El Cordobazo: repercusiones en la situación gremial, política y social

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Luego de tres años de la dictadura encabezada por el Gral. Juan Carlos Onganía, la situación económica y social cambió. Por una parte la crisis económica se hizo sentir en los sectores populares. Por otra, la lucha antidictatorial pasó a otro plano, con manifestaciones que fueron desde alzamientos populares como el Cordobazo, hasta conflictos obreros de gran significado; surgieron organizaciones obreras combativas y clasistas; y se produjeron acontecimientos sociales y políticos de suma importancia en el devenir del país. (*)

¿Qué significó el Cordobazo y los Azos del 69?

La Marcha del Hambre de Villa Ocampo (Santa Fe), las protestas de los estudiantes correntinos, el “I Rosariazo”, el Tucumanazo, el Cordobazo y el “II Rosariazo”, el alzamiento en Cipolletti, terminaron de derrotar el proyecto “sin límites” de Onganía.

Expresaron la explosión de la bronca, acumulada en varios años de deterioro económico-social, opresión política y gremial, sumado a la proscripción del peronismo, pérdida de conquistas históricas de los asalariados y deseos de cambios.

Desde 1969, todo se aceleró y constituyó un punto de viraje en la evolución del país. Se vivió un proceso de cambios entre los trabajadores, estudiantes universitarios,  partidos políticos y en las principales tendencias que se expresaban dentro de la dictadura.

Esos alzamientos populares tuvieron como protagonistas fundamentalmente a la clase obrera y a los universitarios, que fueron sin duda algunas de las fuerzas con que contó el movimiento anti dictatorial.

Por un lado, se puso de manifiesto el estado que había alcanzado la radicalización de la conciencia política de importantes sectores de la sociedad y el profundo rechazo a la dictadura.

Esos movimientos de masas actuaron como factores de presión para cambios dentro del propio gobierno nacional y dejaron dos consecuencias: comenzó a enterrarse el proyecto que no tenía plazos, y se inició un proceso político en toda la sociedad.

Las grandes movilizaciones demostraron la capacidad de lucha, creatividad y solidaridad del pueblo. Las asambleas obreras populares, algunas espontáneas, que se realizaron en Rosario y Córdoba, en las jornadas de mayo y septiembre, reuniendo en su seno a los obreros, estudiantes universitarios y a gran parte de la población pobre de los barrios tomados, rodeados de barricadas, y en algunos lugares con la población ejerciendo el poder de policía, por ejemplo, el de permitir la salida de los bomberos tomados para sofocar incendios, controlar la entrada y salida de los barrios, también constituyeron una forma embrionaria de los órganos de poder, con democracia directa, abarcando ya a toda una ciudad. Pero su insipiencia y en gran medida la ausencia de una verdadera organización, no permitió la unificación de las asambleas barriales entre sí, a través de delegados electos, en un consejo único de la ciudad.

Entre los trabajadores, e incluso vastos sectores de la pequeña burguesía, se evidenciaba un descrédito total en los partidos políticos tradicionales. Nada se esperaba de los militares o de un golpe de estado, no existían posibles soluciones alrededor de la “salida electoral” y el parlamento. Al mismo tiempo crecía la avidez política, aumentaba la participación en las asambleas y se registraban fenómenos como los señalados, que indicaban en las masas una fuerte tendencia a la democracia directa, de abajo-arriba, apuntando a la participación real y efectiva, en la discusión y elaboración de las diversas políticas puestas en juego.

La situación social mostraba a las luchas relativamente crecientes de la clase obrera, que daban la pauta de una tendencia espontánea podemos decir, del mismo proletariado hacia la constitución de otros órganos de lucha, además del sindicato.

