“Malvinas no termina”


“Esto de que Malvinas no termina, no es una figura retórica, ni simbólica. Estoy adentro todo el tiempo. No de la guerra, sino de la temática”. El excombatiente y docente de la Universidad Nacional de La Plata, Carlos Giordano, presentará el libro “Malvinxs”, una recopilación de escritos en tono poético sobre la experiencia del autor durante la guerra y la posguerra, que plantea cuestionamientos a la historiografía que caracteriza como “gesta” al conflicto bélico de 1982.

“Tengo la sensación de que el lenguaje común no me alcanza, hay que buscar metáforas, o usar otras imagines o utilizar los varios significados que tienen las palabras para dar cuenta de lo que es, de lo que fue, y de lo que puede ser”, subrayó Giordano acerca de los recursos poéticos que le sirvieron de herramienta para darle “complejidad a los sentidos” en torno a lo que sucedió en Malvinas.

Por otra parte, el periodista expresó que hay relatos sobre Malvinas como ciudadanos hay, porque “no hubo reflexión colectiva” de lo que ocurrió, a la vez que existen “relatos de no sobrevivientes que toman a Malvinas como un tema que habilita lo patriótico y el nacionalismo”. “No hay verdad sobre Malvinas, nos la adeudamos, ojalá que la haya mientras los sobrevivientes estemos vivos y con capacidad de aportar”, concluyó el académico.

– ¿Articular la palabra después de una experiencia extrema suele ser difícil, la poesía vuelve más fácil esta articulación?

– Son escritos poéticos, pero yo no soy poeta. A mi cuando escribo o cuando termino de escribir estos registros, cuando tengo que relatar las historias del pasado y las del presente en torno a Malvinas tengo la sensación de que el lenguaje común no me alcanza, hay que meterle metáforas, o usar otras imagines o los varios significados que tienen las palabras para dar cuenta de lo que es y de lo que fue, y de lo que puede ser. En ese sentido la poesía tiene elementos que me permiten dar esa ambigüedad, o mejor dicho esa complejidad a los sentidos. Este libro, en particular, son escritos poéticos. Utilizo esos recursos por una necesidad. Entonces, hay poesías, pero también hay un fragmento de un diario sobre los días previos al servicio militar. No es un diario que yo tenía, que iba haciendo, sino que es una decisión estética literaria posterior.

“No hay verdad sobre Malvinas, nos la adeudamos, ojalá que la haya mientras los sobrevivientes estemos vivos y con capacidad de aportar”.

Es la memoria de aquellos días, pero lo fui escribiendo mucho tiempo después, mientras sucedía la colimba y terminaba de suceder la dictadura, porque Malvinas es eso, es la continuidad del terrorismo de Estado. La colimba transcurrió y Malvinas también. Fue como un río que te lleva, que no alcanzas a reflexionar. Y al mismo tiempo, luego de Malvinas, yo seguí en ese río de no reflexionar mucho de lo que había pasado. Fue todo tan vertiginoso y caótico, que mucho tiempo después, ya por 1985 -mirando a los compañeros del CECIM La Plata, en un acto- me dije: “yo también soy eso que están diciendo”. Entonces, Lo que tengo es una memoria mimética, me acuerdo de todo, algunos lo sufren, otros lo elogian. Y en base a esos recuerdos, que son selectivos -porque la memoria siempre lo es- armamos el diario. Ese diario no lo escribí así en aquel momento, no pensaba así, sino que es la síntesis de muchas reflexiones, y hay ahí algo de voz colectiva. Por eso menciono a CECIM La Plata porque es mi escuela política e ideológica.

– ¿Malvinas siempre vuelve para los excombatientes, aunque pase el tiempo?

– Sí, Malvinas no termina. Las guerras no terminan, por eso no hay que iniciarlas. Si uno hiciera el ejercicio de mirar los diarios, de mirar los medios, en algún momento del día, de todos los días posteriores al 14 de julio de 1982 hay una referencia a Malvinas; lo que le pasó a un excombatiente o lo que dijeron en la ONU, o un testimonio que sale, o una víctima producto de aquello. Siempre Malvinas anda dando vueltas, es como un río subterráneo que está presente. En lo cotidiano uno lo olvida, pero tenemos un pedazo de territorio donde está asentada una potencia extranjera, de manera muy violenta. Tiene una base aeronaval que es la más importante y agresiva del hemisferio sur, y donde hay misiles apuntando al continente. Y uno cuando llega al principal aeropuerto de Malvinas hay un cartel que dice: “Esta base está capacitada para poner 2400 soldados de la OTAN de cualquier lugar de Latinoamérica”. Lo dicen con esa calma que algunos elogian, pero lo que están diciendo es que nos están apuntando a nosotros y que esa es la latencia. Entonces digo, ¿cómo no va a salir Malvinas todos los días? Y ¿cómo va a terminar sino resolvemos tanto la situación de amenaza colonialista, como lo que fue Malvinas? Hay muchos que hablan de la gesta de Malvinas.

“A esta altura un desfile en homenaje a los excombatientes, sería una foto sepia bastante patética”.

– ¿Hay relatos de Malvinas como sobrevivientes hay?

– Sí, porque no hubo reflexión colectiva. Entonces, todos en los momentos que pueden y como pueden dicen algo de Malvinas. Y también tantos relatos de no sobrevivientes que toman a Malvinas como un tema que habilita lo patriótico, el nacionalismo que habilita modelos de pensar. Entonces hay tantos relatos como potenciales ciudadanos que somos. Y el mío es otro más.

