Los asentamientos en Viedma no empezaron el otro día


Viedma es una ciudad que ha atravesado -y aun lo hace- varios procesos de cambios demográficos y socio-territoriales. Siendo una región históricamente habitada por diversas comunidades y miembros de los pueblos originarios, estos fueron desconocidos por las elites gobernantes del Estado-Nación que se autoerigió en autoridad legítima. Atribución que utilizó para  implementar el genocidio y sometimiento de estas comunidades, con el objetivo de “ampliar y unificar un territorio nacional”, consolidar la “soberanía argentina” y establecer un modelo agro exportador orientado a convertir al país en un gran productor de materia prima. Columna sobre Derecho y Sociedad*.

No obstante, el ciclo económico expansivo que caracterizó a la región a fines del siglo XIX, relegó a esta zona a una reducida actividad comercial. Desde entonces, la ciudad se perfiló como una localidad de corte netamente administrativa, con una parte de los vecinos que fueron determinantes para la consolidación de Viedma como ciudad capital, vinculando su desarrollo a la suerte de la burocracia de los territorios nacionales que tenían su asiento principal en la ciudad.

En efecto, ya en 1886 el Consejo Municipal de Viedma, integrado por vecinos radicados en la zona, planteaba la problemática de la venta de terrenos de los pueblos preexistentes que pasaron a considerar fiscales, incluso en franca violación de los acuerdos de paz firmados por el propio Estado con los representantes del Pueblo-nación originario.

Para ellos, el problema se reducía a que su adquisición privada requería una solicitud y autorización del Gobierno Nacional, que nunca llegaba. Fueron los mismos asentados quienes ejercieron su derecho de protesta y disidencia social -incluyendo las vías de acción directa y en muchos casos la desobediencia legal al Estado- “tomando” suelo (rural y urbano) material y legítimamente de los pueblos indígenas, pero pretendidamente usurpado a dicho Estado.

De esa forma es que levantaron sus hogares y modificaron el hábitat, tapando las bocas de entrada de las aguas del río Negro que venían de la Laguna El Juncal, las cuales inundaban las zonas aledañas al ejido urbano. Esta realidad no difiere mucho de los acontecimientos que se darán durante esos tiempos y también varias décadas después (desde 1950 y años siguientes). Aunque claro, la diferente capacidad para incidir en la burocracia a los efectos de regularizar los respectivos “justos títulos” de dominio, irá ensanchando la segmentación social entre poseedores y desposeídos del valle inferior del rio Negro.

Es en este contexto que deben comprenderse los problemas del derecho al suelo, la vivienda y el hábitat en Viedma. Ni el acceso a ellos es un dilema incipiente en la localidad, ni son novedosos o solo contemporáneos nuestros asentamientos por ocupación en infracción a normas administrativas o de ordenamiento urbano del Estado argentino.

De hecho, mientras no se reparen los daños políticos, sociales, económicos y culturales de los imprescriptibles delitos de genocidio, cometidos en ocasión del terrorismo de estado desplegado por lesa humanidad al pueblo mapuche-tewelchelafkenche del puelmapu, la clase apropiadora y privatizadora del territorio, seguirá viendo, inerme, la conflictividad social por la disputa del espacio público de la ciudad.

Por eso, moverían a risa, si no fuese por su inaceptable cinismo, que los descendientes de apellidos de falsa alcurnia regional, cual potentados cajetillas que todo lo robaron a los pueblos originarios y hasta al ladrón que fue su propio Estado, se rasguen las vestiduras señalando a los otros, los indios de las villas, de los barrios del otro lado de la circunvalación, como que son de las tomas, que son usurpadores, que no tienen perdón de dios porque no tienen dignidad.

Sin dudas, la ocupación y habitabilidad del territorio fue y es uno de los principales aspectos que han definido las agendas políticas –y a la postre, el favor o condena popular- de las autoridades locales de todas las épocas.

Tanto, como el desborde social de cierta legalidad de menor jerarquía para garantizar el superior derecho de acceso al suelo, la vivienda y el hábitat a todos –todos!- los sectores sociales de Viedma, ante el negacionismo de la caduca entente territorio-estado-nación argentino.

  • La columna es producida y escrita por Dino Di Nella

Para citar este artículo:

DI NELLA, D. (2020). “Los asentamientos en Viedma no empezaron el otro día”, en Apostillas sobre Control Social y Derechos Humanos (ISSN 2718-6229) el 27/08/2020. Enlace:  https://www.adalqui.org.ar/blog/2020/08/27/los-asentamientos-en-viedma-no-empezaron-el-otro-dia/