Lozen, la nómada que Hollywood nunca premió


La insumisa chihenne recorrió dando batalla al invasor blanco, los mismos escenarios naturales de la premiada película. Pero su historia de lucha y resistencia aun no fue filmada. Por Adrián Moyano

En el verano boreal de 1879, el jefe chihenne Victorio se fugó de la reserva de Fort Stanton (Nuevo México), donde estaba confinada su gente. Durante los 14 meses que siguieron, junto con una partida de guerreros, protagonizaría una de las páginas más tristes y heroicas de la interminable resistencia apache*. En su grupo descolló una mujer: Lozen, quien era su hermana.

Los historiadores dicen que “cuando era una jovencita estaba considerada una gran belleza y la cortejaron muchos hombres”, sin embargo, “los rechazó a todos”. Cuando los chihenne quedaron bajo el liderazgo de Jerónimo, éste “no hizo nada para obligarla a casarse”. No tenía nada de rara: “Lozen escogió que su destino fuese el de una guerrera, cabalgando junto a los guerreros como hacía un buen número de mujeres apaches, y esperándose de ella que realizase las mismas hazañas que ellos”.

La observación es de David Roberts, autor de “Las guerras apaches. Cochise, Jerónimo y los últimos indios libres” (Edhasa – 2005). El título original es bastante más poético: “Once they moved like the wind”.

James Kaywaykla era el más joven de los chihenne en aquel grupo de irreductibles. La primera vez que vio a Lozen fue al intentar cruzar el vado del río Bravo. La corriente era peligrosa y nadie se animaba: “se produjo un gran jaleo y la larga hilera se partió para dejar paso a un jinete. Vi a una magnífica mujer montada en un hermoso caballo negro… Lozen, la hermana de Victorio. ¡Lozen, la mujer guerrera! Sostenía el rifle muy por encima de su cabeza. Hubo un destello cuando su pie derecho se elevó y golpeó el hombro de su montura. El caballo se alzó sobre sus cuartos traseros y luego se zambulló en la impetuosa corriente. Giró la cabeza del caballo contra corriente y éste empezó a nadar”. El resto de la partida la siguió.
Además de guapa frente a los rápidos, era diestra con el lazo. De niña, nadie le ganaba en las carreras a pie. Era tan buena tiradora con el rifle como sus compañeros y quizá por esa destreza, asumía la peligrosa misión de cuidar la retirada. En términos mapuches, era también lawentuchefe, porque vendaba las heridas de manera que nunca se infectaran. Al igual que su hermano, desconfiaba de los mexicanos y se oponía al comercio de mescal. Por sus hazañas y sabiduría, integraba con pleno derecho el consejo que tomaba las decisiones. “Lozen es mi mano derecha. Tan fuerte como un hombre, más valiente que muchos de ellos y una astuta estratega. Lozen es una protectora de su gente”, dijo Victorio a sus hombres.

Mujer de poder

Otra cualidad la diferenciaba: tenía el poder de determinar si el enemigo estaba cerca o no. Para averiguarlo, llevaba a cabo una llamativa ceremonia: se ponía de pie, alzaba los brazos y los estiraba, mientras giraba lentamente. Al mismo tiempo, entonaba un cántico, “una oración a Uzen”, según Roberts. Si sus manos temblaban y las palmas cambiaban de color, sabía que estaban señalando la ubicación de los soldados. Inclusive, podía precisar a qué distancia se hallaban. Kaywaykla, quien luego de la capitulación recibió la educación de sus captores, juraba que el ritual fue efectivo “una y otra vez”.
El que firma nunca estuvo en Arizona, Oklahoma o Nuevo México. Calcula que la abrumadora mayoría de las y los lectores, tampoco. Pero a través del cine, viajamos por sus montañas ásperas, sus senderos polvorientos y sus desiertos insondables infinidad de veces. La más reciente, gracias a “Nomadland”, la obra de Chloé Zhao que se alzó con el Oscar a la Mejor Película y que también consagró a la gran Frances McDormand como Mejor Actriz. Después de atravesar Dakota del Sur, Nebraska y Nevada, Fern (McDormand) y sus compañeras se introducen en el antiguo territorio apache. El personaje protagónico es ficción, pero Linda May y Charlene Swankie hacen de sí mismas, es decir, son auténticas nómadas contemporáneas.

