¿Qué sucede con el río Paraná?


El pueblo se pregunta cuál es la causa del conflicto y quiere saber de qué se trata. Siempre es la política la que determina la técnica. Por Romina Cortaberría

El caso de la hidrovía en el río Paraná no es la excepción. Para abordar el tema es importante pensar en función de la protección y defensa de nuestra madre tierra y los recursos naturales desde una tecnología conveniente que nos permita desarrollarnos en completa armonía con ella.

Delito de Lesa Natura

El dragado de nuestros ríos interiores responde a la lógica capitalista de las multinacionales que pretenden penetrar nuestros ríos con sus megabuques para abaratar los costos por unidad de carga y aumentar sus ganancias. Como las multinacionales del transporte marchan hacia el gigantismo, su afán de lucro destruye el equilibrio por el dragado de los ríos, que genera la desertificación de los humedales al norte y las inundaciones al sur por el mayor escurrimiento de la masa de agua. Eso constituye un delito de lesa natura; y ocurre porque Argentina es un país que no ejerce su soberanía política, ni es económicamente independiente, ni mucho menos socialmente justo.

Dejar de dragar el río Paraná y navegarlo con trenes de barcazas es posible y necesario. Es la tecnología conveniente y adecuada para no destruir la Pachamama y vivir en armonía con ella. En 1845, Juan Manuel de Rosas y la patriótica Vuelta de Obligado defendieron a cañonazos los telares, las carpinterías y las talabarterías argentinas; es decir, el mercado interno de las pymes de la época contra las importaciones anglo-francesas que venían a imponer sus productos también a cañonazos. Hoy no harían falta cañones. Con solo dejar de dragar, los bancos de arena actuarán como barrera natural y soberana contra la libre navegación.

Ahora, eso es necesario, pero a la vez insuficiente. Argentina necesita una flota mercante estatal que ejerza soberanía política frente a los deterioros de los términos del intercambio comercial que denunció el Che, y que resolvió Perón con el IAPI. Un nuevo IAPI deberá realizar los pactos bilaterales y equilibrados entre las naciones; ejercer la independencia económica sobre los paquetes tecnológicos impuestos por la división internacional del trabajo; y posibilitar la sustitución de importaciones industriales por trabajo y tecnologías argentinas. Porque la justicia social no se negocia, sino que se trabaja para conquistarla.

El silencio

En nombre de la causa nacional y popular hay personajes que confunden el pensamiento de la gente. Es necesario entonces, poner blanco sobre negro algunas cuestiones.

Argentina consume apenas el 8% de su producción agropecuaria porque el 92% restante se exporta. ¿Cómo puede ser que no tengamos en marcha el Plan Naval argentino para aumentar el valor agregado de nuestra producción primaria? Argentina se abastece mediante importaciones de alto valor agregado (arriba del millón de movimientos por año). ¿Por qué no se pone en marcha el Plan Naval argentino para construir la flota mercante necesaria, para el país que compre en origen y se apropie del valor agregado del flete que por derecho soberano nos corresponde?

La respuesta ante estas preguntas es el silencio. Por años ese silencio se llenó con mentiras y conflictos entre pobres, como el de la “hidrovía” (que apenas disputan 1.200 km de transporte fluvial) para tapar con ese barullo la silente complicidad de los mismos lenguaraces que entregan la navegación de ultramar: casi 20.000 km a la China, Japón y el sudeste asiático; más de 11.000 km al Mediterráneo; más de 12.000 km al Báltico; y podemos seguir con más. La entrega y el silencio deben terminar.

La ELMA XXI: Empresa Transporte multimodal argentino

Recrear la ELMA en forma multimodal, convertida en Corporación del Estado, al 100% impenetrable al capital privado, moderna, comercialmente agresiva. Que se constituya en el principal armador nacional. Que ejerza el transporte naval de ultramar y de barcazas para los ríos interiores, el transporte ferroviario y carretero para el hinterland, y el aeronáutico para cargas y pasajeros. Nacional y popular; es lo que hace falta.

Uno de los brazos de la ELMA XXI son las barcazas. Ellas son la tecnología conveniente para defender el rio Paraná de la libre navegación de buques de ultramar. Poseen una capacidad para transportar 2.500 toneladas cada una y 3 metros de calado, contra los megabuques extranjeros que necesitan más del triple. Una docena de barcazas de 60 metros de largo y 16 metros de ancho cada una, empujadas por un solo remolcador, pueden transportar un peso equivalente a la mitad de un buque (30.000 toneladas).

La barcaza es el transporte más barato del mundo: 10 veces más barata que el camión; 7 respecto del tren y 4 veces comparada con los buques. Lo que cuesta 450.000 en camión, vale 120.000 en barco o 30.000 en barcaza.

Para ELMA XXI la barcaza será la herramienta preferencial de las grandes cargas, un factor de poder ante las multinacionales, y un vehículo de integración con nuestros hermanos de la Patria Grande. Transportará los gigantescos volúmenes de nuestras cosechas, de la producción minera del sur de Brasil, de la salida atlántica de Bolivia y Paraguay, del litoral compartido con Uruguay. Hoy los pueblos que integramos la cuenca del Paraná vemos salir 20.000.000 toneladas al año de mineral de hierro que se van rumbo a Japón y China. Por lo que se paga hasta 15 US/tonelada a boca de mina, las multinacionales facturan hasta 200 U$/tonelada para llevar las cargas a destino.

Nuestras materias primas, parten allende los mares a generar riquezas, trabajo y poder. Mientras nuestras patrias son acosadas para que pague la eterna deuda externa, las multinacionales se dan créditos a sí mismas para llenar nuestros ríos con barcazas de descarte del Mississippi, que son importadas en competencia desleal con la industria naval argentina y del Mercosur.

Desde la llave fluvial, entonces, podemos abrir el sistema multimodal y quedarnos con el pedazo argentino. Es decir, el 100% de la navegación por ríos y el 50% del flete marítimo internacional. A menos que los EE. UU. abran el Mississippi a los paraguayos o los ingleses el Támesis a los argentinos.

Cuando no se quiere ver / no hay más que cerrar los ojos, / Pero no es bueno a mi antojo / ser ciego por voluntad, / Castiga más la verdad / en rancho que usa cerrojo.

Fuente: En Tapa