Pañuelos prohibidos


Por: Jorgelina Costa.

 

“Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.
Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen en la entrada de la cárcel.
El domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en la copa de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas.
—¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?
La niña lo hace callar:
—Ssshhh.
Y en secreto le explica:
—Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas”.

 

“Pajaros Prohibidos”.  Eduardo Galeano

 

 

NUNCA MAS se prohibirá pintar una calle, un espacio público,  ni menos “La Plaza” de todos y todas…

Porque NUNCA MAS se prohibirá caminar, hablar, pintar y escribir libremente.

Y porque NUNCA MÁS se sorteará la identidad, la memoria y la lucha de nuestra hermosa Patria…

 Porqué al fin y al cabo, NUNCA MÁS,  nuestro país,  nuestras ciudades, sufrirán nuevamente las peores calumnias impensadas!

 Porque una vez más, despiertan las conciencias de los que no saben que pasó el 23 de marzo pasado en nuestra querida ciudad de la Comarca, o ni siquiera lo que sucedió en el peor Terrorismo de Estado, la última, más cruel,  dictadura de nuestra Patria.

 

 

 

 

¿Qué pensamos que hacen los niños con las imágenes y las palabras de nuestro rico mundo del lenguaje? Creo, que es curioso ver, cómo cada niño, o adolescente,  que lee esa palabra tan citada, en un cartel,  libro, pintada, en la calle, en el colegio,  queda ahí estático, por su acento,  por cierto, tan convocante.  Inevitablemente,  la pregunta sale: Profe, mama, ¿Qué es eso del NUNCA MÁS?

 

Es la entrada a esa enorme historia. Efervescente, y muy  chocante, por cierto.  Así, niños, niñas, y jóvenes, comienzan sin excepción a formar parte de este cuento. De nuestra historia de la sociedad desde que nacemos, que no es más ni menos, que  la  historia por la lucha de nuestras identidades, la historia de nuestros Pueblos. ¿Resultan,  tal vez, protagonistas de este presente, volando hacia ese futuro incierto, cargado de sueños? Ojalá…esperemos que sí.

 

De esta forma, tal vez, no lo sé… ¿niños, y niñas, llegaron a la lucha por la Memoria, un 23 de marzo en la Plaza 7 de Marzo?…No importa, los significantes están ahí.   Entusiasmados, comenzaron con sus pinceles  a colorear Pañuelos Blancos, casi brillantes. Hermosos…claro,  esconden  mucha resistencia.  Todo un emblema simbólico. Historias imaginadas, rostros de niños, abuelas,  y madres recreadas. Ausencias presentes como tantos relatos sobrevivientes,  empoderan  finalmente la lucha de aquellas épocas,   levantando hacia lo más alto, esta historia tan querida bajo el lema: Memoria, Verdad y Justicia.

Algo pasó. Así como llegaron, fueron interrumpidos. Alguien foráneo, uniformado, prohibió el clima reinante de esas pinceladas.  ¿Todavía hoy, desde la recuperación de la democracia de 1983,  no alcanzan los años de reconocimiento por  ese espacio público tan sentido y apropiado? ¿Por qué intenta  ser nuevamente  arrebatado? ¿Vuelven esa especie, o  subespecie si se quiere, a  esta altura,  de dinosaurios, verdugos quebrantadores de la ley, a romper el orden armonioso y democrático?

Otra vez, NUNCA MAS. Que quede claro, NUNCA MÁS, señores.  No hubo delito alguno. Nada de daño al patrimonio público. Casi que, con semejante herencia pesada (esa sí que lo es),   no hace falta recurrir a las formalidades de la ley. Simples pinceladas al agua y ahora, una impotencia generalizada.

Parece que quisieran volver, o sea, tal vez,  una suerte de revancha. Fíjense.  Ahora quieren una Plaza limpia, vacía, a la vieja ultranza. Oscura y silenciosa como el golpe del 76. ¿No se dieron cuenta que la Plaza estaba llena de voces desgarradas y denunciantes? “Aquí, no se meten, señores”,   porque la herencia, es imposible de ser estacada. Incendiada de luz, de vida, en un abrazo conjunto, la Plaza no quedo apagada.

Así fue la historia.  El 23, muchos eran los indignados, pero jamás desmotivados, o paralizados.  El  24 de marzo, por razones obvias, volaban el doble de pañuelos blancos, y encima, iluminados por un arco iris, que se arrastraba  entre tantos sueños esperanzados. Claro que sí,  la Plaza San Martin se hizo oír: Presentes! Ahora y Siempre. Ahí donde nadie es esclavo. Ahí donde reina la libertad contra la desmemoria.  Allí, donde siempre gritamos, SIEMPRE,  NUNCA MÁS!