Decimos “otros órganos de lucha” para expresar la composición de los mismos: estaba claro que en ese momento no se le podía dar un nombre específico como ser asambleas, consejos, etcétera, pues no nos parece correcto arriesgar una denominación en ese sentido, composición con un claro contenido de clase en el sentido que expresaba socialmente una composición no de tipo “gremialista” como el sindicato, sino de organización obrera: nuclear a proletarios de distintos gremios e incluso sectores populares no proletarios, cuyos objetivos, si bien no claros en política, trascendían las reivindicaciones gremiales para orientarse a los reclamos políticos. Hablamos siempre por supuesto en el marco de una relativa espontaneidad.

El “Choconazo”

Posteriormente, en el conflicto de los obreros de El Chocón, durante diciembre del 69 y enero de 1970 (a diferencia de lo que señalamos más arriba para el Cordobazo y los Rosariazos), aparecieron algunos caracteres de mejor organización y conducción, pero no alcanzó a salir de los marcos señalados, aunque se logró una mayor permanencia y organicidad.

La acción política de los trabajadores reveló a partir de ese año un sentido en su desarrollo, caracterizado por una tendencia a la unidad como clase y el alineamiento junto a él de las masas explotadas, las manifestaciones callejeras y la democracia directa.

El impacto abrió un profundo debate entre la militancia, donde las diferencias aumentaron, se puso en cuestión a los partidos populares, planteos, métodos, ideas y las formas de resolución de los conflictos sociales o políticos.

Se fracturaron y estallaron los partidos tradicionales de la izquierda; además la polémica se extendió entre el activismo peronista, donde surgieron nuevos grupos y organizaciones. En los pasillos y las aulas de las Universidades tanto estudiantes como docentes polemizaban desde el tipo de Universidad que necesitaba el país hasta las transformaciones necesarias.

En las fábricas y los gremios, los intercambios de opiniones se dieron sobre distintas problemáticas de los trabajadores y la sociedad. Aquí se adoptó una forma más encubierta, más en grupos. Las asambleas y los debates en las fábricas llegarían con los conflictos sindicales.

El tema principal de la controversia en la izquierda y el peronismo era el tipo de “revolución” para la Argentina. Lo que se polemizaba era qué tipo de cambios y la forma de concretarlos.

La clase obrera desde 1969 vivió uno de los periodos más ricos en experiencias de su historia, con luchas en la legalidad y la clandestinidad, con derrotas y triunfos. Enriqueció las vivencias de varias décadas anteriores, como los cuerpos de delegados, comisiones internas, el accionar de los sindicatos, el ejercicio de la democracia directa, tomas de fábricas, organización de huelgas, paros activos, movilizaciones.

Se produjo un puente histórico entre generaciones con conocimientos y hábitos distintos, y la síntesis de ese proceso llevó a nuevos intentos y así se sucedieron acontecimientos, algunos rescatables y otros no. Vale la pena mencionar las luchas que venían desde de la Resistencia en las fábricas y barrios obreros luego del golpe del 55; las importantes huelgas y conflictos durante el gobierno de Frondizi y la implementación del represivo Plan Conintes; los Programas de La Falda y Huerta Grande; el Plan de Lucha de la CGT entre mayo de 1963 y julio de 1965, que incluyó la ocupación simultáneamente de miles de fábricas en una jornada.

Esa luchas se unen al surgimiento de la “CGT de los Argentinos” con su Programa del 1º de Mayo de 1968, el protagonismo en el Cordobazo y el II Rosariazo, las puebladas en Villa Ocampo, Gral. Roca, Casilda, Malargue, pasando por el surgimiento de las Ligas Agrarias, la huelga en El Chocón, las posiciones antidictatoriales, el accionar de los gremios combativos de Córdoba, como Luz y Fuerza y SMATA, las experiencias de los gremios de la Zona Norte del Gran Rosario, como el SOEPU y la Intersindical de San Lorenzo, el SINTER, el nacimiento de los gremios clasistas, las luchas del SITRAC-SITRAM, el Viborazo, el Villazo del 74, la CGT clasista de Salta, el poder creciente de las comisiones internas, las tomas de fábrica con control obrero de la producción, las Coordinadoras de Gremios en Lucha que surgieron durante el “Rodrigazo” en el 75 que derrotaron el Plan de Rodrigo y el proyecto de López Rega, entre otros.

