A la Patagonia la hicieron trágica capitales con nombre y apellido


El centenario de los fusilamientos de peones en las estancias de Santa Cruz obliga a nuevas aproximaciones: el recuerdo de las víctimas integrantes de pueblos originarios; el carácter binacional de la represión a los trabajadores; y el hilo familiar y de clase que une a aquellos terratenientes con los poderosos de hoy. Por Adrián Moyano

Entre la ocupación del antiguo territorio aonik’enk por parte del Ejército Argentino y la represión que sufrieron peones rurales a manos del Regimiento 10° de Caballería, apenas si mediaron 40 años. En 2021, los acontecimientos que conocemos como la Patagonia Trágica o Rebelde, cumplen un siglo. Tanto el despojo que sufrió el pueblo aonik’enk (tehuelche del sur) como la masacre que padecieron los trabajadores, se inscriben en la historia del avance capitalista sobre espacios que, hasta entonces, quedaban fuera del alcance de las grandes potencias. 
“Ambos procesos se enmarcan dentro del marco de la violenta colonización de la Patagonia, en el lapso de tiempo que transcurre desde el último cuarto del siglo XIX hasta la década de 1920”, concuerda el escritor español José Luis Alonso Marchante. “Además, los dos tienen que ver con la creación del inmenso latifundio en la región”. El asturiano es autor del imprescindible “Menéndez, rey de la Patagonia” (Losada – 2014)) y conoce a fondo la concatenación de los sucesos. Desde Madrid, relató para En Estos Días que “en 1882, José Menéndez, el mal llamado rey de la Patagonia, funda su primera estancia en San Gregorio, a orillas del estrecho de Magallanes, justo en uno de los paraderos tradicionales de los aonik’enk. A partir de entonces, con la ocupación de su territorio y la expulsión posterior, los integrantes de este pueblo nómada deberán trasladarse a otros lugares comenzando un rápido declinar de su milenaria cultura”.

Tragedia engendra tragedia.

“En 1921, los principales fusilamientos de los peones rurales en Santa Cruz tendrán como escenario la estancia Anita, propiedad de Moritz Braun y Josefina Menéndez-Behety, la hija mayor de José Menéndez. Por supuesto, estas coincidencias no fueron casuales. Fue en este período de cuatro décadas cuando se dio forma al gran latifundio ganadero, que va a monopolizar la misma familia de terratenientes”, completó el historiador. 

EED: ¿Cuáles eran las características de los sectores capitalistas que propiciaron la represión de 1920-1921?    
JLAM: Los instigadores fueron las grandes sociedades ganaderas, propietarias de centenares de miles de hectáreas, tanto en territorio argentino como chileno, y dedicadas casi en exclusiva a la explotación del negocio ovino. En la mayoría de los casos, los propietarios eran extranjeros de origen europeo mientras que los capitales procedían de Gran Bretaña, que era quien compraba la mayor parte de la producción lanera. La moneda en la que se realizaban las transacciones era la libra esterlina y el inglés era el idioma oficial de patrones y administradores. Son explotaciones extensivas que necesitaban de grandes extensiones de tierra, que previamente fue despoblada violentamente de sus habitantes. Este proceso se llevó a cabo hostigando a los pueblos originarios que habitaban la región desde hacía miles de años, mediante asesinatos, deportaciones, esclavitud y robo de tierras. Más tarde se mantuvo deliberadamente una cifra muy baja de población, solamente la estrictamente imprescindible, impidiendo el establecimiento de pequeños colonos en las zonas rurales. Al examinar la correspondencia comercial de las grandes sociedades ganaderas, pude constatar que los peones que se quedaban en la región eran perseguidos por las fuerzas policiales, siempre al servicio de los latifundistas, y que además se les denominaba con el apelativo de “indios blancos”.

En la Argentina, conocemos los acontecimientos gracias al trabajo de Osvaldo Bayer, quien en su investigación no avanzó sobre la figura de Menéndez y tampoco reparó en las matanzas indígenas que José María Borrero, partícipe directo de los sucesos, denunciara en “La Patagonia trágica”. Pero no por nada Bayer fue quien escribió el prólogo para el libro de Alonso Marchante. “En el largo proceso de investigación, estudié documentos y testimonios de la época que acreditan suficientemente que esas matanzas y abusos contra los pueblos originarios están en el origen de la fastuosa fortuna de los Braun-Menéndez. Por ejemplo, en Tierra del Fuego, donde esta familia era dueña de casi el 100 por ciento de las tierras útiles para la ganadería, los selk’nam fueron desalojados violentamente de su territorio hasta el punto de perpetrarse un genocidio, ya reconocido oficialmente por el Congreso chileno. Cuando analicé los archivos salesianos, cuya misión de La Candelaria era vecina a las estancias de los Menéndez, los propios religiosos señalaban a sus empleados como reputados ‘matadores de indios’. Las mujeres y los niños eran capturados y posteriormente muchas de estas personas fueron deportadas forzosamente a isla Dawson, un traslado que se hacía precisamente a bordo del vapor ‘Amadeo’, el barco propiedad de Menéndez. En sus libros, el recordado Osvaldo Bayer señala muy acertadamente que fue el injusto sistema de trabajo que pusieron en marcha José Menéndez y otros, el responsable de las protestas obreras y de la brutal represión que siguió. Quizá si Bayer no profundizó más en la figura de José Menéndez fue porque el latifundista español murió en 1918, aunque insisto en que queda clara su responsabilidad en el estallido de las huelgas con el acaparamiento de tierras y las terribles condiciones de vida y de trabajo que impuso a los peones rurales de sus estancias ganaderas. En ‘La Patagonia rebelde’, Osvaldo Bayer definió a José Menéndez como ‘verdadero zar patagónico, un ser hecho de egoísmo, brutalidad, inescrupulosidad e insaciables ansias de riqueza’”, citó el español. 

