Bolivia y una tensa situación política


Tras varios días de bloqueos extendidos por más de 200 puntos de la geografía boliviana en manos de los trabajadores y organizaciones sociales que nuclean a campesinos, indígenas y al pueblo pobre, el gobierno golpista que preside Jeanine Áñez amenaza con intensificar la represión que ya inició en algunos puntos clave. Por Jorge Montero

La ‘mesa de diálogo’ convocada por el gobierno de facto el fin de semana, terminó en un rotundo fracaso. En respuesta las clases explotadas redoblaban el lunes los bloqueos, mientras fuerzas militares, policiales y parapoliciales reprimían el área de La Ceja, que une La Paz con El Alto, y el bloqueo de la ruta que va de La Paz a Santa Cruz.Los grupos armados fascistas como la Unión Juvenil Cruceñista (de Santa Cruz de la Sierra) y Resistencia Juvenil Kochala (de Cochabamba), conducidos por dirigentes derechistas como Luis Camacho (uno de los protagonistas del golpe de Estado de noviembre) o el empresario croata Branko Marinkovic (impulsor de la guerra secesionista de la medialuna del oriente boliviano en 2008) y que acaba de ser nombrado ministro de Planificación del Desarrollo, salieron a hostigar violentamente a las clases explotadas bolivianas que luchan por sus derechos elementales.

La medida de fuerza puesta en marcha hace ocho días por la Central Obrera Boliviana (COB) y el Pacto de Unidad (que nuclea organizaciones campesinas y originarias) logró paralizar al país, al tiempo que su endurecimiento parece comprometer la estrategia del “masismo” para encontrar una salida democrática-electoral al golpe que entronizó a los sectores más retrógrados de la sociedad boliviana en noviembre pasado.Se suceden los llamados a la moderación por parte de los candidatos del MAS y del derrocado presidente Evo Morales: “Bolivia vive momentos difíciles. Los dirigentes y las bases sociales movilizados deben optar responsablemente entre la renuncia de Áñez que postergará aún más nuestro retorno a la democracia o elecciones prontas con la garantía de Naciones Unidas”, señaló Morales en un mensaje este domingo. Insistió en que “las bases movilizadas deben reflexionar y decidir sobre la propuesta de un documento para salir de la crisis que fue negociado entre el TSE (Tribunal Supremo Electoral), las organizaciones sociales y Naciones Unidas, como garante, para fijar una fecha de elecciones definitiva, inamovible y blindada por ley”.

La intransigencia del gobierno dictatorial está provocando que se radicalicen y masifiquen las protestas. Los bloqueos pasaron de 80 el primer día de lucha a más de 200 este lunes. El reclamo primigenio era por el elemental derecho popular a elegir sus representantes, mientras ahora crece la demanda por la ‘renuncia’ del gobierno golpista de Áñez. Detrás de la negativa a realizar elecciones, hay un trasfondo social crítico para el pueblo pobre boliviano: la pandemia hace estragos mientras el gobierno solo apela a confinamientos represivos; es constante el hostigamiento racista hacia la población originaria; se disparan en flecha la desocupación y la miseria; mientras no cesa el número de muertos y detenidos entre los opositores a la dictadura.

Al igual que tantas otras veces a lo largo de su historia las masas bolivianas se encuentran entre la amenaza represiva a la que pretenden someterlas las clases dominantes, y la posibilidad cierta de una radicalización que recupere el camino que abrieron los grandes levantamientos populares que, como las llamadas “Guerras del Gas” de 2003 y 2005, llevaron a Evo Morales a la presidencia del país.

Fuente: ANRed