De la “resiliencia” a la “capacidad vincular”


De la “resiliencia”  a la “capacidad vincular”. Un semblante de nuestro modelo de comprension de las luchas colectivas populares. Por Yago Di Nella.

Desde hace mucho me viene resultando un trago amargo el concepto de resiliencia y en estos días he llegado a un veredicto. No me gusta, no por inútil, más bien por insuficiente.
Se supone que en su sentido más estricto remite a la capacidad de recuperación y superación que un individuo tiene para superar dificultades obstáculos y hasta catástrofes, por duras que fueren. No lo desdeño. Digo que no alcanza.
Fundamento esto en que el sujeto no está solo ni depende de sí para ello. Y recurro para esta aseveración al concepto de sujeto tal como lo he definido en otro momento, hace ya más de diez años. El sujeto no es un ser individual. De hecho, desde la concepción del sujeto, el individuo no existe. Me remito a lo dicho:
Nosotros vamos a tomar un concepto, que no es de esa época, sino de la nuestra, que es el concepto de SUJETO. Ese va a ser nuestro punto de partida. A nuestro criterio, la psicología política, hoy día, no puede sino empezar ahí (al menos si no quiere caer en algunas posturas comunes y falaces). Cuando hablamos de sujeto, aludimos por lo menos a dos cuestiones:
1) A la superación de la antinomia individuo-sociedad;
2) a la idea de sujeto como algo que trasciende lo personal y se instaura como sujeto de época; es decir, un “modo de pensar” desde y por a una colectividad dada.
3) Además, vamos a incluir una tercera cuestión en relación al concepto de sujeto, que está más ligado a su etimología, y que es pensar al sujeto como SUJETADO.

La sujeción es hoy un concepto fundamental cuando se pretende abordar procesos de control psicológico de la población, y por lo tanto fuente de análisis primordial de los actuales estudios de psicología política. Con sujetado, aludimos a una concepción de sujeto en dos sentidos: por un lado refiere a que el ser humano no puede ser pensado como aislado, ya que requiere de los otros para su supervivencia. Pero además está sujetado en torno a aquello que lo sobredetermina. Y en la medida en que nos vamos concientizando de nuestras propias limitaciones y ataduras (en los modos de pensar y actuar en este mundo, de las cargas que los otros ponen sobre nosotros, así como todo lo referido a las consecuencias del proceso de socialización del que cada uno de nosotros somos parte y víctimas insoslayables, etc, etc,) podemos ir de-sujetándonos. En efecto, un servicio a favor de las libertades fundamentales de cada persona es el que puede brindar la psicología política en términos de concienciación (Paulo Freire); pero la sobredeterminación no podemos evadirla. (2007: Ideas para una Psicología Política en la Argentina del siglo XXI.  Psicología Sin fronteras)


En efecto, la resiliencia prescinde del componente contextual de producción del daño. Es como si fuera un infortunio. Por otro lado, el contexto en el cual se recupera o no la persona, pareciera no tener la dimensión que ostenta en la realidad de nuestras sociedades. Así, diremos por ejemplo, que toda resiliencia es mayor cuanto mayor sea la pertenencia identitaria del sujeto en su comunidad, y mayor además será si estos lo tienen como parte miembro de su grupo.
No abundaré sobre el perfil ideológico del concepto de resiliencia, ya trabajado por otros colegas, a quienes respeto y admiro, como el mismísimo Juan Carlos Domínguez Lostaló o el Dr. Emiliano Galende. Sí quiero oponerle otro concepto más autóctono y más enraizable en nuestro contexto cultural psi. Me refiero al concepto de vínculo. Ahí considero está la clave central de la capacidad de oponerse al oprobio, al desenlace fatal, que conlleva cualquier siniestro o desastre al que el sujeto, colectivizado, debe oponer resistencia.
Fue en efecto, en los años ´90 cuando abordamos el problema de la supervivencia de grupos marginales y excluidos, el momento en el que vimos cómo la capacidad vincular de grupos humanos (no, individuos sueltos) les daba el sostén para su supervivencia.

