Puel Kona: mapu rock


El inglés setentón cruzó su mirada verde con la de los jóvenes mapuche que lo observaban en estado de tensión. Ninguno sabía el idioma del otro, pero todos entendían que sobre sus cabezas el cielo había oscurecido, flasheado por los relámpagos y derramándose poco a poco en una lluvia gris. Sin inmutarse, mostrando el dedo índice y el meñique, el inglés hizo los cuernos hacia las nubes y dijo “fuck”. Luego miró a los jóvenes y propuso: “Hey guys, let’s rock”.

Roger Waters y Puel Kona quedaban así debidamente presentados. El inglés fue integrante del grupo Pink Floyd y su construcción más maravillosa sigue siendo The Wall, 1979.

Puel Kona es un conjunto mapuche de rock, ska y/o lo que cada uno quiera etiquetar, que se hace oír desde hace once años. Sus fundadores no solo hacen música sino que son werken (voceros, mensajeros) de la comunidad mapuche en Neuquén, lo cual implica hablar de una geografía penetrada por el fracking con ecos de bovino fallecido.

“Para nosotros fue increíble. Waters nunca pone teloneros en sus conciertos, pero hay una ley aquí que lo obliga” explica Lefxaru Nahuel (o Nawel, como prefiere escribirlo), uno de los fundadores, cantante, autor de los temas de Puel Kona. Les contaron que el propio Waters averiguó y googleó, hasta que sonrió frente a la pantalla e hizo hacer llamar al grupo mapuche para acompañarlo en sus dos conciertos en La Plata, ante 60.000 personas cada vez. Ocurrió en noviembre de 2018, pero Puel Kona vive sintonizado en un tiempo presente que acaba de traerlos a Buenos Aires a hacer su música, mientras no dejan de hablar de gas, shale, petróleo, fracking, democracia y otros enigmas argentinos.

Ni indiecitos ni famosos

Teclados, batería, guitarra, saxo y trompeta se mezclan con instrumentos tan sonoros como sus nombres: xuxuka, kulxug, xompe, pivika. Lef trabaja en la Defensoría del Pueblo de Neuquén, y está por recibirse de abogado. Completan actualmente el grupo Amaru Nawel (panadero), Umawtufe Wenxu (periodista de Radio Universidad), Malen Nawel (estudiante de música), Ignacio Gentile (profesor de filosofía), Julieta Valenzuela y el mapuche chileno Juan Pablo Jaramillo Urrutia (profesores de música).
La nutrición auditiva de Puel Kona combina rock, cumbia, ska, reggae, folklore y todo lo imaginable. Umaw: “Yo iba a escuchar a Todos tus muertos, Sumo, Divididos, Las pelotas, o Sex Pistols. Escuchás todo, desde Blondie hasta grupos que dicen algo como La Vela Puerca, o Ska-p”. Aclara que no se trata de música étnica. “Ni de ninguna de las etiquetas de la industria. Lo nuestro es rock mapuche, no somos indiecitos tocando la guitarra. Te venden culturalmente la imagen del indio derrotado, triste, borracho o artesano. Tampoco somos una caricatura con plumas, poncho y sikus. La realidad es distinta: tomamos nuestros instrumentos, luego los del rock, decimos lo que queremos decir, y podemos hacer un ska en nuestro idioma, el mapudungun. Hoy los géneros están disueltos. Nadie escucha un solo tipo de música. Nuestra idea es ser entonces una diversidad de instrumentos, de musicalidades, hasta de idiomas, para que se difunda el mensaje”.

Amaru: “Al principio yo tenía el prejuicio de pensar que la música mapuche no tenía que fusionarse con la occidental, que había que respetar lo ancestral, pero en realidad entendí enseguida, al escuchar las canciones, el sentido y la fuerza que tiene poder expresarte”. Para Puel Kona el rock también es una cultura. Malen: “Y fue un motor. Que hagamos esta música tiene que ver con cómo nos relacionamos hoy socialmente. Somos mapuches que vivimos en la ciudad, y los grandes siempre nos alentaron”.
Lef: “Lo de Waters nos fortaleció como grupo. Demostramos que podíamos estar a ese nivel. También nos ha invitado Manu Chao, y pronto daremos un recital con Ska-p, pero el objetivo más importante que tenemos no es ser famosos ni estrellas de la música, sino lo que tenemos para decir”. Música potente y letras que hablan del amor y del fluir de la vida, o que informan: “No me pidas covers de color para amenizar tu cena, no nos convence la mentira impuesta, el modelo de belleza impuesto, que vuelvan con la mentira del progreso, destruyendo la tierra que nos da sustento”.

