Razones históricas de los anhelos de soberanía del pueblo nación catalán


Hay poblaciones, como la española o la francesa, que se erigen en naciones surgidas de la necesidad de justificar y dar cohesión interna a super estructuras estatales artificiosas, conformaciones que se fueron dando a lo largo del proceso anexionista y subordinacionista de pueblos no solo de ultramar. Columna del Col·lectiu dels Països Catalans de Viedma-Patagones

Emprendidos por esos estados imperialistas-nacionalistas, han tenido que recurrir a la metafísica más demagógica (España, como unidad de destino en lo universal; Francia por su Liberté, Egalité, Fratertiné; etc.) para presentar como un todo, lo que no eran ni son más que pueblos naciones diversos sometidos al arbitrio e interés de la clase dominante de una sola de ellas.

El principio de autodeterminación de todos los pueblos naciones del mundo (y no solo de los que han logrado “primeriar” el control hegemónico de las estructuras soberanas de un determinado estado), continúa siendo, así, una cuestión candente en la política internacional e interna de los estados de conformación sociológica plurinacional.

Els països catalans son parte de esa historia de pueblos-naciones sin estado propio o subordinados a estados que no los representan. Ya entre los años 988 y 1714, Catalunya fue “un país soberano”, con todas las características que hoy definen un país independiente. Primero en solitario, y más tarde confederado con otras estructuras de gobierno en diferentes estadios y formas, pudo mantener sus representantes (Condes, Reyes, Virreyes, Diputados), sus Instituciones (Cortes, Generalitat, Cancillería, Tribunales de Justicia), Leyes propias (Usos y más adelante Constituciones desde de 1283, la última en 1706), también el ejército (Almogàvers, Miquelets, coronel, Tercios), la moneda y los embajadores (Cónsules de Mar), y la firma de tratados con otros estados (Corbeil con Francia 1258, Génova con Inglaterra 1705). Ciertamente, formaba parte de lo que contemporáneamente denominaríamos un estado confederal de países (la confederación catalana-aragonesa) que respetaba las características y singularidades de todos sus integrantes (Aragón-la franja de ponent, Principat de Catalunya, País Valencià, Iles Balears-Mallorca, Cerdenya, Sicilia, y Catalunya nord).

Todo esto, se interrumpió cuando se produjo la ocupación castellana de 1714, que redujo a este país a la condición de colonia del Imperio Español. En la época se hablaba del “fin de la nación catalana”, a raíz de que Felipe V emitió el Decreto de Nueva Planta, aboliendo la soberanía legislativa, financiera y jurídica de Catalunya, e imponiendo su propio control absolutista, en ejercicio del pretendido uti possidetis juris del derecho romano, que había servido siglos antes para autorizar a la parte beligerante a reclamar el territorio que había adquirido tras una guerra, y utilizado históricamente con la ambición de legitimar conquistas territoriales.

Pero a lo largo de los últimos cinco siglos, varios pueblos naciones igualmente subyugados por el Imperio Español, y considerados simplemente, como territorios de la monarquía o constitucionalmente españoles al mismo nivel que cualquier provincia peninsular, incluidas en la pretendida -y facticamente desmentida- unidad permanentemente indivisible e indisoluble de España, se constituyeron en estados independientes (entre otros, Países Bajos (1581); Portugal (1640); Ecuador (1809); Colombia (1810); México (1810); Venezuela (1811); Paraguay (1811); Argentina (1816); Uruguay (1816); Chile (1818); El Salvador (1821); Perú (1821); Panamá (1821); Nicaragua (1821); Honduras (1821); Costa Rica (1821); Guatemala (1821); República Dominicana (1821); Bolivia (1825); Cuba (1898); Filipinas (1898); Guinea Ecuatorial (1968) y Sahara Occidental (1976)). Todas esas las independencias fueron ilegales, puesto que ni en la legalidad española ni en la legalidad internacional estaban reconocidos como pueblos de colonias ultramarinas (a excepción de los dos último casos, en que la ONU sí los había catalogado como colonias de ultramar).

Obviamente, el estado imperialista español no reconoció nunca el derecho a la autodeterminación de ninguno de estos países y nunca aceptó un ejercicio de autodeterminación ordenado y pacífico. Todos estos elementos explican las razones históricas del pueblo nación catalana en su anhelo de recuperar la soberanía que les fue arrebatada y su devolución, así como su pretensión de ejercer su derecho a la autodeterminación.