– ¿Coincide con la necesidad que se realice un gran desfile reparatorio donde, de alguna manera, se homenajee a los excombatientes como no se lo hizo en el 82? ¿Se sanaría parte de una herida?

– Hay muchos compañeros que dicen eso, y hay muchos compañeros que necesitarían eso. Yo no siento esa necesidad individual, ni política. Me parece que Malvinas es algo que nos pasó a todos, pero que las distinciones eran allá, en aquel tiempo – no digo con los milicos- sino en el comienzo de la democracia. Pero por distintas razones, fundamentalmente por decisiones políticas no se hizo eso, y a esta altura un desfile, sería una foto sepia bastante patética. Cuando me veo en el espejo veo que soy más que aquel del 83. Entiendo el planteo político de muchos compañeros y la necesidad -y a lo mejor iría a ese desfile con un discurso de verdad reparatorio, que no sería nada más decir que las Malvinas son argentinas y hagámosles un homenaje a estos muchachos- pero ¿Qué sería este desfile? ¿Qué reivindicaría ese desfile en nosotros? ¿En aquellos 10.700 originales? Que ahora son 22.000 porque la inflación también les llegó a los padrones de excombatientes. Yo preferiría una discusión del conjunto del Estado que fuera reparatoria sobre lo que pasó en la guerra; sobre los desempeños institucionales, sobre los responsables de cada una de las muertes. Yo iría por ahí. Siento que los desfiles demandan una tremenda organización, selección, puesta en caja y cuando terminan -como pasa cuando desfilan los granaderos- solo queda la bosta en el cemento.

“El libro lo fui escribiendo mucho tiempo después, mientras sucedía la colimba y terminaba de suceder la dictadura, porque Malvinas es eso, es la continuidad del terrorismo de Estado”.

– ¿Es necesaria una toma distancia para escribir sobre Malvinas, dejar pasar el tiempo?

– Yo escribo desde y sobre Malvinas desde Malvinas. Escribí poesía, cartas, eran en registros poéticos, que es como puedo dar cuenta de mi entorno y los dos libros puntuales de este tipo son compilaciones de lo que he ido escribiendo episódicamente y un día me desborda, me acongoja no hacerlo circular, lo junto y los largo. A mi me pasa que no tengo distancia con Malvinas, estoy adentro. Esto de que Malvinas no termina, no es una figura retórica, ni simbólica. Estoy adentro todo el tiempo. No de la guerra, sino de la temática. En esto que digo que Malvinas también es futuro, es porque es una metáfora de lo que no tenemos, entonces hay que hacer algo para tenerlo. Entonces, en ese sentido, estoy adentro todo el tiempo. Entonces, el posicionamiento es levantar la cabeza, sacar la nariz del Malvinas como el todo y sacar un poco la boca y decir, pero sin distancia. Es un ratito salir del mar y decirle a lo que aparentemente está afuera, lo que pienso. No tomo distancia con Malvinas, no la puedo tener. Más allá del tiempo que ha pasado, que por ahí me olvido y siento solo que tengo 19 años, aunque enseguida alguien me recuerda que no es así.

– En algún momento Gustavo Caso Rosendi señaló que “la poesía era la expresión justa para aquello que no se podía decir”, ¿hoy hay más libertad para hablar de Malvinas?

– La categoría de libertad no es una categoría hábil para pensar lo que se ha dicho, y lo que es, o lo que piensa cada uno sobre Malvinas. Gustavo Caso Rosendi, que es el poeta, nuestro compañero, que habla del dolor en serio, dice que la poesía es el lenguaje de lo que no se puede decir, y justamente, habla de todo lo que no se puede decir con una maestría extraordinaria. Pero, aun en los momentos de mayor presión sobre el silencio por ejemplo en el exacto momento en donde volvimos de Malvinas, todavía en los cuarteles, sin volver a casa, los milicos nos imponían que firmáramos una declaración donde nos comprometíamos a no hablar sobre Malvinas, a no hablar sobre lo que habíamos visto, y en esos documentos de que no íbamos a hablar algunos compañeros -no la libertad- pero decidieron hablar y decir: “Pero a mí me torturaron, aunque sea te lo digo acá en tu cara”. Esos milicos no eran los milicos de ahora, y se lo dijeron en el exacto momento que tenían que decir que no íbamos a hablar.

“Cualquiera habla y dice cualquier cosa. Lo que no hay es verdad en torno a poder saber qué pasó y que no pasó”.

Entonces, sobre Malvinas todos hemos hablado, todo el tiempo, con relatos de hechos contradictorios. Hace días, un ex militar salió a decir que una de las hazañas más relatadas sobre Ismael Poltronieri -el único soldado vivo al cual le dieron una distinción- y que durante muchísimos años las fuerzas armadas lo pusieron como el ejemplo- no sucedió como fue relatada. Ismael, era analfabeto y en el relato que hicieron de él -el cual le fueron enseñando- relataron una acción, de esas de Rambo, y ayer un milico dijo que Poltronieri no lo hizo, Poltronieri no estuvo ahí. Entonces, cualquiera habla y dice cualquier cosa. Lo que no hay es verdad en torno a poder saber qué pasó y que no pasó. Ni siquiera hay una verdad desde distintos puntos de vista, como en “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez, entonces no hay verdad sobre Malvinas, nos la adeudamos, ojalá que la haya mientras los sobrevivientes estemos vivos y con capacidad de aportar, sino la sociedad lo va a tener que resolver. Nuestros nietos, o alguien en el futuro lo va a tener que resolver.

Fuente: El Extremo Sur