Narco desarrollo

Puel Kona significa “guerrero y guerrera del Este” ya que en mapudungun las palabras no tienen género. ¿Cómo viven la situación con Vaca Muerta como emblema de desarrollo y enriquecimiento?
“Nada de eso es real. La precarización de la vida no es solo por lo ambiental sino por lo económico. Te parás en la meseta junto a la capital y ves que solo crecen las villas. Lo triste es que esto ya se vivió con Loma La Lata, un yacimiento con el que prometieron mil cosas. Añelo, la ciudad que está más cerca, iba a ser lo que hoy es Dubai y sigue tan pobre como hace 20 años o peor, y eso que ahora se sumó Vaca Muerta que es más de lo mismo. La gente debería entender que esos mensajes son erróneos, o una mentira”, explica Lef en contraposición al argumento del designado presidente de YPF Guillermo Nielsen para quien Vaca Muerta es la posibilidad de que Argentina salga “de la mediocridad económica en la que vivimos”.
Malen: “El daño es terrible para la naturaleza y para la sociedad. Con el modelo petrolero lo que más se promueve es la trata de personas, la explotación de mujeres, el tráfico y del consumo de drogas”. Lef: “Hay una fantasía especulativa pero no hay beneficio para la sociedad. Lo que se promete choca con lo que se vive. Lo real es que lo único que les importa a las empresas y al Estado es la extracción a cualquier precio”.

Paradojas: “Se supone que tenemos todo el gas, pero está cada vez más inaccesible. Una familia común no puede calefaccionarse. En uno de nuestros lofs (los espacios comunitarios en los que viven los mapuche) tenemos 200 familias que están quemando lo que pueden para tener calor, siendo que nos pasa un gasoducto gigante a 500 metros. Eso te muestra lo que es Neuquén”.

¿Revolución o Constitución?

«Celebramos que Macri haya perdido las elecciones, hicimos fuerza para eso”, explica Lef. “Pero vemos con preocupación que a cada gobierno le sea común el extractivismo, garantizar que las petroleras, mineras, sojeras e inmobiliarias entren a cualquier costo en la vida de la gente. Y no es un problema mapuche, sino que nos afecta a todos”.

Ilustra Lef: “Ni siquiera hay que hacer una revolución para que las cosas cambien, sino cumplir la Constitución de la provincia, que dice que el manejo de los hidrocarburos lo tiene que hacer una empresa estatal, no una privada ni trasnacional. Otro punto es el de usar las regalías para diversificar la matriz económica y productiva y no para gastos corrientes”.
La realidad al revés: “Nada de lo que sale de Neuquén como ganancia se invierte en generar fuentes alternativas de energía y producción, la provincia se gasta todas las regalías en sobrevivir y encima tiene la deuda más grande en su historia. ¿Cuál es la ventaja? Podría haber un cambio sin necesidad de hacer fracking, puede haber otras formas de producir y existir en los lugares. El fracking no es una necesidad del país, es una necesidad de las multinacionales. De hecho, la ordenanzas contra el fracking, que son muchísimas, son siempre a nivel local porque los municipios ven mejor la destrucción que se genera”. Otro dato en el que el pensamiento mapuche va adelante del extractivista: “El mundo está abandonando las energías fósiles y volcándose a las renovables. Vaca Muerta es un negocio efímero y muy malo para la sociedad. Están desesperados viendo a cuánto está el barril en el mundo para ver si tenemos futuro, pero la verdad es que están jugando una ruleta”.

Cree Lef que la idea del progreso ha quedado vaciada: “Para nosotros siempre significó saqueo y muerte, nos despojaron hace 140 años de las tierras fértiles para mandarnos a las áridas, pero ahora esas son las tierras codiciadas por el modelo. La historia es circular”. Umaw aclara que el choque cultural también ocurre con la izquierda: “No existimos para ellos, toman al pueblo mapuche como parte de la clase obrera, pero para nosotros no es así: somos un pueblo preexistente al Estado y también al marxismo”.

Además de los conflictos que les permitieron cerrar basureros petroleros junto a Neuquén, los mapuche están construyendo un nuevo lof en las afueras de la capital: Newen Mapu. “Somos 30 familias en 25 hectáreas, estamos terminando de hacer la bioconstrucción de casas de barro y el salón comunal. Teníamos acordados los terrenos pero fracasó el diálogo cuando ganó Cambiemos, y terminamos recuperándolo, como tantas comunidades”, dice Lef. La vida enseña que muchas veces las cosas se recuperan recuperándolas.

“La propiedad comunitaria de la tierra también está en las leyes, aunque no se aplique. No es la propiedad privada, para después venderla o alquilarla. Es un nuevo modo de existir en el territorio que necesitamos si queremos un futuro”. Otra mirada mapuche refiere a lo democrático: “El sistema falla al afirmarse solamente en la parte electoral, proselitista. Para nosotros hay otro punto vital que es decidir por consenso, ejercitando los derechos y la democracia no solo en las elecciones, sino todos los días”.
Una de las canciones más fuertes del grupo tiene como estribillo: “Pero el problema no somos, no”. Y señala en cambio a iglesias, gobiernos, leyes terroristas, medios de comunicación, el Estado y palabras asociadas: paternalismo, capitalismo, racismo, violencia, mentiras, incomprensión, locura. En vista de los agujeros negros del presente, es razonable algo que plantean los Puel Kona: “Han querido demonizarnos, tratarnos como enemigos internos. No es cierto. No hay ninguna guerra. Somos hermanos y hermanas, buscamos la convivencia y poder vivir en paz. Los pueblos originarios no somos el problema. Somos parte de la solución para un mundo mejor”.

Fuente: La Vaca