Memoria, historia y cierres sociales de exclusión social


Por: Dino Di Nella y Elisabet Almeda

El análisis de la memoria no ha sido una constante en el discurso social y científico de la historia. Mudrovcic[1] hace referencia a tres momentos centrales en la evolución de los estudios sobre la memoria: un primer momento, en que la memoria, transformada en objeto de la historia, da lugar a lo que se denominó -especialmente en el mundo anglosajón y después de la Segunda Guerra Mundial- como “historia oral”.

Se trataba de una historia, entendida como registro y análisis de los testimonios orales hacia el pasado y que a lo largo de los años sesenta y setenta recibió su mayor impulso por la creciente influencia de la nueva historia social o de lo que se denominó también como la “historia desde abajo”. Entonces, los recuerdos se transformaron en el principal medio para el registro de las experiencias vividas desde los sectores marginales, de los cuales sólo se tenían narraciones producidas por las élites.

Mudrovcic reconoce un segundo momento, con los estudios sobre la memoria a partir de la década de los setenta, cuando distintas disciplinas comienzan a interesarse por una nueva relación entre historia y memoria, enfatizando la naturaleza socialmente construida de la memoria y sus usos políticos, históricos y culturales. Asimismo, la influencia que tenían ámbitos como la antropología, la sociología o los estudios sobre las mujeres, también contribuyeron a cuestionar ciertos supuestos de la historia oral reconstructiva. En especial, ello puede verse en los enfoques que ven en el recuerdo, tan sólo el aspecto representativo de la memoria, el “conocimiento exacto” del pasado.

La relación entre historia y memoria es discutible cuando aparece, en un tercer momento, “la historia del presente”, lo que obliga a revisar algunos de los principios metodológicos históricos tradicionales, como los  que afirmaban la necesidad de una ruptura entre presente y pasado, para garantizar un conocimiento “científico y objetivo”. De esta manera, se pone en cuestión la difícil relación entre el presente y la reconstrucción historiográfica del pasado reciente, en la que el historiador juega el papel de sujeto y objeto en tanto que portador, él mismo, de la memoria del fenómeno que pretende reconstruir históricamente.

Es cierto que aún hay bastante vaguedad conceptual sobre la memoria, y una utilización de este término –especialmente por parte de muchos científicos y comunicadores sociales- a menudo arbitraria.

Pero, en definitiva, la relación entre historia y memoria reabre cuestiones muy interesantes, tanto en la redefinición de lo que se entiende por conocimiento histórico como del lugar que ocupan la pluralidad de memorias sociales en la comprensión de los fenómenos sociales contemporáneos.

La fuerte carga social y simbólica que ha adquirido para la ciudadanía la misma noción de memoria, especialmente alrededor del (des) conocimiento popular de hechos traumáticos de nuestro pasado reciente, le da al estudio de las memorias sociales y colectivas, un potencial enorme para interpelarnos sobre nuestros cierres sociales de exclusión social, como sujetos de un tiempo, y de una determinada comunidad.

 

[1]Mudrovcic, María Inés (2005) “Historia, Narración y memoria: debatesactuales en filosofía de la historia”, Ediciones Akal S.A.: Madrid