El enfoque de lo mental en la salud: su aporte a las políticas públicas


 

Columna de Yago Di Nella

 

Fue Enrique Saforcada quien me convenció café de por medio, en “Las Violetas”, sobre la necesidad de hablar de “lo mental” desde una visión sanitarista.

Corría el año 2006. Ver “lo mental” como campo de la salud pública, es de hecho, una observación del sanitarismo. Trabajaba en ese tiempo en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y mis vínculos con JCDL y, consecuentemente, la cercanía con Emilio García Méndez, me habían expulsado del tema por el cual me habían pedido ahí: integrar un equipo para promover la nueva legalidad en materia de infancia. Sin rajarme, porque no era posible, me vaciaron y corrieron a un costado. Fue ahí donde con otros marginados, sutilmente, ideamos y escribimos sobre un programa interministerial e intersectorial de salud mental y derechos humanos… Prendió tanto y tan rápido, que terminó cual roscazo en la nuca en l@s decisores (no vale la pena hacer leña del árbol caído, por eso los dejo en el anonimato).

Así es que surge, entonces, luego de uno o dos años, este artículo. Ya había escrito algo en una ocasión anterior. Sería su artículo predecesor. Tenía que ir a San Luis, una de las cunas del movimiento antimanicomial argentino, con sus bancos, grises y negros, de modo que en nombre del Estado llevé una posición sobre el tema. Mi compañera de trabajo, según recuerdo, me avisó horas antes que no iría. Me tranquilizó. Ese trabajo se llamó: “Necesidad de incorporar y/o profundizar la perspectiva de derechos humanos en la formación profesional de los agentes de Salud Mental”. fue parte de los textos leídos en el Seminario de Psicología Política, en la UNLP. Y fue parte integrante del libro compilado “Psicología y Derechos Humanos” Vol 2: El Sujeto, la Ley y la Salud Mental. También ffue parte de las lecturas de la Cátedra de Salud Pública/Salud Mental de la UBA, a cargo de De Lellis.

Como verán, el trabajito éste que lo secundó, no sigue mucho mi estilo prosaico -más salvaje y, por cierto, impertinente-, pero no hubiera pasado la censura. Y ya venía medio censurado, así que valía la pena cuidar la labia. Sepan disculpar, por tanto, el cuidado en las afirmaciones tajantes y el exceso de frases contemplativas y reverentes.

Abrazos.

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