Conmovidos por el virus


La confusión es considerable. Nada será igual luego que aplaque la pandemia. Tampoco puede hacerse una proyección certera que cómo van a quedar los tantos globales de aquí a un año. Se habla del fin de la globalización liberal y la vuelta de los Estado Nación. Al mismo tiempo se vaticina el fortalecimiento de la primera, y la trituración de los marcos institucionales de todo el globo. Pero nadie sabe; y eso es lo bueno. Columna de Chasqui Federal

No daremos muchas vueltas hoy. No será una columna extensa. Estamos en plena observación del fenómeno intentando encontrar un rol, un sentido a nuestro movimiento en los cambios que se avecinan.

El coronavirus llegó para quedarse como hito histórico. Y nos atrevemos a afirmar esto porque marca la consolidación de un proceso de tres décadas: la hiperconcentración del capital en todos las áreas y aspectos de la vida social y productiva del mundo; los esfuerzos de Estados Unidos por mantenerse en cresta de la ola como potencia imperial luego de la caída del bloque soviético; y progresivo avance chino.

Eso no significa que la hegemonía estadounidense caiga de bruces; o que el capital comience a desconcentrarse; o que China marque el tempo mundial a partir de ahora. Repetimos: estamos en modo observación. No atónitos, pero sí atentos.

Hay dos o tres cosas que nos llevan a plantear esta tesis, y que el Covid-19 lo único que precipitó es su transparentación.

Primero, el movimiento ascendente de los capitales hacia la concentración llegó a un determinado techo, que los obliga a desandar parte del camino y reconvertirse – “reperfilarse” -. La valorización financiera tan aclamada en los últimos treinta años muestra su verdadera cara: sin la movilidad de la fuerza productiva del trabajo humano, ese excedente de riquezas no puede multiplicarse.

A la paralización del trabajo, le siguió la baja de los flujos comerciales; y a ella el desabastecimiento relativo en todos los puntos del globo y el desequilibrio de los precios. De esa forma, la propagación de la pandemia, dejó a la luz las consecuencias de la concentración económica a partir de los colapsos encadenados de los sistemas sanitarios y de seguridad social de las principales potencias.

Un segundo aspecto es el sigiloso movimiento desde 2008, de una importante porción del excedente financiero hacia operaciones propias del siglo XIX: la compra de metales preciosos, el copamiento de los mercados internos y territorios. La globalización gestionada desde la banca internacional, lentamente volvió a practicar las viejas lógicas colonialistas, pero sin el despliegue manifiesto de grandes ejército de ocupación: salvo las honrosas excepciones, los Estados africanos y latinoamericanos poseen la suficiente cantidad de cipayos entre sus clases dirigentes y caudillos regionales, como para que las potencias – luego de cooptarlos -, tomen posesión de áreas y recursos estratégicos sin disparar un sólo tiro.

Tercero, el rol chino. El gigante asiático ya no es una mera fábrica de copias y repeticiones de bienes industriales occidentales. China diseñó su matriz industrial a conveniencia y hoy disputa mano a mano la hegemonía yankee, en todas las aristas. Así lo evidencia su avance global en materia de comercio, presencia en territorios allende sus fronteras, y sus propuestas de homologación tecnológica.

Dijimos que estamos observando el proceso. Cuando pase el Coronavirus, Europa quedará desequilibrada. No sería extraño que el nuevo Plan Marshall de salvataje sea financiado por China. Estados Unidos intentará recomponerse apelando a lo de siempre: la intervención en su “patio trasero”, América Latina.

Por último, una posibilidad: la Patria Grande tiene la oportunidad histórica de iniciar un proceso de sustitución de importaciones desde el resto del mundo, para luego integrarse en un mercado interno de 500 millones de habitantes. Las naciones latinoamericanas no podrán alcanzar ese objetivo, sin el fortalecimiento desde el Estado de los resortes estratégicos de cada país y la posterior puesta en marcha de una mecanismo planificado a largo plazo y coordinado por los propios pueblos.

El mundo está conmovido por el virus. Sin embargo, parafraseando al Dante, las grandes calamidades suelen ser aleccionadoras.