Restitución de restos humanos indígenas: del saqueo a la reparación


Entrevista a Jorge Nahuel, autoridad de la Confederación Mapuche de Neuquén y a Sandra Tolosa, antropóloga social que investiga temas vinculados al patrimonio arqueológico y los museos para conocer más sobre un tema del que se habla poco.

Cuando el ejército de Julio Argentino Roca avanzó sobre los territorios indígenas de Patagonia a fines del siglo XIX, Inakayal fue uno de los dos “capitanes” del “ejército” del cacique Sayhueke, conocido como “el señor de las manzanas”. Inakayal fue el último lonko (cacique) en entregarse. Dicen que el Perito Moreno lo dejó vivir, en agradecimiento a la hospitalidad que años antes de la Conquista de Desierto había recibido en sus tolderías.

El supuesto agradecimiento del Perito Moreno convirtió al lonko y su familia en parte de su museo viviente en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en donde lo dejaban circular para ser visto por los visitantes y por la noche lo encerraban en el sótano. Esqueletos, restos fósiles e indígenas vivos, todas piezas de museo en beneficio del conocimiento y la ciencia. Esa misma ciencia que cuando murió en cautiverio expuso los restos de Inakayal como un trofeo de guerra.

“La ciencia fue creada como elemento de colonización y dominación, fueron cómplices de ese avance, el Perito Moreno fue un puntal de todo el proceso de despojo y genocidio”, explica Jorge Nahuel. “Es muy alentador que haya una revisión de ese rol que tuvo la academia y hoy haya una corriente muy importante que repudia, cuestiona y condena toda esta política de manipulación de restos como trofeos de guerra y son fundamentales en el proceso de reparación. Estamos muy esperanzados que ese compromiso de parte de la ciencia va a ser cada vez mayor”, añadió.

El Museo de La Plata no fue el único lugar donde los restos humanos de indígenas fueron exhibidos sin contemplación. A lo largo y ancho del país partes de cuerpos sin identificar, principalmente cráneos, se utilizaron con fines académicos y se mostraron al público como un objeto más.

En los últimos años, tanto desde disciplinas como la antropología y la arqueología, como desde los propios pueblos originarios se plantearon grandes críticas a esta práctica, y si bien aún la mayoría de los restos no han sido devueltos a las comunidades los mismos ya no pueden ser mostrados al público.

– ¿Cuál es la historia del proceso de despojo y saqueo de restos humanos pertenecientes a pueblos originarios? ¿Qué rol jugó la academia en este proceso?

– Sandra Tolosa (ST): En el proceso de conformación del Estado argentino a fines del siglo XIX los museos fueron funcionales a un discurso que se buscaba construir sobre la historia de una nación naciente donde los indígenas eran parte de un pasado lejano o de la barbarie que estaba siendo sometida por la civilización. En ese proceso, la ciencia que se estaba armando y profesionalizando necesitaba también su propio corpus de materiales y objetos de estudio. Entonces de alguna manera se produce esta confluencia de intereses en donde el Estado va a la ciencia y ésta produce la colección de materiales que luego pasaron a formar parte del llamado patrimonio del Estado.

Hay que entender que patrimonio arqueológico y etnológico son conceptos hegemónicos verticales que poco tienen que ver con las vinculaciones que los pueblos originarios tienen tanto con sus ancestros muertos como con todos aquellos objetos sagrados que pasan luego a formar parte de las instituciones y por lo tanto de ese patrimonio estatal.

Esta confluencia de intereses aparece explicitada en la primera legislación sobre yacimientos arqueológicos y paleontológicos del año 1913 que es la ley 9080 que se mantiene durante todo el siglo XX a pesar que tiene un montón de fallas de aplicación y que nunca termina de ser reglamentada. Sin embargo se sostiene hasta el año 2003 cuando es sancionada la ley 25.743 que viene a confirmar la propiedad del Estado sobre el patrimonio arqueológico y también de ciertas instituciones científicas como aquellos agentes autorizados a su uso, manejo y también a su control.

La ley de restitución de cuerpos recién se terminó de reglamentar en 2010 por un decreto firmado por Cristina Kirchner. En esta reglamentación se define al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) como la entidad que se va a encargar de regular el proceso y de todas las diligencias para que la restitución se lleve a cabo. Los procesos son muy complejos, hay actores disímiles con intereses contrapuestos entre los que hay que mediar. El decreto faculta al INAI como un mediador en estos conflictos.

