Mapuches quieren discutir plurinacionalidad con Alberto Fernández


El elogio del “modelo boliviano” que el inminente presidente hiciera antes de que detonara la crisis en el país vecino, alienta en las organizaciones mapuches la inclusión de sus demandas en la agenda presidencial. Un Estado, más de 30 pueblos. Por Adrián Moyano
Una frase que pronunció Alberto Fernández a mediados de noviembre, cuando la situación boliviana se precipitaba hacia la interrupción de la democracia, despierta expectativas favorables, al menos en un sector del movimiento mapuche. Evo Morales se disponía a instalarse en México, cuando el próximo presidente de la República Argentina disparó: “Bolivia es un modelo para seguir en América Latina, un muy buen modelo”.
Si bien Fernández se refería en primera instancia al “crecimiento y equilibrio fiscal” que evidenciaron las cuentas bolivianas durante el gobierno recientemente destituido, voceros de la Confederación Mapuche de Neuquén atisbaron una ventana de esperanza en relación a una demanda que la organización sostiene hace más de una década: que el Estado argentino se reconozca plurinacional.
Florentino Nahuel es werken (vocero o mensajero) de la Zona Lafkenche, que agrupa a las comunidades Paichil Antreao, Quintupuray y Quintriqueo, en la margen norte del lago Nahuel Huapi. Ante el cambio de mando en el país, expresó: “podríamos decir que ponemos una cuota de esperanza porque como pueblo mapuche tenemos una serie de demandas políticas que no han sido resueltas por el gobierno actual. Ni siquiera hemos estado en su agenda, no hubo interés bajo ningún punto de vista de resolver las distintas demandas que hemos planteado en estos años, entonces queremos canalizarlas ante el nuevo gobierno”, avisó.
Los mapuches de Neuquén tomaron nota de aquella aseveración. “Hay una frase que el mismo Alberto Fernández dijo públicamente, cuando expresó que admiraba al modelo de Evo Morales. Cuando menciona eso, nosotros entendemos que a ese mismo modelo, seguramente lo debe estar pensando para llevarlo a cabo en la Argentina. Entonces, ojalá que sea así. Eso para nosotros es alentador pero en el camino se va ir viendo”, señaló.
“Si bien entendemos que son realidades distintas, el (nuevo) gobierno nacional está planteando un modelo distinto. Esperamos estar en su agenda política porque nuestras demandas tienen que ser atendidas. En este proceso estamos planteando también la esperanza nuestra: que se declare un Estado plurinacional y pluricultural. Eso significa compromiso, generar condiciones para que seamos escuchados, ya que las distintas organizaciones que representamos al pueblo mapuche en la Patagonia y las que representan a otros pueblos del norte, también coinciden en esta demanda. Esa es la esperanza que tenemos: que seamos escuchados, que seamos atendidos y que se reconozcan a las organizaciones políticas mapuches”, insistió Nahuel.

¿Qué es la plurinacionalidad?

El Estado de Bolivia se asumió plurinacional en la Nueva Constitución, que data de una década atrás. Varios de los párrafos de su preámbulo son muy ilustrativos y el primero, hasta poético: “En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia”.
De arribarse en la Argentina a enunciados parecidos a los que se plasmaron en los dos primeros artículos del Título I, estaríamos frente a una auténtica revolución. “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”, dice el inaugural. El segundo afirma que “dada la existencia pre-colonial de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley”. Además del español, en Bolivia son idiomas oficiales otros 36, cifra que vaya casualidad, coincide con la cantidad de primeras naciones o pueblos indígenas preexistentes que viven en la jurisdicción argentina del presente.
Más al norte, también se declaró plurinacional el Estado de Ecuador, un año antes que Bolivia. “El Ecuador es un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico. Se organiza en forma de república y se gobierna de manera descentralizada”, ordena el artículo 1ro de su Constitución. Un párrafo del segundo, dice: “el castellano es el idioma oficial del Ecuador; el castellano, el kichwa y el shuar son idiomas oficiales de relación intercultural. Los demás idiomas ancestrales son de uso oficial para los pueblos indígenas en las zonas donde habitan y en los términos que fija la ley. El Estado respetará y estimulará su conservación y uso”. De paso, recordemos que también es demanda de la Confederación Mapuche de Neuquén que el mapuzungun se reconozca como lengua oficial de la vecina provincia.

En los tiempos de Sayweke

Si bien la acuñación del vocablo es relativamente reciente, la práctica de la plurinacionalidad estaba en su esplendor a mediados del siglo XIX en los espacios territoriales aledaños al Nahuel Huapi, en particular en las actuales provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. Durante el breve período en que ejerció el liderazgo político entre los suyos, el lonco Yangitruf logró que las antiguas desavenencias entre parcialidades mapuches y gününa küna (tehuelches del norte) quedaran en segundo plano, para cimentar las bases de la construcción política que más tarde, Valentín Sayweke y sus loncos llamarían Gobernación Indígena de Las Manzanas.
Hubo testigos winka de las prácticas plurinacionales. Guillermo Cox pernoctó durante semanas en las tolderías de Inakayal y su padre Winkawala, a la espera de que se resolviera su solicitud de viajar a Carmen de Patagones, finalmente denegada. En esa estadía, que transcurrió en el verano de 1863, observó que el primero ejercía roles de conducción política entre gente mapuche y tehuelche, que convivía sin inconvenientes a orillas del río Caleufu (sur de Neuquén).
El marino George Musters también tuvo la oportunidad de ver en funcionamiento la plurinacionalidad, cuando asistió al gran trawün (encuentro) que tuvo lugar en abril de 1870, en el corazón de Las Manzanas. El inglés estrechó la mano de Sayweke y de centenares de jinetes al principiar las deliberaciones, de la que tomaron parte los aonik enk (tehuelches del sur) del cacique Casimiro, los gününa küna de Hinchel y una multitud de loncos mapuche, tanto del Waizuf Mapu (Territorio del Borde) como del Ngulu Mapu (el poniente cordillerano). Los gününa küna y aonik enk no sólo participaron de la gran asamblea en un plano de igualdad, además su actitud fue decisiva cuando días antes, un hecho violento que había enfrentado a los konas de Inakayal y Foyel con los de Sayweke, amenazó con  frustrar las conversaciones. Fueron los tehuelches los que pusieron paños fríos y aquietaron la sed de revancha. Además, por entonces los lazos de parentesco trascendían los límites étnicos ya que a fin de cuentas, aquel trawün fue entre otras cosas, una gran reunión de parientes que residían habitualmente, en domicilios distantes.
Hombre de armas al fin, Musters detuvo su mirada en la gallarda formación de la “caballería araucana”, en la evolución de sus escuadrones y en la elegancia casi “civilizada” de sus anfitriones. Pero frente a sus ojos se desarrolló una práctica política que recrearon integrantes de tres pueblos diferentes, capaces de convivir y florecer en una experiencia política que respetó “su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales”, si parafraseamos a la Constitución de Bolivia. ¿Sabrá prestar oídos a las demandas mapuches el nuevo presidente? ¿Hasta dónde llega su admiración por el “modelo boliviano”? Respuestas, a partir del martes.

Fuente: En estos días