Las nuevas encrucijadas de América Latina


El desmantelamiento de la salud pública multiplicó los efectos de la pandemia y el desplome de la economía acrecentó la desigualdad. La derecha propicia regímenes autoritarios pero pierde comicios y figuras. Su crisis no indica el ocaso del neoliberalismo, pero expresa el viraje introducido por la nueva oleada de movilizaciones populares. Por Claudio Katz*

También el intervencionismo imperial quedó afectado por la derrota de Trump. En México y Argentina se verifica el nuevo perfil del progresismo moderado. El rumbo de la vertiente radical en Bolivia es una incógnita, Venezuela afronta adversidades mayúsculas y los logros de Cuba reavivan la esperanza.La construcción de la izquierda exige críticas y puentes con el PT y el kirchnerismo. Esa política contrasta con el abstencionismo autonomista o la neutralidad dogmática actualizados por la disyuntiva de Ecuador. La estrategia de radicalización pavimenta la batalla por otra sociedad.

La coyuntura regional está signada por el traumático escenario que generó la pandemia. América Latina ha sido uno de los epicentros internacionales de la infección, con dos países en el tope de fallecidos por millón de habitantes. Se vislumbra ahora el peligro de afrontar una segunda ola del Covid con pocas vacunas

El coronavirus se expandió en un terreno fértil para la explosión de los contagios, entre sectores empobrecidos y alojados en viviendas sin agua corriente. El hacinamiento impidió cumplir con los requisitos básicos del distanciamiento social y se registraron escenarios dantescos de venta de oxígeno, hospitales saturados y ausencia de camas.

Ese impacto fue más demoledor en las naciones afectadas por el desmantelamiento de la salud pública. En Perú, los testeos fueron totalmente inefectivos ante la ausencia de atención primaria a los infectados. El país más ponderado por el neoliberalismo encabeza el porcentual de víctimas fatales.

El negacionismo criminal de Bolsonaro multiplicó en Brasil el número de fallecidos. El alucinado presidente recorrió las playas con arengas contra el distanciamiento social, mientras se acumulaban los muertos por asfixia en las terapias intensivas. Obstruyó todos los rescates y propició el descontrol de la enfermedad entre los estratos de menores ingresos.

Esos despiadados extremos han coexistido en la región con la improvisación, en todos los países que subestimaron la enfermedad e introdujeron cuarentenas tardías o inefectivas. En Argentina las políticas de protección evitaron la saturación de los hospitales, las muertes en las calles y las sepulturas colectivas. Pero el número de víctimas escaló cuando se disiparon los resguardos. La campaña de erosión que motorizó la derecha socavó todos los cuidados que el oficialismo no supo preservar.

Cuba demostró la forma de evitar esas vacilaciones. Con una estrategia solidaria de organización territorial garantizó la prevención y logró estabilizar un bajo índice de mortalidad.

El gran desafío actual es acelerar la vacunación para asegurar el descenso de la infección. Pero América Latina no logra acceder a las demandadas inyecciones. En el debut del operativo internacional contra el COVID, las tres cuartas partes de las vacunas se han aplicado en 10 países avanzados. En 130 naciones que albergan a 2500 millones de habitantes todavía no se administró ninguna dosis y Sudamérica sólo recibió el 5% de las inmunizaciones distribuidas en el mundo.

* Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz

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Fuente: ANRed