¿Cómo podían sobrevivir grupos humanos enteros sin un centavo de ingreso durante meses? Observamos in situ en las tomas y villas de emergencia (porque no lo van a ver en los escritorios, ni en las aulas de la Academia) la promoción y facilitación de recursos vinculares extremos centrados en la autogestión del bienestar común y el mejoramiento de la calidad de vida de todos los habitantes del grupo, sin distinciones. No sólo se atiende estrictamente el cuidado y/o la rehabilitación de aquellos que sufren una circunstancia patológica particular.
Este enfoque requiere del análisis de las necesidades específicas de la comunidad o territorio abordado, para remontarse a las causas últimas del malestar y a los factores propios de esa específica organización económico-social, que ha llevado a la situación que se debe anticipar, prevenir o intervenir para el efectivo goce de derechos. La influencia de las condiciones sociales destruyen parte de los vínculos comunitarios en los sectores centrados en el individualismo, pero no en aquellos grupos de crianza que ya venían sobre-viviendo en la solidaridad básica del día a día. Como consecuencia de la inequidad social extrema que conllevan los procesos de neoliberalismo, se genera en los espacios más acuciantes del solo objetivo de alimento y abrigo, “conciencia” en lo que hace a recursos y disponibilidades. Corre aquello de “acá no se rinde nadie; nos salvaremos todos juntos”.
En el objetivo de asegurar la supervivencia, la forma en que nos vinculamos se resignifica en sus lazos con la comunidad en términos de solidaridad vinculante, no de resiliencia individual. No resisten resilientes en soledad, resisten abrazados a una utopía común que los envuelve por completo. Son uno. Toda la interioridad al grupo de crianza forma parte de una totalidad que, explícita o implícitamente, reconstruye una nueva síntesis, en el sentido de pasar de la condición de individuos, a la posición de sujeto participante activo de las tramas vinculares comunitarias que los implican.
Es por ello que en nuestro enfoque de intervención psicosocial, “la Operación Comunitaria tiene en cuenta la complejidad del abordaje y adopta una metodología participativa, considerando que el modo de resignificación de los lazos sociales (Capacitación vincular) se convierte en un contenido operativo en lo que hace a la prevención del conflicto social”. (2009) en el libro “Desarrollo Humano en Comunidades Vulnerables: el modelo de clínica de la Vulnerabilidad Psicosocial” (koyatún editorial) trabajamos profusamente esta idea.


La construcción del conocimiento sobre una comunidad dada es una operación interactiva donde, por un lado, operan las cualidades y problemas del entorno y, por otro, los marcos de referencia que forman parte de la estructura convivencial de los miembros de la misma y del grado de fortaleza de las redes sociales de sus grupos. Esta interacción sujeto-entorno, rompe la idea del ser resiliente. Hace del sujeto un ser colectivizado de entrada, parte de un grupo o varios a los que pertenece más o menos, mejor o peor, pero donde esas pertenencias lo transforman en un ser con otros. Esa capacidad vincular es operativa y participativa, permite que los aprendizajes en ella obtenidos se conviertan asimismo en construcciones de sentido histórico cuyo impacto es constitutivo de su identidad, a la que modifican y preparan para nuevas formas de vinculación en un nuevo proceso de aprendizaje social.
“El papel del operador comunitario es operar como facilitador de recursos vinculares entre sujeto-entorno o grupo-entorno que puedan dar lugar a nuevas formas de organización comunitaria, poniendo en juego las estrategias necesarias para que las personas en conflicto puedan relacionar aquello que asimilan con lo que los ha vulnerado, de modo tal de generar mediante nuevas síntesis otras formas de vinculación de menor conflictividad. Para ser un buen operador comunitario es necesario convertirse en un permanente decodificador de demandas y necesidades, lo que no significa dejar de experimentar esa tensión interna que produce el trabajo con comunidades, grupos y personas que se relacionan para poder elaborar estrategias de supervivencia, a las que no será posible conocer más que en parte.” (Desarrollo Humano en comunidades vulnerables…).

Así fue como llegamos a la siguiente conclusión final:
Aquellas personas que se mantienen integradas o insertas en comunidades de pertenencia y/o referencia tienen mayores posibilidades para reconstruir formas vinculantes de adaptación activa que les permitan resolver con menor conflicto sus estrategias de supervivencia.
Claro que esto también requiere considerar procesos macro como la distribución de la riqueza, el modelo productivo y el enfoque del sistema de control social, sea más o menos punitivo represivo o más participativo y comunitario. Esto no está en el enfoque resiliente. Al contrario, le huye.

