Política universitaria y memoria de los pueblos originarios


 

Por una política universitaria de recuperación de las memorias de las luchas de los grupos más oprimidos y desventajados de nuestra sociedad

 

Por: Dino Di Nella y Elisabet Almeda

 

 

En una aparente paradoja, el paso del tiempo, lejos de consolidar los relatos hegemónicos y llevarnos a un olvido que “deje atrás” un pasado cada vez más lejano, ofrece nuevos elementos de comprensión e interpretación del pasado. Los nuevos tiempos que corren nos dan nuevas perspectivas y, especialmente nuevas actitudes y predisposiciones, ya no regidas o limitadas por el temor, por las restricciones de los contrapesos políticos, o por la excesiva proximidad con unos hechos demasiado traumáticos.

Durante los últimos años el interés por la recuperación de las memorias sociales en general, y de los pueblos originarios en particular, se sostiene con fuerza en los diferentes países latinoamericanos. En ese contexto, las administraciones de las universidades deben orientarse hacia la instrumentalización de políticas públicas de garantías del derecho a hacer presente las memorias sociales. Esto es especialmente importante para que el derecho –que no el deber- de memoria pueda ser ejercido por los oprimidos y las oprimidas de nuestras castigadas sociedades.

Es así que los pueblos originarios deben insertarse, si lo desean, en las políticas públicas universitarias de memoria: recuperando del olvido sus transgresiones y resistencias a su propia opresión social. Para ello, y para comprender la compleja construcción social de la realidad de la cual forman parte, se nos revela imprescindible que desde el ámbito académico sehaga un abordaje epistemológico crítico de las políticas públicas de memoriade los pueblos indígenas.

Así, y contra la práctica y prédica habitual de los gobiernos de derecha y la tentación permanente de los gobiernos de izquierda, las políticas de memoria no deben fundamentarse en intervencionismos públicos que conlleven la imposición de nuevos imperativos morales de determinados recuerdos funcionales a la conformación de nuevas versiones oficiales de “la cuestión indígena”.

Más bien al contrario, se trata de que puedan eventualmente emerger y entrar en disputa por la hegemonía de la memoria colectiva en un tiempo y espacio dado, para una determinada comunidad, esas memorias sociales subalternas, con la propia fuerza persuasiva sobre el conjunto social, de la que fuese capaz su potencia retórica.

Ello no implica otra cosa que elacatamiento del viejo imperativo ético-científico por el cual nos vemos compelidos a  desarrollar una política universitaria de recuperación de las memorias de las luchas de los grupos más oprimidos y desventajados de nuestra sociedad, por los valores democráticos y la justicia social, desde una concepción amplia de pluralidad política y cultural.

En este sentido, cabe desarrollar articulada e integralmente actividades de investigación, formación, asesoramiento, transferencia y divulgación social y científica, a la vez que trabajar con diferentes actores sociales, tales como asociaciones, entidades memorialísticas, entidades de representación indígena, y personas mayores de nuestras sociedades. Se trata de acercar la sociedad a la universidad y beneficiarse de la transferencia de conocimientos y tecnologías sociales de especialistas en procesos de recuperación de la memoria procedentes de diferentes disciplinas sociales.

En la misma línea, es imprescindible asumir con plenitud el irrenunciable principio de compromiso y servicio social como investigadores/as de nuestro tiempo, abriendo la universidad a la influencia y requerimientos de la sociedad a la que pertenece.

En consecuencia, podemos afirmar que si bien el conjunto de las acciones tienden a relacionarse y retroalimentarse de forma permanente, la organización, planificación y ejecución del trabajo universitario en este ámbito es conveniente desarrollarlo a partir de tres ejes centrales:

  • la investigación y divulgación para rescatar del olvido las vivencias, las trayectorias y las experiencias de los protagonistas de las diferentes dictaduras en América latina,
  1. la extensión universitaria para la recuperación de las memorias sociales en articulación con las organizaciones defensoras de los derechos humanos, las entidades sociocomunitarias y de la sociedad civil, y las entidades públicas no estatales que expresan las propias formas de organización de los pueblos originarios.
  • la formación y análisis crítico de las metodologías y los debates sobre la memoria, con investigadores/as de diversas universidades y centros científicos y sociales, en pleno respeto del principio jurídico-positivo vigente, por el cual se debe consultar previamente a los pueblos originarios sobre cualquier aspecto que los afecte.

 

Desde nuestro lugar como cientistas sociales, nuestro objetivo no será sino el de recorrer el camino del empoderamiento de las personas y pueblos indígenas que han protagonizado estos procesos de fracturas sociales traumáticas vinculados a procesos genocidas, dictatoriales o represivos, a partir de la recuperación y actualización de sus memorias sociales en torno a sus vivencias, experiencias y trayectorias vitales.

Se trata en definitiva, de instrumentar políticas universitarias que garanticen el derecho a hacer presentes las memorias subversivas (es decir, aquellas que van por debajo del verso oficial), para que pueda ser ejercido por los oprimidos y las oprimidas de nuestras sociedades, recuperando del olvido sus transgresiones y resistencias a esta opresión social.

Eduardo Galeano nos decía ya hace algunos años, que cuando la memoria esta de veras viva, la memoria no contempla la historia, sino que invita a hacerla. La memoria bien puede ser entendida así como una catapulta -desde el pasado del presente-para la construcción social de su por-venir.