Imagen de El “Cordobazo”

De esa manera, el choque entre los intereses de las clases dominantes y la clase obrera se fue dando con distintos tonos, variadas formas de enfrentarse, con negociaciones, acuerdos, rupturas, represiones, consensos pasivos, insurrecciones populares, puebladas, congelamientos salariales, distribución populista, pacto social, paritarias acordadas, otras no homologadas, planes represivos, movilizaciones militares contra los trabajadores, leyes antiobreras, paros “materos” y paros activos, etc.

La clase obrera fue creciendo en conciencia, organización, nuevas formas de lucha. Se fue dando la incorporación de nuevas camadas de jóvenes obreros, con grandes movilizaciones, con poder creciente al interior de las fábricas, la construcción de una íntima relación con el movimiento estudiantil universitario, la práctica constante de la democracia directa, con asambleas masivas al interior de las fábricas, en los sindicatos, calles y plazas.

La etapa abierta pos Cordobazo, fue un periodo de grandes cambios, en la que surgieron partidos políticos con un claro planteo antisistema, gremios clasistas, combativos, grupos político-militares. Mientras que la movilización popular y la lucha de clase fue en ascenso.

Un tiempo plagado de sueños, encantamientos y de esperanzas por quienes los protagonizaron. Años idealizados por algunos y descalificados por otros. Años en que apareció una verdadera contracultura en las artes, las letras, la vida cotidiana, la sexualidad, la vestimenta, las costumbres. Y, como escribió Adolfo Gilly, años que marcaron una “esquina peligrosa, una de aquellas en donde la historia pudo haber dado un viraje”.

El movimiento obrero a partir del Cordobazo

En el desencadenamiento de las luchas de mayo y septiembre del ‘69 jugaron un papel relevante el estado de ánimo de la clase obrera por un lado, el papel de la CGT de los Argentinos (CGTA), las fuerzas de izquierda de raíz marxista -estas últimas con peso fundamental en el movimiento estudiantil-, y un sector del peronismo.

Trataremos de analizar la evolución en el movimiento obrero, el proceso de la CGTA conducida por Raimundo Ongaro y la tendencia del desarrollo de las distintas fuerzas políticas en el seno de la clase obrera.

Era frecuente decir que la CGTA había desaparecido, creemos que eso merece una explicación más detallada.

Por un lado, un grupo con Ongaro a la cabeza era cada vez más débil e incluso desde el ángulo sindical no tenía prácticamente expresión real. Otro sector, abandonó la CGTA en forma progresiva y constituyó finalmente la Intersindical Nacional, que expresó en su seno a los gremios influenciados por el Partido Comunista (PC), por la UCR del Pueblo, por liberales reformistas independientes y por grupos “peronistas de izquierda” aislados.

La mayor parte del peronismo también la abandona reincorporándose en forma plena a las 62 Organizaciones y todos esos gremios se distribuyeron en dos de las tres grandes corrientes existentes en ese nucleamiento: la línea ortodoxa (Paladino) y el orientado por Gazzera.

Frente a ese panorama, surgen algunas preguntas: ¿Por qué el sector del peronismo que integraba la CGTA y se proclamaba en contra de la salida electoral, abandonó ese agrupamiento y reforzando a las 62 Organizaciones pasaron a pregonar la salida antes negada?

Recordemos que los sectores que se mantenían junto al sector anterior en la CGTA a pesar de las disidencias en cuanto a la salida inmediata (ambos contra la dictadura pero uno por las elecciones y otros contra éstas). ¿Por qué constituyeron un nucleamiento sindical propio (ambas fracciones por las elecciones) cuando aparentemente era el momento de mayores coincidencias tácticas?

La parte del peronismo que integraba la CGTA lo abandona por varias causas. Por un lado, la oposición anti dictatorial del sector peronista de la CGT de Paseo Colón buscaba la apoyatura de la clase obrera para un golpe populista, que en el curso de 1969 pierde la mayoría de sus perspectivas en función de la depuración que se hace en las FFAA de los coroneles y generales “peruanistas”.