Desde la reglamentación hasta acá ha habido varios procesos de restitución, no todos armónicos. Son procesos muy complejos donde además aparecen rasgos que tienen que ver con lo afectivo, con lo identitario, con lo polìtico, por lo que son procesos que pueden llevar mucho tiempo. Lo importante es que el Estado tenga en cuenta y respete esos tiempos que no siempre son los mismos que los tiempos burocráticos estatales. Esto es un punto muy importante. En muchos casos las comunidades pueden estar emparentadas y por lo tanto los procesos de interconsulta, de diálogo pueden ser muy largos.

En este proceso se ha producido un gran aprendizaje, se han ido derribando ciertas resistencias que tenían las instituciones. Es un aprendizaje lento, venimos de una larga tradición de museos acumulando materiales indígenas, restos humanos y objetos sagrados que deberían volver a los territorios de origen. Algo muy importante es la centralidad y protagonismo que tienen las comunidades y los pueblos indígenas en estas demandas. Esta ley no hubiera nunca tenido lugar sin la acción política de las comunidades y organizaciones indígenas. Las instituciones y los profesionales aprendemos también de estas demandas, reacomodamos las disciplinas y las funciones institucionales y eso creo que es muy positivo. Es importante que ninguno de nosotros se centralice como protagonista de estas acciones que en realidad corresponden a los pueblos, comunidades, representantes y a su agencia política.

– ¿Cuál es la situación actual con respecto a la restitución de restos humanos pertenecientes a pueblos originarios? ¿Cómo se viene dando este proceso?

– Jorge Nahuel (JN): Hay una ley nacional que obliga a todas las instituciones públicas, museos o incluso museos privados a generar procesos de restitución a los “dueños” de esos restos. Esto generó todo un proceso de pedidos de restitución de distintas personalidades indígenas que se encuentran en esas instituciones. Específicamente son cráneos, porque son los objetos de estudio que al Perito Moreno le gustaba coleccionar para realizar sus análisis científicos, para lo cual profanaban tumbas y las dejaban a su suerte.

Es el caso Cafulcurá el que nos moviliza a nosotros ahora. Ese elemento material que es el cráneo a esta altura de la historia ya no tiene ningún tipo de valor filosófico o relacionado a la espiritualidad o la la cosmogonía de los pueblos indígenas porque ya es un elemento absolutamente degradado, manoseado, utilizado con numerosos elementos químicos para los estudios que el museo necesita. Lo que sí posee es un fuerte valor simbólico, cultural y político. Es el sentido de recuperar el cráneo de Cafulcurá, generar una reivindicación de la figura histórica del tonki (líder militar).

Cafulcurá es una de las figuras más manoseadas por la historia oficial, más vapuleada por los cronistas de guerra del ejército que invadió el territorio mapuche y necesitamos que la recuperación esté acompañada de un proceso de reparación.

Pensamos que debe hacerse a través del reconocimiento de una ruta, pudiendo señalar todo el recorrido que tuvo en vida Cafulcurá y en cada uno de esos puntos histórico instalar un hito en un lugar público. El objetivo es llamar la atención de una sociedad que vive adorando monumentos de genocidas y mostrar la enorme influencia que tuvo nuestro toki en la Patagonia. Pero que también esos lugares sean motivo de encuentro intercultural donde tanto la sociedad mapuche como la no mapuche puedan reconocer en él un símbolo de libertad, resistencia, pero también de derechos absolutamente atropellados. Esa ruta tiene alrededor de 12 hitos que estamos acordando con el Estado.

– El Instituto Nacional de Asuntos Indígenas es el organismo responsable de garantizar las restituciones ¿que expectativas tienen de la nueva gestión?

– ST: Espero que en la medida en que la situación económica se vaya acomodando en esta nueva gestión gubernamental se pueda volver a dotar de recursos a los organismos que acompañan las demandas de los pueblos indígenas, organismos que han sido desguazados durante la gestión macrista. Esto es necesario para volver a acompañar no solamente las demandas en términos de restitución de restos mortales, sino también en otros proyectos que tiene las comunidades y que han sido abandonadas en este último tiempo.

– JN: Tenemos mucha expectativa en la nueva gestión del INAI, Magdalena Odarda es una mujer que tiene conocimientos sobre los pueblos originarios y que fue acompañada y asesorada durante muchos años por alguien muy valioso para nosotros como fue Darío Dutch. Ella entiende la enorme importancia de las culturas indígenas en la construcción de un nuevo modelo de Estado.

Por estos motivos tenemos mucha expectativa de que el INAI va a ser un buen instrumento de aplicación de los derechos que el Estado viene adeudando desde su propia conformación, sin importar quien haya gobernado.

Fuente. Indymedia