Nagorno Karabaj: la historia de un conflicto siempre al borde de la guerra


Una guerra intermitente de baja intensidad enfrenta a Armenia y Azerbaiyán desde hace casi 30 años. Sin embargo, se trata de un enfrentamiento cuyas raíces se remontan -al menos- un siglo atrás. Por Santiago Mayor

Este fin de semana Armenia y Azerbaiyán tuvieron importantes batallas militares por el control de la región de Nagorno Karabaj. Ambos gobiernos se acusan mutuamente de una escalada del conflicto que los tiene enfrentados hace tres décadas.

La zona en disputa es ocupada de facto por tropas armenias desde la guerra que enfrentó a ambos países entre 1991 y 1994. No obstante se ha proclamado como un Estado independiente sin reconocimiento internacional, la República de Artsaj.

Por su parte, Azerbaiyán reclama que Nagorno Karabaj es parte integral de su territorio, tal como era hasta el conflicto bélico de hace tres décadas y así lo reconoce también Naciones Unidas.

La última escalada

Desde el cese al fuego que terminó con el conflicto a gran escala en 1994 se han dado varias escaramuzas en Nagorno Karabaj y las regiones aledañas (muchas también ocupadas por Armenia). En julio de este año el conflicto se había reactivado con acusaciones cruzadas de ataques de uno y otro lado.

Sin embargo, este fin de semana alcanzó su punto de máxima tensión. Según la versión del gobierno de Bakú, capital de Azerbaiyán, poblaciones azeríes fueron atacadas durante la madrugada del domingo por Armenia con “armas de gran calibre, morteros y artillería”. Es por eso que respondieron con un bombardeo “en toda la línea del frente” de acuerdo a un comunicado oficial.

Por su parte el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián, respondió que fue el país vecino el que inició las hostilidades y “declaró la guerra a todo el pueblo armenio”. Subiendo aún más el tono, el mandatario agregó: “Estamos listos para esta guerra, porque nos dimos cuenta de que el odio a los armenios propagado en Azerbaiyán no podía conducir a ningún otro resultado que no fuera la guerra”.

Tanto el gobierno armenio como el de la República de Artsaj decretaron la ley marcial, el estado de guerra y la movilización general de la población. Horas después el gobierno azerí tomó medidas similares.

De la pax soviética a la guerra

Gobernado por distintos reinos durante gran parte de su historia, Nagorno Karabaj y el resto del actual Azerbaiyán, fueron incorporados al Imperio Ruso en 1805. Asimismo, la guerra ruso-otomana de 1828-29 anexó parte de la actual Armenia que quedó bajo dominio de Moscú. 

Históricamente azeríes y armenios vivieron mezclados. Tras el genocidio armenio de 1915 perpetrado por Turquía y la I Guerra Mundial las fronteras de la región cambiaron varias veces en pocos años pero Nagorno Karabaj (de mayoría armenia) siempre fue parte de Azerbaiyán.

Finalmente en 1922 la recientemente creada Unión Soviética incorporó los territorios y conformó la República Socialista Federativa Soviética de Transcaucasia que duró hasta 1936 cuando nacieron las Repúblicas Socialistas Soviéticas (RSS) de Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

Ante los reclamos armenios por Nagorno Karabaj el gobierno soviético resolvió que sea una región autónoma (la RANK) pero dentro de la RSS de Azerbaiyán. Esta división político-administrativa fue refrendada por las Constituciones de la URSS de 1936 y 1977. 

La RANK tenía 5 diputados en el Consejo de Nacionalidades de Soviet Supremo de la URSS y 12 en el Soviet Supremo de la RSS de Azerbaiyán. Asimismo el armenio era el idioma oficial tanto en instituciones oficiales como educativas y medios de comunicación.

Sin embargo a finales de 1987, con el bloque soviético en decadencia y apoyo estadounidense, la agitación del nacionalismo armenio comenzó a resquebrajar a la RANK. En febrero de 1988 el Consejo Regional votó su incorporación a la RSS de Armenia. Los disturbios de los meses siguientes dejaron decenas de muertos agudizando el conflicto. 

La RSS de Armenia votó a favor de la anexión de la RANK en 1989, pero esto fue rechazado por la RSS de Azerbaiyán y el Soviet Supremo de la URSS. Pero la desintegración de la potencia comunista en 1991 abrió paso a un conflicto armado entre las nacientes repúblicas de Armenia y Azerbaiyán por el control de Nagorno Karabaj. La guerra se extendió hasta la firma de un cese al fuego en 1994.

Durante la guerra se llevaron a cabo limpiezas étnicas de azeríes tanto en Nagorno Karabaj, como en distritos aledaños y en la propia Armenia donde vivían unas 200 mil personas de esa nacionalidad. Un millón de personas fueron desplazadas forzosamente. Lo propio padecieron las y los armenios residentes en Azerbaiyán.

Con el aval de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y varias resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se estableció que Nagorno Karabaj debía seguir siendo una región autónoma dentro de Azerbaiyán. A pesar de esto las Fuerzas Armadas de Armenia nunca se retiraron de la región y mantienen ocupados, además, otros siete distritos alrededor que consideran una “franja de seguridad”. Es decir que Azerbaiyán sufre, de facto, la pérdida de casi una quinta parte de su territorio.

El difuso estatus de la región dio nacimiento a la República de Alto Karabaj que en 2017 pasó a denominarse República de Artsaj. Esta no es reconocida por ningún país del mundo, ni siquiera Armenia aunque su existencia depende del respaldo del gobierno de Ereván.

El juego geopolítico

El rol de las potencias regionales y mundiales no es menor. Históricamente Turquía tiene buenas relaciones con Azerbaiyán producto de su enfrentamiento histórico -genocidio mediante- con Armenia. Es así que el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan ya declaró el apoyo total a su aliado si el conflicto bélico escala.

Por su parte Rusia, si bien se presenta como mediadora, posee una base militar en territorio armenio y un vínculo más estrecho con Erevan. Esto es lo que, en los hechos, ha generado una especie de empate irresoluble a lo largo de las décadas y disminuye las posibilidades de una nueva guerra abierta.

Finalmente la Unión Europea y EE.UU. juegan un rol secundario, de declaraciones que buscan la paz pero sin una intervención concreta que aporte una resolución efectiva. En el caso de Washington esto tiene un fundamento: se inscribe en su doctrina militar denominada “Balcanes Euroasiáticos” que apunta a generar un “caos periférico” alrededor de Rusia con el fin de desestabilizarla como potencia rival.

Fuente: Notas de periodismo popular