Por otro, la presión del proletariado fue el componente principal que determinó la aparición de la CGTA o CGT opositora. En el momento en que ésta se forma (marzo de 1968, Congreso de Amadeo Olmos), el peronismo ortodoxo se encontraba conciliando con el dialogismo vandorista y ambos con la dictadura de Onganía. En estas condiciones construir un nucleamiento antidictatorial significaba la necesidad de hacerlo por fuera, al margen de las “62”.

El Cordobazo, conmovió los cimientos del peronismo y produjo los siguientes cambios: el peronismo ortodoxo de las “62” termina por alejarse de la dictadura y el propio vandorismo tuvo que cortar el diálogo, aunque sea provisoriamente.

Esa reubicación de fuerzas determinó que las 62 pasaran a definirse contra la dictadura de Onganía, que se puso de manifiesto en el propio paro nacional del 30 de mayo de 1969 y en el Plan de Lucha que comenzó la Comisión de los 20.

Esa nueva opción “antigubernamental”, sumado el llamado a reunificar fuerzas que hizo la Mesa Coordinadora de las 62, más la pérdida de posiciones de los militares populistas, determinó la migración progresiva de casi todos los gremios peronistas de la CGTA a la Comisión de los 20 y a reintegrarse bajo la dirección de las 62 Organizaciones.

Ese proceso, someramente reseñado, nos explica el abandono por parte del sector peronista de la CGTA. La respuesta al resto de las preguntas formuladas deben buscarse en las modificaciones políticas que se produjeron en el país a consecuencia de los hechos de mayo-septiembre del ‘69: Rosariazo-Cordobazo-Rosariazo.

Imagen de El “Rosariazo”

Como dijimos, el peronismo ortodoxo a partir del Cordobazo marcha por el único camino posible: enfrentar a Onganía, especialmente al quedar rota la opción participacionista y corporativista. Antes de que finalice 1969 ese sector reelabora su táctica política apuntando a un objetivo central: la salida electoral.

Esa táctica comienza a verse con más claridad a mediados del ‘70, momento en el cual empieza a abrirse el camino político por arriba y por abajo. Las 62 pasan a jugar como elemento de presión en pro de la salida electoral, mientras el brazo político del peronismo marcha a estructurar La Hora del Pueblo.

Sintetizando, por un lado se rompió la posibilidad del “golpe peruanista”; por el otro, se hizo añicos el intento corporativista, llevando a las 62 a romper definitivamente con el gobierno de Onganía. Lo primero y el endurecimiento de las 62 desplazan hacia éstas la casi totalidad del peronismo nucleado hasta ese entonces en la CGTA. Surge así en ambos sectores la estrategia de empujar la salida electoralista.

Al abrirse como dijimos el tiempo político por arriba y por abajo, también comienza a concretarse la táctica del Partido Comunista con la aparición del Encuentro de los Argentinos. Ese fenómeno político tuvo su expresión en el plano sindical con el surgimiento de la Intersindical Nacional.

Rota entonces la CGTA, se podía observar que los sectores peronistas y reformistas, que en el “tiempo económico y social” compartían ese mismo nucleamiento, a pesar de las disidencias en cuanto a la salida inmediata (uno contra y otros por las elecciones), al abrirse el tiempo político y a pesar de coincidir ambos en la salida electoral, se nuclean en diferentes organismos sindicales a pesar de su mayor coincidencia aparente.

Es que eso que se expresaba en distintos nucleamientos en el plano sindical, tenía su correlato en las opciones, programas y partidos en el plano político, al comenzar los preparativos de la disputa política de las masas (La Hora del Pueblo, Encuentro de los Argentinos)

La izquierda de raíz marxista cuya relación con el movimiento estudiantil sufrió un agudo deterioro, vivió en el movimiento obrero una evolución distinta si lo comparamos con el anterior. Eso tiene vinculación directa con el carácter de las dos clases en juego, con las experiencias y direcciones políticas sindicales de ambas, con la evolución desigual del proceso.

