Memoria que mancha


El día viernes 23 de marzo, la policía de Carmen de Patagones, a órdenes del intendente José Luis Zara, intimido y amenazó con iniciar causas penales contra un grupo de hombres, mujeres y niños que se disponían a remarcar con pintura al agua los pañuelos blancos de la plaza pública. Militantes por la memoria, la verdad y la justicia se vieron amedrentados por el oficial Romero, quien dijo tener órdenes de detener y llevar a la comisaria a quienes dañaran el patrimonio.

¿La memoria no es también un patrimonio de todes?

La actividad de pintar los pañuelos, se viene sosteniendo hace más de 20 años en Carmen de Patagones.

Familiares y víctimas del terrorismo de Estado, diversas agrupaciones políticas, organizaciones sociales, vecinas y vecinos repudiaron el accionar del Intendente José Luis Zara.

¿La memoria daña? ¿Sera que le tienen miedo?

Cielo Tailmitte, presidenta de la Asociación de Familiares y Víctimas del Terrorismo de Estado Viedma-Patagones remarcó que la 7 de Marzo “es la plaza donde criamos a nuestros hijos, donde encontramos nuestros amores, donde reclamamos por nuestros derechos ¿cómo la vamos a ensuciar? Nos tomamos el trabajo de limpiar de rodillas las manchitas que estaban por fuera del pañuelo, porque los pañuelos tampoco se manchan. Nos dijeron que quizás mañana los limpien y nosotros les avisamos que iban a tener un problema, porque ¡hay que atreverse a limpiar un pañuelo de Madres de Plaza de Mayo en la plaza del pueblo! ¡Un problema cívico, un problema democrático, no un problema personal!”.

 

El uso del pañuelo blanco fue una forma de identificarse, que utilizaron las Madres de plaza de Mayo en una multitudinaria peregrinación a Lujan y una manifestación de derechos humanos.

Para identificarse de la gran cantidad de gente que iría a la marcha, una de las madres propuso usar los pañales de tela de sus nietos, bebes de sus hijas/os secuestrados-desaparecidos, a modo de pañuelo. Las que no tenían nietos también utilizaron pañuelos blancos hechos a partir de los pañales.

Esa fue la forma más profunda y directa que tuvieron las Madres para pedir por la aparición de sus hijos frente a un millón de personas delante de la Basílica de Luján. En esa marcha nació un símbolo imposible de ignorar y una lucha que continúa.