El rodaje hizo escala en Yuma, al suroeste del estado, la primera localidad estadounidense para muchos de los inmigrantes que llegan desde el sur, pero la narración de Zhao no hace referencia alguna a ese drama. La trama también se detiene en Quartzsite, una pequeña localidad que cuenta con apenas tres mil habitantes. Su parsimonia se altera cada enero, cuando miles de casas rodantes y motorhomes se dan cita para participar de una feria, que también incluye piezas del mineral que da nombre al lugar: cuarzo. En el film, las tres amigas observan entre la admiración y la resignación a esas auténticas mansiones sobre ruedas, no muy coherentes con el romanticismo que pueda animar al fenómeno del nomadismo contemporáneo. Si bien la prensa apuntó que Zhao comenzó a encontrar su voz como cineasta en las reservas indígenas de Dakota del Sur, en “Nomadland” no hay referencias a las primeras naciones que vivieron y todavía viven, en los vastos territorios que Fern recorre en la búsqueda de trabajo y libertad.
Hollywood premia al nomadismo contemporáneo porque es inofensivo, no altera relaciones de poder y es consecuencia de la desesperación, antes que un acto de rebeldía. Que nadie se confunda: “Nomadland” es una bella película que, además, ya se había consagrado en el Festival de Venecia. Es la distinción de la industria cinematográfica hegemónica la que genera suspicacias.

Entre los más libres

El 15 de octubre de 1880, 350 soldados mexicanos cayeron sobre el grupo de Victorio. Iban armados con un fusil de triste recuerdo para el pueblo mapuche: Remington. Los chihenne presentaron combate, pero la escasez de municiones fue decisiva: perdieron la vida 62 guerreros y 16 mujeres, además de niños y niñas. Ningún hombre adulto sobrevivió. Lozen no estaba con su gente ese día, se había separado dos meses antes. Durante su ausencia, vivió una aventura increíble para asistir a una compañera embarazada que rompió bolsa cuando tenía encima una partida de la Caballería estadounidense. La mujer guerrera hizo las mil y unas para socorrerla y salvar al bebé, hasta que pudo conducir a madre e hijo a una de las reservas. Allí se enteró de la muerte de su hermano.
Lozen estaba junto el jefe chiricahua más famoso, la vez que soldados estadounidenses fusilaron a Nochedelklinne, a quien despectivamente, llamaban Soñador. El episodio está reproducido en “Gerónimo: una leyenda americana”, película de 1993 que todavía puede verse en Netflix.

Según el testimonio histórico de Daklugie, sobrino del guerrero, Lozen cabalgó con audacia hacia el campamento del Ejército y arreó buena parte de los caballos. Era buena para el lazo… Después de la refriega, se fueron de la reserva centenares de apaches. Poco tiempo después, en la Sierra Madre reunieron la mayor fuerza combatiente desde los tiempos de Cochise (1812-1874). Sus líderes, Nana, Juh, Jerónimo… y Lozen.

Lejos de quedarse tranquila en la retaguardia, la guerrera-médica cabalgó con la mayoría de los guerreros hacia la reserva de San Carlos, en jurisdicción estadounidense, para forzar la unión de todos los chihenne.

A pesar de languidecer en el confinamiento, no todos los apaches optaban por la rebeldía. Advertir el evidente crecimiento demográfico de los “ojos blancos” -huincas- provocaba resignación en algunos líderes. Entre las resignadas no estaba Lozen, que encabezó varios ataques contra las tropas mexicanas mientras se extendió la permanencia en la Sierra Madre. También estaba con sus pares cuando encontraron a las tropas que lideraba el general Crook. El jefe estadounidense había llegado a parlamentar. La suerte estaba echada de antemano, pero la historia quedó escrita con fuego: “a excepción de Jerónimo, Naiché y la indómita Lozen, el resto de nombres de la última banda de treinta y siete chiricahuas permanece en la oscuridad. Aun así, sus cinco meses de correrías durante el verano de 1886 puede ser recordados, con toda imparcialidad, como la más extraordinaria campaña de guerrillas nunca vista en el continente norteamericano”, escribió Roberts.
En abril del año siguiente, las autoridades estadounidenses decidieron mudar a los apaches cautivos hacia Fort Marion (Alabama). La tuberculosis comenzó a hacer estragos entre los sobrevivientes. Una de las primeras en perder la vida fue la rebelde más altiva. “Lozen, la mujer guerrera que sobrevivió a la muerte de la gente de su hermano Victorio en Tres Castillos, que cabalgó junto a Jerónimo hasta el final, sucumbió ante un bacilo por entonces desconocido, un enemigo microscópico ante el cual su poder no pudo hacer nada”, juzgó el historiador. En su lecho de muerte, Jerónimo solía recitar los nombres de los guerreros que integraron su última partida: Naiché, Perico, Chapo, Tissnolthos, Yanozah, Fun… y Lozen. El guion se escribiría fácil, pero para su nomadismo irredento, no se filmó película alguna todavía.

* Apache es un término impuesto que viene de otra lengua indígena. A sí mismos, los apaches se denominan diné, que significa simplemente, la gente. Chihennes y chiricahuas eran parcialidades de mismo idioma y cultura.

Fuente: En estos días