Todos los partidos políticos con alguna pizca de marxismo, que de alguna forma se proclamaban por el socialismo, tuvieron una tendencia a desarrollar sus fuerzas en el seno del movimiento obrero. Ese proceso, que es desigual, se observó en todo el país, con Córdoba como ejemplo más claro.

Es indudable que, considerando nacionalmente el proceso, abarcaba a todas las fracciones marxistas como PO, PCR, VC, PC. Esos sectores políticos que cuatro o cinco años antes no existían o eran grupos estudiantiles pasaron a tener inserción en el movimiento obrero e incluso a movilizar masas proletarias. Ese fenómeno se dio por distintos factores como ser:

-La izquierda, donde existía, capitalizó el deterioro del peronismo como opción en la dirección de los sindicatos. En momentos de crisis económica como los que se vivían, donde se restringían a su mínima expresión las posibilidades de que el capitalismo introduzca reformas de algún significado, el sindicato pasa a revelar las limitaciones que le son propias y que se mantienen ocultas en las épocas en que la lucha por las reformas permite obtenerlas con cierta facilidad. Es en circunstancias como esas en que se conjugan una mayor necesidad de lucha por parte de la clase obrera, una mayor burocratización y servilismo a la patronal y a la burguesía por parte de aquellos dirigentes que en épocas “comunes” cumplían un papel “aceptable”.

Esa contradicción así generada determinó la expulsión de estos dirigentes. Su reemplazo muchas veces tuvo como resultado el ascenso a las direcciones de militantes de izquierda o bien de obreros clasistas que tarde o temprano se ligaron a un partido de izquierda. En muchos sindicatos existían obreros peronistas luchadores, generalmente denominados “peronistas de izquierda” que en innumerable cantidad de casos abandonaron la lucha sindical. Pensaban que se había vuelto inservible por no comprender el fondo que determina sus limitaciones naturales. Todos estos factores, entre otros, se conjugaron para que donde existían militantes de izquierda capitalicen el deterioro del peronismo como opción dirigente de la lucha sindical.

-La clase obrera, a diferencia de la pequeña burguesía hizo suyas las experiencias y las capitalizó políticamente con mayor firmeza que la pequeña burguesía.

-Existía un decrecimiento real de la influencia del peronismo en el movimiento obrero, que tuvo oportunidad de expresarse en los actos del 17 de octubre de esos años, en el proceso cordobés.

Todo eso fue el resultado de múltiples hechos como por ejemplo el comportamiento de las direcciones sindicales que la clase obrera ubicaba genéricamente como peronistas (al margen de si eran dialoguistas, ortodoxos o participacionistas), la ineficacia del peronismo para dirigir la lucha anti dictatorial, su comportamiento ante la dictadura apenas producido el golpe de Estado, etc.

La incorporación a la producción de varios millones de obreros jóvenes que no vivieron la experiencia peronista aportaba también a ese proceso que, en general, podemos denominar de desplazamiento del peronismo a la izquierda y al “socialismo en general”.

En el movimiento estudiantil el proceso es justamente al revés. En la pequeña burguesía se afirma el liberalismo, reformismo y nacionalismo burgués, y en el proletariado la tendencia al desplazamiento es del nacionalismo burgués a un “socialismo en general”. Ese es un ejemplo claro de cómo las clases tienden a ubicarse primero en el plano social y progresivamente en el político, de acuerdo a su ubicación en la sociedad.

Este desplazamiento de la clase obrera y el fenómeno inverso en el movimiento estudiantil es también fundamental para comprender la distinta evolución de la izquierda de raíz marxista en cuanto a la relación con ambas clases.

(*) Escrito por Leónidas Noni Ceruti, historiador. Estas líneas forman parte del libro “Clase contra clase. Argentina entre 1952-1976. El quinto relato”, , Ediciones del Castillo.

Fuente: ANRed