Siete años del pacto Chevron-YPF: la crisis de Neuquén es la crisis del fracking


Reproducimos el siguiente comunicado de prensa emitido por la Multisectorial contra la Hidrofractura de Neuquén, el pasado 28 de agosto, el cual firman distintas organizaciones sociales, instituciones y ciudadanos de la provincia de Neuquén. La Fundación Adalquí acompaña los argumentos expuestos.

A siete años del Pacto Chevron YPF, seguimos afirmando que el fracking y la política de beneficiar a las petroleras para esperar que alguna vez la riqueza se derrame y alcance para todxs, solo han significado contaminación, empobrecimiento y profundización de las desigualdades. La crisis petrolera que se venía anticipando se ve agravada por la pandemia, afectando la ya difícil realidad de la gran mayoría de la población.

Desde 2013 el presupuesto provincial mantiene una alta dependencia de los ingresos vinculados al petróleo, al tiempo que el gobierno no para de endeudarse. Por otro lado, las inversiones millonarias anunciadas en los títulos de los diarios y medios más importantes de la región, que le han servido al gobierno provincial de campaña política, no implicaron mejoras sustantivas para una buena parte de la población.

Mientras la extracción crecía, los precios de las naftas, el gas y la electricidad se dispararon, transfiriendo nuestros ingresos a la caja de las petroleras privadas. La tan nombrada soberanía energética no ha llegado a los sectores postergados y, por el contrario, la suba de precios de la energía ha empujado la inflación a niveles imposibles para la gran mayoría.

Los primeros años supuestamente exitosos de Vaca Muerta han sido una gran burbuja que solo sirvió para que se beneficien las grandes petroleras. Esta lógica voraz se configura como base del capitalismo, haciendo que las peores consecuencias sean padecidas por los sectores más empobrecidos por el mismo sistema.

En estos años se constata, por un lado, que los trabajadorxs de la industria petrolera sufren un aumento de la flexibilización laboral y la precarización, registrando aumentos de accidentes y muertes en paralelo a la mayor explotación. Por otro lado, quienes vivimos en la provincia, lejos de beneficiarnos de una supuesta bonanza petrolera, sufrimos los problemas de acceso a la tierra y la vivienda, desocupación, sueldos en cuotas y ajuste presupuestario en áreas vitales. Esta expansión de la desigualdad habilita el desarrollo del narcotráfico, lo que favorece la ampliación de diferentes consumos problemáticos.

La expansión de la frontera hidrocarburífera ha llegado hasta nuestros ríos, reservorios de agua, zonas pobladas y productivas en donde cotidianamente se registran hechos de contaminación que intentan ser ocultados por todos los medios. Sumado a esto, los basureros petroleros siguen con sus grandes negociados sacando beneficios del supuesto saneamiento, incumpliendo la normativa y poniendo en riesgo a trabajadorxs y vecinxs. A su vez, la profundización de la extracción coincide con el aumento de la actividad sísmica en las zonas de mayor concentración de pozos.

En estos tiempos en los que el mundo discute el abandono de los combustibles fósiles y las consecuencias del cambio climático, vemos cómo en nuestros lugares la expansión incontrolada de la actividad petrolera el agua, la tierra, y el aire, empeorando drásticamente la calidad de vida de la mayoría de la sociedad limitando las alternativas para el futuro.

Esta violencia extractiva, es matriz estructurante en nuestro territorio del capitalismo colonial racista heteropatriarcal, que impregna todas las dimensiones desde las cuales somos, estamos y sentimos. Es el extractivismo violento que se encarna sobre los cuerpos-territorios de las mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binares, profundizando las desigualdades de géneros y acentuando las violencias machistas/sexistas. Es el extractivismo violento que condiciona profundamente nuestros sistemas de vida, y que quiere imponer las vidas que merecen ser vividas. Es el extractivismo violento que atenta contra nuestra dignidad y que rasga el tejido social comunitario que vamos entramando y sosteniendo cotidianamente. No hay conflicto por los territorios y los bienes comunes que no atraviese nuestros cuerpos, porque son nuestros cuerpos-territorios los que ponemos en los espacios de resistencia.

Se repiten en estos años la represión y criminalización al pueblo Mapuce y a quienes luchan contra el saqueo. Se desoye cada vez que las poblaciones locales, como en el caso de Vista Alegre, se pronuncian contra el fracking.

En resumen, el manejo de los hidrocarburos de la provincia ha sido un buen negocio para las petroleras y un pésimo negocio para la inmensa mayoría de la población. Seguir apostando todo al fracking es un gran error que pagamos quienes vivimos y vivirán en la provincia.

Reclamamos políticas alternativas que diversifiquen la matriz energética y productiva de la provincia. En este sentido, nos gustaría saber cuánto dinero de los mega-anuncios de inversión en no convencionales ingresó efectivamente a las arcas provinciales y cuánto de ese dinero se utilizó en la diversificación productiva y energética, tal como el gobierno prometió en agosto de 2013, cuando convalidó el Pacto Chevron-YPF mientras se sostenía una brutal represión afuera de la Legislatura. Es urgente crear fuentes laborales en otras ramas de la producción.
Debatir una alternativa requiere ser conscientes de la gravedad de este presente. La energía es un derecho, que no nos tiene que costar la vida, ni la salud. Es urgente hacer oír las voces disonantes sobre el manejo de los bienes comunes naturales.

Convocamos a las organizaciones sociales, a los diferentes sectores y actores de la sociedad, a las universidades a comprometerse con la denuncia de esta situación. Llamamos a defender los bienes comunes, a hacer valer los derechos del Pueblo Mapuce y de cada población local. Llamamos a valorar el lugar que habitamos y a recuperar el saber del cuidado y la conciencia colectiva en el uso de los bienes naturales.

Queremos construir otra humanidad, una humanidad que ponga en el centro la sostenibilidad de la vida, que politice las existencias. Una humanidad donde sigamos entretejiendo los vínculos que arman comunidad, donde lo comunal nos extienda las posibilidades de acción y de autonomía. Porque lo común amplía las condiciones de posibilidad de vidas que merecen la pena ser vividas. Una vida posible se convierte en una vida cierta cuando se cuida siempre en común.

Invitamos una vez más a encontrarnos para organizarnos y hacer oír nuestras voces.

Firman: Multisectorial contra la hidrofractura de Neuquén. Zonal Xawnko (Confederación Mapuche), La Revuelta Colectiva Feminista, Observatorio Petrolero Sur, RED Ecosocialista – MST, Marabunta corriente social y política, vecinxs de Neuquén y alrededores.

Fuente Observatorio Petrolero Sur