos marinos con antibióticos, alimentos putrefactos, heces, y -por supuesto- restos propios de la producción y explotación como redes, fierros, plásticos, microplásticos, etc. Claramente, las aguas no se quedan quietas, y esa contaminación alcanza ríos, lagos, y demás espacios de agua. ¿El resultado? Fugas de salmones, aguas contaminadas de antibióticos, algas tóxicas, residuos industriales, serán solo algunas de las consecuencias.

Los salmones son originarios del hemisferio norte, no son nativos ni de Argentina ni de Chile. Esta inyección artificial, esta explotación de cría para la comercialización, se obtiene después que los animales son hacinados como pollos en galpones submarinos, enormes jaulas que funcionan como granjas de engorde. Fuera de su hábitat natural, desarrollan gran cantidad de enfermedades y es por eso que se les suministran químicos y antibióticos de forma constante para que no mueran. Después, estos especímenes -castigados químicamente- como corolario terminan en organismos de humanos, ingeridos cual manjar gastronómico.

Hace más de 4 años, una investigación de el Instituto de Tecnología (INTEC) de la Fundación UADE, determinó que el 66% de los filetes de salmón rosado importados desde Chile que se comercializan en pescaderías la Ciudad de Buenos Aires contenían antibióticos. Desde entonces, la cría de salmones con estas especificaciones creció exponencialmente, en virtud de la demanda. ¨En varios casos, los residuos de antibióticos en estos peces superan los niveles máximos permitidos por organismos reguladores nacionales e internacionales¨. ¨Se debería monitorear temporalmente estos productos, por sus posibles implicancias para la salud humana¨, señaló el mencionado estudio.

¿Qué comen los que después se comen? Los salmones reciben pellets (porciones de alimento balanceado) elaborados con harina de pescado para ser alimentados. Se calcula que para producir un kilo de comida para esta especie se necesitan tres kilos de otros peces.

En Chile, parte de esta inconcebible forma de producción y comercialización insana se suspendió. Pero en Argentina la amenaza continúa. Vecinos de Puerto Williams, representantes del pueblo yagán y la ONG ambientalista celebraron la solicitud del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca) de caducar las concesiones acuícolas de la empresa Nova Austral, compañía que pretendía instalar 138 jaulas destinadas a la producción de salmones en aguas del Canal Beagle.

La explotación salmonera lleva más de 30 años de desarrollo en Chile. Los impactos ambientales que causó en la Patagonia trasandina fueron atroces. El poder destructivo de las salmoneras, con sus enormes jaulas contaminantes, dejaría consecuencias gravísimas en el Canal Beagle. 

En fotografías que ilustran esta nota, publicadas por el Facebook de Malcomidos -de la periodista Soledad Barruti, se verifica el fondo del mar y el descarte de salmones, cargados de antibióticos y amoníaco, por parte de salmoneras en Chiloé, Chile. Una catástrofe anunciada. Un crimen masivo contra la naturaleza. Todo un mar muerto: peces, pájaros, ballenas. Todo. Los empresarios insisten en culpar a la marea roja ocasionada por el fenómeno climático de El Niño. Pero los científicos independientes coinciden: este desastre no hubiera ocurrido si no hubieran estado enclavadas esas “fábricas de carne rosa” que necesitan antibióticos, agroquímicos, tranquilizantes, y demás fármacos y químicos para su producción. 

A la tragedia se agregan cientos de miles de familias de pescadores tradicionales que vivían del agua y que no tienen qué comer, que no saben de qué vivir, que vieron la transformación de su vida cuando la fiebre del salmón lo tomó todo y ahora padecen su destrucción masiva.

LA RESISTENCIA EN ARGENTINA

La Asociación Manekenk, organización anti-salmonera de Tierra del Fuego, remarcó que el de las salmoneras “es un proyecto que ingresó en 2020. Va a tratarse en la legislatura de Ushuaia”. Despierta toda la pertinente polémica. Ambientalistas chilenos y argentinos realizaron una jornada de protesta sobre el canal de beagle para alertar sobre la situación. La presidenta de la asociación, Nancy Fernández, recalcó que “en 2018, en Tierra del Fuego -y en Ushuaia sobre todo- nos enteramos de estos proyectos. Empezamos a manifestarnos. Luchamos por el ‘no a la salmonicultura’ en el Canal Beagle. Desde ese entonces esta lucha sigue latente en la zona. La realidad es que hoy no hay ningún proyecto firme de instalación de salmoneras en la zona ni tampoco de nuevos estudios”. 

