Pueblo Mapuce: una historia de despojos y resistencias


Como parte de las voces que referencian a los pueblos, se presenta una entrevista de Victoria Ibáñez a la Kimeltufe Pety Piciñam, quién relata sus vivencias en el espacio comunitario y los procesos de reafirmación identitaria desde la propia cosmovisión del Pueblo Mapuce. Nos propone una profunda reflexión sobre los procesos de descolonización en el marco de las prácticas genocidas del Estado Argentino y en particular desde sus experiencias territoriales en lo que hoy es la provincia de Neuquén.

Para ello, recupera la histórica lucha del Pueblo Mapuce en el reconocimiento de sus derechos, problematizando los actuales desafíos para la efectiva proyección del kvme felen.

La entrevista fue realizada en el marco del proyecto de investigación 2019-UNRN-40-C-803 “Pueblos, estados y libre determinación. Estudio sociojurídico de Puelmapu y el Principat de Catalunya” (Sede Atlántica de la Universidad Nacional de Río Negro) y el Programa Memorias, Pueblos y Estados (Centro de Investigación en Derecho Crítico, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Nacional de La Plata).

Victoria Ibáñez (VI): Para empezar Pety te pido una breve referencia personal: tu nombre, tu rol en la organización mapuce y de tu identidad comunitaria. Y también si nos podés comentar algunas cuestiones vinculadas a tu familia y a la constitución de la Lof.

Pety Pichiñan (PP): Me dicen Pety Pichiñan. En realidad, ese es mi nombre mapuce, en el documento tengo mi nombre impuesto y está como Petrona Pereyra. Yo soy nacida y criada

hasta los doce años en la comunidad mapuce Ciwkvjiwiñ, el sonido es Chiukülliwiñ, está ubicada en lo que hoy es el departamento Huilliches en el sur de la provincia de Neuquén, como a 70 km de la ciudad de Junín de los Andes. Ahí me crie, junto a mi familia.

Además, tiene toda una historia el cómo llegamos hasta ahí. Tiene que ver con la historia de genocidio que sufrió el pueblo mapuce; estoy todavía buscando toda la información más concreta, porque es tan reciente todo lo que paso con el pueblo mapuce -no hace ni 150 años- que es difícil encontrarla.

Entiendo que fue mi bisabuelo el que fue elegido (entre comillas) para ser baqueano del ejército en los tiempos de la mal llamada “Campaña del desierto”. Él era muy joven, lo toman como baqueano y cuando supuestamente termina la campaña -digo, porque hay un tiempo en el que se dice que terminó la campaña del desierto con la entrega del logko Sayhueque-, es ahí cuando se les reconocen algunos derechos sobre las tierras y les dan los papeles que decían que “en reconocimiento al servicio prestado se le entrega la cantidad de 5.000 hectáreas de tierra”.

Y ahí ya se usa su nombre impuesto, que dice Juan Revillano Pereyra, y se nombra toda la zona -en los papeles que después encontramos en las actas de nacimiento y todo eso- que sería cerca del volcán Lanin, yendo para el Malleo. Lo que pasa es que cuando supuestamente acaba la avanzada del ejército, lo que sucede es que se van corriendo a los mapuce.

En esos tiempos entonces, el bisabuelo Juan Revillano Pereyra (su nombre mapuce es Piciñam) se instala en lo que hoy sería la comunidad mapuce Ciwkvjiwiñ -obviamente ellos le colocan ese nombre-. En ese lugar, que es un vallecito al pie de la cordillera y del volcán Lanin. Ahí el bisabuelo se organiza con su familia núcleo, no sabemos si la fue a buscar o ya venían con él; porque su lugar de origen estaba en lo que hoy es ciudad de Azul, en la provincia de Buenos Aires.

Él conforma familia -obviamente entendiendo también por las pocas averiguaciones que hemos podido hacer-; sus hermanas también se asientan ahí con él. Porque él era el beneficiario de esas tierras que le habían otorgado. Ahí entonces empieza a organizar la comunidad mi bisabuelo. Entendiendo también que había gente que venía siendo corrida de Gulu Mapu y de la zona, hoy Junín de los Andes. Él fue el que siguió recibiendo gente que venían siendo corridos por lo que se llamaba el malón.

El malón wigka que los fue corriendo… y así empezó a recibir a mucha gente que llegaba ahí a pedir refugio.

Entonces él también en su momento organizó el territorio. Y dijo, “del arroyo para este lado nos ubicamos nosotros que somos los primeros habitantes de este lugar, y del arroyo para el otro lado, se van a ubicar las personas que vienen llegando corridas por el ejército”.

Así fue que se conforma la comunidad, que obviamente allá por el ‘70 ya el gobierno de Neuquén -Sapag en aquel momento- en la organización de la provincia empieza también a ver que hay indígenas en distintos lugares de la provincia, y empieza a ver cómo va a hacer con esos indígenas que quedaron desperdigados por la provincia.

Y entonces empieza toda la imposición de una personería jurídica que el estado le entrega a las comunidades y ahí en ese tiempo fue que reconoce a dos personas que estaban ubicados en ese grupo de mapuce en Ciwkvjiwiñ, uno era Pereyra y el otro era Huala. Entonces la comunidad según el estatuto se llama Huala-Pereyra ubicada en el paraje Ciwkvjiwiñ, Departamento Huiliche.