Así, podemos ver cuando una comunidad se sumerge en la impotencia y cede finalmente a la lucha por su supervivencia colectiva, anclada en la visión de lo irremediable, de la derrota. Allí es cuando sucede lo peor y se presenta lo inhumano. A nivel psicosocial es la psicología política la que enlaza el saber psi con las defensas fracasadas, a nivel vincular y grupal.
Es ahí, en este punto exacto del problema del fracaso, como centro del quehacer comunitario (sentimiento de fracaso que es siempre de un modo u otro promovido e inoculado por el poder externo extractivo de la riqueza) donde voy a presentar un pequeño recuadro de Indicadores clínicos a nivel comunitario de padecimientos mentales colectivos, siguiendo lo planteado por don Sagismundo Freud en Psicología de la Masas y análisis del Yo.

Estos indicadores son actitudinales y remiten a sentimientos centrados en la ya mentada doctrina de la resignación de la cual nos hablaba Eduardo Galeano, a saber:
  1-Silenciamiento: acepte calladito el discurso único, no hay palabra autorizada más que la del Régimen, su voz no la escucha nadie; a nadie le interesa su pensamiento; a lo sumo, quéjese con la almohada.
2-Desesperanza: no hay otra salida, sólo queda espacio para la impotencia. No hay otra opción a esta, tenga en cuenta que no hay otro camino, es esto o la nada.
3-Sumisión: no resista, será reprimido, no tiene oportunidad de resistir el poder porque está solo y nadie le acompaña, es un miserable individuo indefenso.
  4-(auto) Culpabilización: es responsable de su destino, si no ha ingresado en los altos escaños de la meritocracia es por su absoluta culpa. Hágase cargo de ser un fracaso y acepte su destino en la base de la pirámide.
5-Desresponsabilización: Usted es responsable de salir adelante por su lado, su éxito o fracaso es sólo suyo; no tiene ninguna injerencia, ni debe tenerla, respecto a la vida de los otros, Usted siga el sendero del “yo, argentino”, y cuando vea el sufrimiento ajeno, no se haga cargo de nada cuanto ocurre: diga conmigo “por algo habrá sido, algo habrá hecho”.
  6-Discriminación de lo originario y autóctono (el legado de Sarmiento): hay que ser como los exitosos, emulémoslos) y el éxito es el Norte. Todo lo nuestro nos empuja al vacío de lo pobre y lo bruto; se trata al fin y al cabo de “ser como ellos”, aprendamos a odiar lo propio, a huir de ese folklore de la tierra cercana, que nos ha llevado al ocaso. Seamos grandes, seamos otros, seamos uno de ellos.

La derrota es también una construcción. Y puede ser profética en el sentido de la profecía auto-cumplida. En efecto, las personas que terminan por creer en estos puntos sentimentales y actitudinales, acaban por perecen a su exitosismo individualista y perecen efectivamente. He visto muchos paros cardíacos de personas aparentemente sanas, ACVs y autoinmunes en personas centradas en esta perspectiva impotente de la vida (claro que no explica el fenómeno por sí, pero no denbiera tampoco ser excluido del análisis recurriendo al exclusivo argumento explicativo de la biología del sujeto). De hecho la sabiduría popular, por lo común no dice “enfermó”, sino asevera “hizo una enfermedad”. La ausencia de un proyecto colectivo, conlleva una vida en la resignación. Nada bueno surge de una vida individual y resignada.
Por exitosa que fuere la vida del ser resignado a la individualidad, la derrota es algo que advendrá irremediablemente. Y el cuerpo lo sabe. Porque la mente se lo irá transmitiendo. Tengo un amigo que lleva esto al extremo, pues su cuerpo es una caja de resonancia casi perfecta de su estado de ánimo. Y lo admiro justo ahí, en donde él lo sufre. Cada vez que se resigna se enferma, mal además. Cada vez que se enlaza a los otros y encara luchas (en general, son de una naturaleza similar en la cual está en una desventaja extrema) su salud se recupera lo suficiente como para dar pelea. A veces gana alguna batalla, pocas. Pero cómo pelea el tipo. Pelea con otros al lado, y eso es lo que le hace invencible y acaso lo haga eterno.
Pensando es esa capacidad vincular, que es el sustrato de su inclaudicable, enorme y pétrea voluntad de lucha, que es la de su supervivencia, es que escribí estas modestas líneas.

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