Sin embargo, Nancy remarca que “sí hubo estudios previos que nunca se dieron a conocer. Desde el Ministerio de Producción nos dijeron que ‘nunca ha llegado a sus manos el mencionado estudio’. Sin embargo fue abonado por la provincia, a una empresa Noruega, por la suma de 95 mil dólares, para llevarlo adelante. Sin embargo nadie ha accedido a ese estudio de manera oficial”. 

“Nuestra asociación se presentó como querellante en la Justicia, tuvimos una audiencia con el juez en 2019, y las autoridades manifestaron que ese estudio no existía y que nunca había llegado a la provincia. Eso es la versión oficial. Transcurrido el tiempo se presentó un proyecto en 2020 para prohibir la instalación de salmoneras en el Canal Beagle. En Chile, nuestros vecinos de Puerto Williams lograron frenar un proyecto que iba a instalarse en una zona que se llama Bahía Toro. Inclusive se les presentó un petitorio a los reyes de Noruega que estaban de visita. Después irrumpió la pandemia, y ahora estamos esperando por la ley que prohíba la salmonicultura. Hay un consenso generalizado de todos los bloques, y de todos los sectores productivos y ambientalistas, de que debe prohibirse esta metodología en el Beagle”, ratifica la presidenta de Asociación Mane’kenk.

“La salmonicultura es un método extractivista de producción comparable con un feedlot o una mega granja de cerdos. Es un modelo de altísimo impacto ambiental. Quien no consigue concebir de qué se trata este problema debe imaginar una enorme jaula bajo el mar llena de una clase particular de salmones, todos juntos, absolutamente amontonados, que generan desperdicios orgánicos, materia fecal, orina, restos de alimentos, sobre un espacio específico de la superficie marina, al tiempo que atenta contra la biodiversidad marina. La gente debería imaginarse que, para los pingüinos, aves marinas y lobos marinos -entre otros cetáceos-, las salmoneras son como un tenedor libre. Todos irían hasta esas jaulas para comer. En algunos sectores de Chile estos animales son alejados y combatidos con armas de fuego, les disparan y los matan, a los que pretenden acercarse a las jaulas. Además son producciones que solamente son consumidas por las élites mundiales. Nosotros siempre nos preguntamos si queremos ser el basurero del planeta, y si queremos que críen acá estos animales, para que sean consumidos en otros países, realmente los más ricos del planeta. Y ahí es donde surge el interrogante de cuál es el modelo de producción de alimentos que queremos nosotros”, reflexionó. 

En este sentido, reafirma que “en Argentina no existe ningún proyecto de salmonicultura de mar abierto. Este modelo ha recalado fuertemente en Chile, sobre todo en el sur, ya generado muchos conflictos, no sólo ambientales, sino sociales. Se genera un empobrecimiento de los pescadores. Dejan de ser productores autónomos y artesanales, y pasan a depender de una empresa, con lo cual entra en juego un cambio rotundo de condiciones laborales, explotación y demás cuestiones adversas. No es un modelo deseable para ningún país. Tampoco para Argentina. Esperamos que no se concrete acá”. 

“En la zona tenemos cuatro leyes que funcionan como un eje vertebral de luchas desde hace mucho tiempo: La ley de península Mitre, la ley de No a la salmonicultura, la ley de Guardaparques y el proyecto de Financiamiento de áreas protegidas. Este último es fundamental si es que nuestra provincia se va a volcar hacia un modelo que represente esas características”, explicó, sobre el futuro mediato e inmediato de Tierra del Fuego. 

“Lamentablemente en Latinoamérica existe un movimiento que está avanzando fuertemente y que se denomina como de ‘acaparamiento verde’. Esto ha ocurrido por ejemplo en Santa Cruz, con el tema de la minería, también está ocurriendo en Corrientes, en Chaco, y actualmente está pasando en la zona de exclusión económica de pesca argentina en Malvinas. Por ejemplo, la universidad de Harvard ha comprado tierras en Corrientes, en Chaco y muchas más en Brasil, con el objetivo de la producción de Pinos. Este es un modelo en el cual grandes empresas se esconden detrás de fundaciones, compran grandes extensiones de terreno, y terminan poniéndole condiciones a los gobiernos. De esta manera se avasallan las autonomías de los poderes ejecutivos y legislativos de cada territorio. Este es un peligro latente y constante. Y a la vez es un territorio desconocido y oculto”, concluyó la especialista ambiental.

Fuente: Revista Cítrica