Esa sería entonces la identidad territorial, que luego obviamente es la nuestra y la de las nuevas generaciones a partir del nacimiento de mi papá en la zona. Mi papá, tiempo después se junta con mi madre, que también obviamente su familia es muy cortita, ellos estaban siendo corridos en Gulu Mapu y estaban en lo que hoy es la comunidad Awkapan. Yo busqué esa información de cómo estaban registrados en las actas de nacimiento.

Entonces ahí mi papá conforma familia con mi mamá, que es de apellido Ñamku. A mi papá, que ya le había borrado su nombre de identidad mapuce con mi bisabuelo, le pusieron Manuel Pereyra. Y bueno, luego nacimos 13 hijos y nueve estamos aún vivos, mi papá y mamá ya fallecieron. Primero mi papá, justo después de la constitución del Primer Parlamento Mapuce en Neuquén, que fue el que dio origen a la conformación de la Confederación Indígena Neuquina.

Él fue parlamentario y al año siguiente falleció, de una enfermedad que no alcanzó a ser operado. Mi mamá falleció mucho tiempo después, por lo tanto, mi crianza en el conocimiento mapuce tiene mucho que ver con todo lo que nos enseñó nuestra madre. Yo tenía nueve años de edad cuando mi papá falleció y mi mamá se quedó a cargo de todos los hijos.

Así que mi infancia fue en la comunidad hasta los 12 años, que fui sustraída de la familia. Nos llevaron a mí y a mis dos hermanas menores -una de nueve y otra, Mari, de cinco años- a lo que era la Escuela Hogar Mamá Margarita (católica) que quedaba en pampa del Malleo. Hasta allí nos llevan y desde ese lugar ya fue difícil volver. Porque ya es como que se apropiaron de nosotras y ahí desde ese lugar me mandan al colegio María Auxiliadora, donde me dieron un título que no me sirvió nunca para nada.

Y ya no pude volver nunca a la comunidad, porque el estatuto que impone el estado neuquino decía que aquellos que salieron por más de dos años de su comunidad ya no podían volver. Ese estatuto fue fuertemente puesto en ejercicio por las autoridades mapuce de ese momento, porque era como una obligación que el Estado les imponía, de cumplir con ese estatuto. Y así fue que muchos jóvenes, como yo en ese momento, no pudimos volver a nuestra comunidad. Volvíamos, por supuesto, a las ceremonias; nunca perdimos el contacto, por lo menos en el caso de mi familia, pero no pudimos volver a vivir.

Eso es un poco la historia de relación con el territorio comunitario en el cual se desarrolló mi familia, y de ahí entonces es que se nos conoce como Pereyra y no como Piciñam.

También hay una historia contada por nuestros antepasados que todos aquellos que fueron tomados por el ejército como baqueanos se les impuso un apellido de alguien del ejército.

No sé si como adoptado, o se le ponía cualquier nombre que sea cristiano o español. Entonces las nuevas generaciones, en mi caso, fueron ya Pereyra. Y nosotros como parte del proceso organizativo, que surge a partir de la venida para acá, para Neuquén, de mis hermanos -antes ya había venido mi hermana casada- vienen a parar tres hermanos más. En ese tiempo, estaba lo que era la construcción de Alicurá, que estaba en pleno auge; ellos se venían a trabajar ahí y por lo tanto se venían a vivir a Neuquén.

Yo vine buscando (supuestamente todos venimos a eso) mejores condiciones para seguir estudiando y con la intención siempre de volver a mi comunidad. Asique ahí un poco la historia de cómo se corta esta relación, esta identidad del nombre mapuce que nosotros de alguna manera, por haber sido nuestra vida desarrollada en un ámbito comunitario mapuce donde había ejercicio de la espiritualidad, ejercicio del idioma mapuce, ejercicio de muchas actividades que eran propias del

pueblo mapuce; no perdimos tanto como otros hermanos que ya por tener el apellido impuesto pasaban desapercibidos y cuando entraban a la ciudad ya no eran mapuces. Porque eran García, Pereyra, Álvarez, o cualquier otro apellido. Entonces, también de esa manera tenían más posibilidades de no ser discriminados.

No portar con el apellido mapuce -también en ese tiempo- era como una forma de entrar, como nosotros decíamos, “teníamos que dejar de ser mapuces para ser alguien en la sociedad”.

Nosotros vinimos a Neuquén y desde acá comienza la historia de organización. Comienza desde el núcleo familiar de los Pereyra, los Wijipan, de lo Kvlalew, los Nawel. Nosotros acá empezamos a reunirnos como familia primero, a tomar mate, a compartir algunas comidas mapuce y a pensar, a pensarnos, como mapuce en medio de la ciudad, y con la firme convicción de nunca dejar ese lazo espiritual, comunitario. Y nos empezamos a organizar desde acá para volver en tiempos de ceremonia su especialmente. Y esa fue una muy buena elección, porque de esa manera nunca dejamos de fortalecernos, fundamentalmente en lo espiritual. […]

La entrevista completa puede encontrarse en el Revista ReDeA N° 16, o clickeando aquí:

Fuente: Revista ReDeA