Los años ’80: “la década perdida”


En 9 años, los países latinoamericanos remitieron en concepto de intereses y de utilidades por las inversiones extranjeras la suma de 318 mil millones de dólares, contra un ingreso de capitales de sólo 94 mil millones.

En 1976, cuando es derrocado el gobierno de María Estela Martínez de Perón, la deuda externa era de 8 mil millones de dólares y al retirarse el gobierno militar, en 1983, era de 45 mil millones.

En 1982 México declaró unilateralmente una moratoria de su deuda, ante la imposibilidad de pagarla, generando la “crisis de la deuda” que puso en jaque al sistema bancario mundial: para todos los bancos de Estados Unidos, la deuda de los 13 principales países deudores representaba el 135% de su capital. Tomando sólo Chase Manhattan, la deuda sumada de México y Argentina alcanzaba el 77% del capital.

En el caso de nuestro país el enorme peso de la deuda que dejó la dictadura era, evidentemente, ilegítimo e ilegal. Esto último porque la Constitución establece claramente que la capacidad de endeudamiento está en manos del Congreso Nacional (incisos 3 y 6 del viejo artículo 67 que, con la reforma de 1994, pasaron a ser inc. 4 y 7 del Art. 75) y el Congreso no funcionó. Además, hubo casos extremos, como la transformación de la deuda de grandes empresas privadas en deuda pública que fue resuelta por el comunicado A251 del Banco Central del 17-11-82. En segundo lugar, era ilegítimo por haber sido asumida por un gobierno dictatorial y por el destino dado por el dinero recibido, por lo que se podría haber invocado el principio de “deuda odiosa”.  Es lo que propuso en 1984 el embajador Miguel Ángel Espeche Gil (propuso la aplicación del derecho internacional público, elevando como consulta a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, utilizando el procedimiento consultivo existente) y es lo que surge del “Informe Olmos”. 

Por lo expuesto en la campaña electoral y por las medidas adoptadas en un principio pareció que el gobierno de Alfonsín se encaminaba en ese sentido. El ministro Grinspun intentó unificar a los países latinoamericanos deudores con el argumento que “se necesita la colaboración de los países acreedores, ya que el problema de la deuda es eminentemente político…”. En la asamblea del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) realizada en Punta del Este en marzo de 1984 propuso el canje total de la deuda por bonos a largo plazo y bajo interés que serían colocados en los países desarrollados, a lo que el presidente del BID dijo que esa no era la función del Banco y los representantes bancarios norteamericanos lo calificaron de “propuesta descabellada”.

A iniciativa de Argentina se intentó crear un “Club de deudores” en una reunión convocada en Cartagena de Indias junio de 1984, donde concurrieron 11 países latinoamericanos que concentraban el 80% de la deuda regional, y cuyo objeto era negociar en conjunto teniendo como respaldo la posibilidad de declarar una moratoria general que hubiera puesto en jaque al sistema financiero mundial; sin embargo, la presión de los bancos y del gobierno norteamericano más la falta de apoyo europeo generó incertidumbre en los participantes, que se limitaron a crear un mecanismo de consulta mutua sobre este tema.  Por su parte, Estados Unidos trató de defender a su sistema bancario y presionó contra la posibilidad de formar un “club de deudores” alentada por Argentina; en 1984, durante la reunión cumbre de Londres logró que los jefes de estado del “Grupo de los Siete” (Estados Unidos, Canadá, Japón, Reino Unido, Alemania, Francia e Italia) acordaran adoptar como estrategia la negociación de caso por caso, como fueron después el Plan Baker y el posterior Plan Brady.

También el ministro Grinspun trató de lograr un acuerdo con los bancos acreedores, limitando los servicios de la deuda externa al 15% de las exportaciones. Los bancos, por el contrario, con el apoyo del FMI exigían el ajuste del estado. Durante el año 1984 en dos oportunidades el país estuvo por ser declarado en mora según la reglamentación de la Reserva Federal de EEUU, pero en ambos casos se evitó principalmente mediante créditos otorgados por otros países latinoamericanos (marzo) y luego por créditos de la banca extranjera (junio), temerosos del “efecto demostración” que hubiera podido generar. Finalmente, a fines de diciembre se firmó un acuerdo con el FMI. Grinspun renunció en febrero de 1985.

En 1989 Estados Unidos anunció el Plan Brady por el cual los países deudores podían consolidar a largo plazo su deuda con los bancos acreedores con la garantía de los llamados “bonos cupón cero” del tesoro estadounidense (bonos que no ganan interés). Acordó México y en 1990 Costra Rica, Venezuela y Uruguay. En 1992 lo hizo la Argentina, con refinanciación de intereses por un lado y capital por otro. 

Mientras tanto la década de los ’80 fue la “década perdida” para América Latina. Desde la crisis de la deuda hasta el fin de la década (9 años) estos países remitieron en concepto de intereses y de utilidades por las inversiones extranjeras la suma de 318 mil millones de dólares, contra un ingreso de capitales de sólo 94 mil millones: implica una transferencia neta de recursos de 224 mil millones de dólares, equivalente al 72% de la deuda existente al comienzo que, a pesar de ello, creció de 309.800 millones a 422.600 millones a diciembre de 1990 (un 36%). Un esfuerzo comparable al exigido a la Alemania de la primera postguerra en carácter de reparaciones, que finalmente no pudo pagar, y que –en el caso de América Latina- tuvo, como consecuencia lógica, el estancamiento económico y la disminución del PBI por habitante. Al finalizar el gobierno de Alfonsín, a pesar de los pagos parciales de los servicios, la deuda externa había crecido de 45 a 62 mil millones de dólares.

Esa década perdida fue el costo que pagamos por el endeudamiento irracional de la dictadura. Y luego vendrían dos endeudamientos más, esta vez en democracia: el de la convertibilidad de Menem, con un costo similar, y el reciente de Macri, cuyos costos finales todavía desconocemos.

Fuente: Va con Firma (firmado por Humberto Zambón)