EED: Salvo en Santa Cruz, en la Argentina suele creerse que la “Patagonia trágica” fue una cuestión “argentina”. Vos demostraste claramente que fue un proceso biestatal. ¿Lo podés explicar?    
JLAM: La “Patagonia trágica” se enmarca en la violenta represión del movimiento obrero patagónico que tuvo otras dos fechas principales, acontecidas al otro lado de la frontera. Se trata de la denominada Comuna de Natales, enero 1919, donde los obreros del frigorífico de Puerto Bories fueron duramente reprimidos cuando protestaron por la intolerable alza de precio de los productos de primera necesidad; y del asalto del local de la Federación Obrera de Magallanes en julio de 1920, sucedido en Punta Arenas y donde fueron asesinados varios de los principales líderes obreros. Además, entre los fusilados en Santa Cruz había una mayoría de jornaleros de nacionalidad chilena, muchos de ellos destacados líderes de la revuelta como Roberto Triviño o José Luis Descouvieres. Tanto Osvaldo Bayer como Luis Mancilla Pérez en su libro “Los chilotes de la Patagonia rebelde”, han documentado sobradamente la colaboración de las fuerzas represivas de ambos países para perseguir a los huelguistas rebeldes. Es por tanto un acontecimiento que afecta tanto a Chile como a Argentina y me consta que las Comisiones por la Memoria de los dos países, que realizan una importantísima labor, están trabajando codo con codo para conmemorar conjuntamente los 100 años de estos trágicos hechos. 

De hecho, en la noche del sábado, Alfonso Marchante tenía previsto participar de manera remota en una actividad con base en Chiloé, que se tituló “Fogón soberano por los 100 años de los chilotes de la Patagonia Rebelde”, con la participación de Isabel Soto, hija del célebre Gallego; el propio Mancilla Pérez e investigadores de universidades argentinas y chilenas, entre otros participantes. La consigna, clarísima: “¡Son nuestros muertos! Fue nuestra gente la que levantó una de las más importantes luchas obreras del continente. ¡Dignidad y reconocimiento para los Chilotes de la Patagonia Rebelde!”. 
Evocaciones como la chilota y como las que se preparan en Santa Cruz durante todo 2021 -con momento culminante el 7 de diciembre- no se explican solamente por una suerte de revisionismo histórico proletario. “El inmenso poder económico que alcanzaron José Menéndez y Moritz Braun fue heredado por sus descendientes, que lo acrecentaron todavía más, ya que invirtieron los fabulosos beneficios obtenidos con el negocio ovino en otros rubros, como la navegación, los establecimientos comerciales, compañías de seguros, bancos, etc. No existen precedentes de una colosal fortuna como la que pusieron en pie los grandes terratenientes de la Patagonia. Además, a lo largo de las décadas que siguieron estas familias han demostrado gran influencia en la vida política tanto en Argentina como en Chile”, destacó el historiador. 
Efectivamente, “un Menéndez fue el principal asesor civil del sombrío Pinochet durante la dictadura en Chile y un Braun (Marcos Peña) ha sido uno de los colaboradores principales del anterior presidente de Argentina. Otros miembros de la misma familia se erigieron en cronistas oficiales de la historia patagónica (Armando Braun Menéndez), construyendo un relato complaciente, en el que los ricos estancieros jugaron el papel de grandes hombres sin tacha que contribuyeron al progreso económico y al desarrollo regional. Sin embargo, excelentes trabajos de autores argentinos y chilenos han demostrado ya, con gran rigor, que la historia fue bien distinta a como nos la han contado”, resaltó. Además de los ya mencionados, autores como Nicolás Gómez, Isabel Ampuero y Alberto Harambour.

A la memoria hay que ejercitarla para que pueda sustentar nuevas dignidades.

Fuente: En estos días